‘La insurrección de la palabra’, del chileno Víctor Ilich

Hebel, la editorial chilena dirigida por el poeta, psicólogo y profesor universitario Luis Cruz-Villalobos, acaba de publicar el poemario ‘La insurrección de la palabra’, de Víctor Ilich. Aquí dejo conocer el pórtico que me solicitó el autor, fraterno amigo, poeta y juez allá por el sur de América.

 

PUNTAS DE ICEBERGS O DÁDIVAS CANDENTES DE VÍCTOR ILICH

I.

Víctor Ilich desbroza el camino y, con sobriedad, retira los arbustos retóricos que le impiden pronunciar su decir poético, próximo a la máxima o la sentencia. En estos veinticuatro textos nos encontramos con una singular muestra de poesía aforística que, al margen de la línea clara de su lenguaje, aportan un cúmulo de imágenes que permiten acceder a otras órbitas cotidianas, muchas veces impregnadas de hipocresías y raquíticas realidades fácilmente constatables. Son versos en carne viva, es cierto, pero esta ‘insurrección’ no evade las pulsiones del espíritu, como apreciamos en el poema “El misterio de nacer de nuevo”, por ejemplo.

El poeta vibra al mismo tiempo que mira y siente la gran marejada de situaciones impostadas que debe capear el ser humano en sociedad, como cuando —en “La opresión de los oprimidos”— anota: “La lucha de clases es un eufemismo. / Mejor hablemos del egoísmo del hambre, / hambre y sed de ser los preferidos, / dulces o amargos, salados o cítricos”.

Así opino, en verso, tras leer los poemas albergados en esta arca de llamadas de atención a tantos hipnotizados:

 

…lengua
que conoce el polvo del camino
y se aligera o desviste
hasta mostrarse nítida…

 

II.

Esa nitidez nos desafía a no voltear el rostro, por comodidad o indiferencia. En esta nueva cosecha suya, Ilich se sube a las vigas crujientes del clamor profético o se torna como aquel niño que expresa lo que ve, esto es, que el rey está desnudo y no lleva ningún atavío transparente. Por ello, en el poema “La Babel de los huérfanos”, nos recuerda que no debemos dejarnos deslumbrar por las apariencias: “Una familia modelo: / padre, madre y fogón, / los niños no hablan español, / los padres se arrancan el pelo”.

 

A esta violencia intrafamiliar, cuyo resultado arroja una situación de orfandad, el poeta añade otra circunstancia, que bien podría ser el caso de los inmigrantes y sus hijos en otro país de habla ajena al castellano; o también ese descuido paterno al permitir que sus hijos se adentren casi por completo en contenidos audiovisuales que usan el inglés de forma hegemónica, transformándolos en potenciales ‘autistas’, renuentes a su propio patrimonio cultural.

 

¿Qué digo ante uno u otro caso? Que Ilich está como

 

…invitándote

a pasar hasta el fondo

de su pena…

III.

Hay, qué duda cabe, ciertos avances tecnológicos que ofrecen una mejor calidad de vida y no es posible cuestionar esos logros de forma tajante. El problema radica en la adicción a los mismos, en una dependencia que nos aleja del saber humanístico del que conviene pertrecharnos, al menos con algunas raciones, mientras dura el tránsito existencial. Cuando sucede lo contrario, en vez de avanzar, la humanidad cojea, también en valores que desdeñen el vertiginoso egoísmo de los últimos tiempos. Por ello, Ilich nos advierte: “El televidente no ve más allá, / ni las raíces, ni la simiente…”.

Un poema ejemplar en esta línea crítica, donde no faltan coscorrones hasta a los propios poetas, lo tenemos en “Las siete maravillas del mundo posmoderno”, el más extenso de todos en sus ocho versos. Búsquenlo y deténganse en él.

 

Así es, Víctor:

 

Pareciera que el oro

es lo sagrado.

 

El oro

y todas las costras

o estalactitas

que derivan del dinero.

 

IV.

En definitiva, nos encontramos ante un manojo de poemas esenciales, escuetos, podados de todo ramaje innecesario. Y ante ellos no sirve el puente levadizo de la mirada o los pretextos que a diario se suelen esgrimir para no atender aquello que nos interpela. Los poemas de Víctor Ilich son puntas de icebergs ofrecidas como dádivas nada melosas: “No fui hecho para los sonetos, / fui hecho para cantar a los cuatro vientos…”, reconoce el propio autor, mientras ofrece algunos asideros al lector, para que no flaquee cuando deba discernir entre ídolos o burdeles, entre la soledad y la miseria, entre…

Pero sus versos solo dejan entrever una parte de lo mucho que contienen, que está en lo profundo, como los icebergs. Así estima Ilich el fin último de sus poemas: “La insurrección de la palabra / que sale de mis manos / para hallar puerto en otros labios / donde encontrar la llave que abra / e inicie todo cambio”.

Buen cometido el tuyo, poeta, en esa tierra austral fértil para la poesía. Haces bien en escribir así mientras sigan proliferando injusticias e inequidades. Por ello me despido con un abrazo sin distancias, no sin antes dejarte esta mínima reflexión:

 

Difícil dejar de embestir

antes de separar

los labios para sorber

agua del remanso.

 

Alfredo Pérez Alencart

Universidad de Salamanca

Víctor Ilich (Santiago de Chile, 1978). Abogado y Juez de Garantía en la región chilena de O´Higgins. Poeta y ensayista, autor de más de una docena de obras literarias, tanto reflexivas como poéticas. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris y Andrés Morales. Entre sus obras se puede citar Infrarrojo, poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le ha antologado; Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga (presentado por el ministro de la Corte Suprema y escritor Carlos Aránguiz Zúñiga y el ex ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Juan Guzmán Tapia); El silencio de los jueces, un texto para sazonar el corazón, prologado, en su primera edición, entre otros, por Sergio Muñoz Gajardo, quien fuese presidente de la Corte Suprema (2014-2015); Disparates, poemario relativo a la libertad de expresión y los prejuicios (2016); Cada día tiene su afán (2017), que procura motivar en la lucha del cáncer, presentado por Haroldo Brito Cruz, actual presidente del máximo tribunal del país, con ocasión de la celebración del Día Internacional del Libro. Y, además, el poemario titulado Toma de razón, en coautoría con Roberto Contreras Olivares, poeta y ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, presentado en Hanga Roa, Isla de Pascua, en agosto de 2017. Por último, en abril de 2018 junto a otros cuatro jueces penales publicó el libro Duda, texto fruto del taller literario que impartió, el cual luego de terminar denominó “Ni tan exacto ni tan literal”. Actualmente es columnista en el diario El Heraldo de Linares, de la Región del Maule.