De aquellas rosas, estas espinas

Mayo es el mes de las flores por excelencia. Lo dice el refranero y lo confirma la naturaleza. Mientras que se echan en falta los tulipanes o los narcisos, ya atrapados en el recuerdo, contemplamos la explosión de las peonías, las amapolas y las más deseadas del jardín: las rosas. A mi parecer, las rosas son las flores más famosas que existen. Hurtan las miradas furtivas y las usan de abono. Pareciera que cuantas más personas se hallen perdidas en el laberinto concéntrico de sus pétalos, más hermosas crecieran. Se ponen coloradas cuando las miras. Comprendo perfectamente su merecido éxito en la cultura;  las rosas son musas para poetas, pintores, compositores y demás profesiones imaginables. Y de eso hablo hoy, de la rosa y su influencia cultural.

“Dentro en el rosal / matarme han” forma parte del estribillo de uno de los villancicos castellanos que más me gustan y recuerdo. Esta frase lapidaria no se entiende sin la mudanza y la vuelta propias de los villancicos, pero transmite con una fuerza impresionante todo el contenido de la composición. Como es común en la lírica medieval, el yo lírico es una joven enamorada que expresa sus cuitas amorosas, en este caso incluyendo elementos de la naturaleza. El villancico se sostiene en un pilar, el rosal, para hablar del dolor del amor pronosticando la muerte en el vergel, lugar donde se produjo el enamoramiento de la joven. Así, con la sencillez del lenguaje, introduce al lector una historia de amor con un planteamiento y un metafórico desenlace fatal con los sentimientos a flor de piel.

De la castellana Edad Media, me voy al año 2003 con una de las mejores canciones que nos ha podido dar el pop español. Hablo de “Rosas” de la Oreja de Van Gogh. Si en el villancico anterior se trataba el dolor del amor, en esta canción el desgarro de un desamor temprano es el protagonista. La canción cuenta la historia de amor a través de saltos temporales, como ocurre normalmente. Es decir, tras vivir la desgraciada experiencia, los recuerdos llegan desordenados al yo lírico, dotando de realismo y verosimilitud a la canción. Además, se observa a la perfección que está dirigida a una persona ya que el receptor es un “tú”. El tema empieza con el estado actual: el yo lírico se reencuentra con la persona amada y su actual pareja, pero no se saludan, lo que quiere decir que ya no hay ningún nexo que los una. Tras el primer estribillo, se rescata de la memoria un recuerdo en pareja acompañado de un reproche “que te cuesta callarme con uno de esos (besos)” y continúa con la abrupta  e injustificada ruptura tras 6 meses de relación, aunque con el agradecimiento de haberse conocido. Tras el segundo estribillo, el yo lírico abre un paréntesis en la historia para dictar sentencia: el amor verdadero es solo el primero y los demás están para olvidarlo. En resumen, el emisor guarda la esperanza de encontrarse con el ser amado una tarde de viernes y que éste le lleve mil rosas, en señal de que pueden continuar su historia de amor. A mí me gusta interpretar que las rosas no son más que un símbolo. Son el amor y sus consecuencias. En el villancico, tenemos el rosal como sustento, mientras que en “Rosas” pareciera que el yo lírico se clavara una espina en cada verso. Se podría decir que el tema ha hecho una gradación brutal a lo largo de los siglos, pero tratándolo con la misma perspectiva dolorosa. “En un día de estos en que suelo pensar, hoy va a ser el día menos pensado”…