Veinticuatro

“Europa, amada Europa, tierra de mi condición. Yo te saludo en tu enfermedad y en tu agonía”. VERGÍLIO FERREIRA, Pensar.

Si, intoxicados por nuestro afán de ser lo que éramos, que bien poca cosa era, somos incapaces de conmovernos y maldecir este aire de indignidad que respiramos con la noticia de esos veinticuatro cadáveres encontrados hace días en una patera en el mar, es que definitivamente hemos perdido algo fundamental de lo que nos hacía humanos. Si la vida y, sobre todo, o ante todo, la muerte, de veinticuatro personas en alta mar, arrojadas por el hambre y la miseria a la guerra de la desesperanza y la  desesperación, es solo un titular olvidable, o una página más o una palabra, y esos muertos no son capaces de removernos, complicarnos la vida, asfixiarnos y hacernos gritar con rabia la desazón y la decepción por un mundo insano que tanto se nos parece, es que somos tan poco, tan póstumos de nosotros, tan prescindibles y tan baratos que mereceríamos, merecemos que no hagamos falta a nadie, ni a nosotros mismos, y hundirnos en el estupor agrio de los que nadie espera.

POEMA

Veinticuatro

es un número azul con los ojos cerrados

que mutila la voz y brilla exhausto

a pesar de los vivos

y de los indiferentes.

Veinticuatro torsos muertos y no hay alas que respiren

la indecencia de mirarlos

la impotencia de no amarlos

la transparencia de verlos...

Veinticuatro y hay mil olas para los ojos cerrados

y mil tempestades negras en cuarenta y ocho manos

que no tocarán tu cara

jamás

ni navegarán despacio la esperanza

otra vez jamás

ya nunca

como si el olvido oscuro de la muerte tan entera

-muerte veinticuatro veces

sin disparo ni puñales

sin odio que perdonarse

y ni rosas ni palomas

sin adioses-,

fuera  perderse en la piel de veinticuatro ternuras.

Mareas blancas que navegan

en la espuma que acaricia una dos y tres auroras

veinticuatro gritos mudos

que en cada azul cada ocaso cada playa

se mueren de puro mar

mientras los miras…

 

ÁNGEL GONZÁLEZ QUESADA, 30 de abril de 2021.