Con la mano en el corazón 

A raíz de uno de mis últimos Artículos de OPINIÓN, he recibido una petición vía whatsApp de un buen amigo desde El Cerro; mi querido pueblo adoptivo, que trascribo:

“Un abrazo también para ti, Anselmo. Ahora con tú cabestrillo me recuerdas al Caballero de la mano en el pecho, de El Greco. Y ya que últimamente has escrito artículos de carácter más intimista y personal, me atrevería a pedirte, sólo a título de sugerencia, que alguna de estas semanas nos deleitaras con algún artículo titulado ‘El Caballero de la mano en el Corazón’ o algo similar, con una reflexión sobre las cosas verdaderas que has ido encontrando a lo largo de tu vida, sobre lo que de verdad queda cuando uno lo vive y sobre la filosofía de la vida que estimas como correcta. Ahí lo dejo, un saludo”.

Difícil tarea me encomiendas amigo. Nada menos que encontrarle sentido a las verdades que ido encontrando en mi larga singladura de contador de historias humanas y divinas. Y mucho más arriesgado me lo pones cuando me pides que reflexione sobre lo que uno ha vivido cuando son tantas las emociones personales y la de tantos personajes singulares que “pasaron por mis manos y sobre todo de mi pluma”. 

De repente he pensado, que no iba a ser yo quien contestase a lo que me pides, al no ser ni justo ni necesario el que hablase y escribiera de mí mismo. Y lo paso sin misericordia el “embolao” a mis amigos. Los que hicieron en su momento el prólogo de mis libros y con ello sintieron la empatía de conocerme mejor, poniéndose en mi mente y pensamiento.  ¿Qué mejores jueces?

Juan Francisco Blanco, director del Instituto de las Identidades,  me hizo el favor de prologar el libro ‘Desde el campanario, reflexiones en voz baja’ y en uno de sus renglones dice: “Ahora Anselmo nos ofrece ‘Desde el Campanario’, reflexionando como a él le gusta decir en voz baja… muy baja. No es Anselmo persona de estridencias ni de ruidos innecesarios. Su voz se hace escuchar placentera al amor de la lumbre, en la caraba de todos esos personajes que el recopila para nosotros, regalándonos un inventario de personas de enorme envergadura humana, que Anselmo disfruta descubriéndonos y haciéndoles palpitar en nuestros espacios vitales”.

Manuel Muiños Amoedo, presidente de Proyecto Hombre Salamanca, apunta en el prologo del libro que escribí junto a mi buen amigo Armando Moralejo (q.e.p.d), ‘Contrastes, epopeya de lo sencillo’: “Al amor de la lumbre, a la sombra de la encina o de la acacia o del viejo molino, al amanecer o al caer de la tarde… a su manera, una manera entrañable y cargada de sentimientos arrancados de recuerdos fruto de vivencias compartidas, así es como Anselmo Santos hace de este libro una espiga que hay que desgranar en cada página, saboreando intensamente todo aquello que ha salido de la hondura de su corazón, el de Anselmo, que ha vivido y sobre todo sentido desde lo sencillo y auténtico de la vida, su propia vida”.

Juan Carlos López Pinto, que entonces era director de Televisión Salamanca, donde yo “actuaba”, me prologo ‘Se hace camino al cazar, vivencias y anécdotas’: “Acierta Anselmo al seguir la estela de Machado en el título de esta obra; porque el bebe de esta sentimiento puro del que añora lo natural, pero desde el realismo de ese hombre apesadumbrado con unos tiempos ajenos a lo sencillo”.

“En estas páginas, Anselmo nos invita a indagar en las entrañas de ese hombre que necesita de la Naturaleza para encontrarse a sí mismo. Y desde ese plano del que siempre fue vitalista, va haciendo camino hacia los espacios abiertos al cielo, aquellos en los que el aire que respiramos no está contaminado por la prisa o el interés mercantilista”.

En ‘Mañana será otro día, el señor Manuel y yo’ fue reincidente en prologar Juan Francisco Blanco, director del Instituto de las Identidades y un buen amigo: “Creo que la reincidencia es un agravante en el Código Penal. Estoy seguro, sin embargo, de que ser reincidente desde el Código de la Amistad es atenuante. Pues bien señor juez, confieso serlo por amistad es esta tarea de poner en suerte un nuevo libro de Anselmo Santos”.

“El señor Manuel es la voz de su amo, que es como decir la voz del pueblo llano, como llana es la escritura de Anselmo. Escribe para que todo el mundo lo entienda, huye de la impostura y confiesa ser rural con idéntico orgullo que algunos reconocemos ser de pueblo… ¡Y a mucha honra!”

No sé amigo Jacinto Frades si te “vale” lo que contestamos a tú whatsApp-. Yo lo he titulado ‘Con la mano en el corazón’ (ver foto), pero si se lee entre las líneas de “mis” prologuistas, creo que queda suficientemente claro lo que preguntas “sobre la filosofía de la vida que estimo más correcta”. Pero sobramanera: ¡Porque fui feliz haciéndolo! Un abrazo.

Y, señor Manuel, apure el vermú, que hoy usted ha estado de “oyente” interesado. En esta charla sobre lo divino y humano…