Soy el rey del delirio

   Cuando tenía 17 años publiqué en el periódico de Lugo “El cine delirante de Gonzalo Suárez”. Aclamaba su cine atrevido y onírico, su personaje Ditirambo, sus peliculas “Morbo” y “Al diablo con amor”,  con monstruos en los bosques y fiestas en faros enloquecidos, que criticaban los sesudos sensatos sin imaginación y sin vida. Definía el delirio como un discurso sin normas en que se suelta de verdad todo lo que llevamos dentro. Como deliran los agonizantes que ya no tienen ningún motivo para disimular.

      Más tarde tuve una columna en el diario de Orense que se titulaba “Delirios”. Allí celebraba los delirios celtas de William Butler Yeats, o la imaginación compulsiva del carnaval que viene de fuentes ancestrales reprimidas, o el mayo compostelano que inundó Compostela en 1979 y fue más creativo que el mayo francés. O el delirio de los muertos que salían con musica secreta a primeros de noviembre, o el delirio como manifestación de lo telúrico y de lo aplastado, con las brujas y los poetas.

     Después publiqué “El delirio del fuego”, un libro de cuentos en que quería encender el mundo de manera delirante, cuentos sobre un grupo de tipos que secuestran al rey solo para hablar con él, sobre un tipo que lleva a Lugo al papa Karol Wojtila cuando todo el mundo se cree que un doble en Roma es el verdadero papa, y lo hace bailar en la discoteca de su pueblo,  sobre un invitado que mata a una condesa después de una cena mágica pero no se olvida de regar las petunias como ella le pidió antes de morir. Y más tarde publiqué “Las fuentes del delirio”, donde en la estela del surrealismo, el expresionismo,  el informe sobre ciegos de Sábato, hablo del saber oscuro que no secuestra la razón, que sale de nuestras venas,  que salta en visiones sin que nada lo cuadricule.  Y en Gales bailé con todas las visiones de Dylan Thomas.  Y ahora algún jovencito vendrá a explicarme a mí lo que es delirio.                                                   

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR