Trabajar dignamente

Una comunidad que trabaja es una comunidad en paz, mientras que una comunidad en la que el trabajo escasea es una amenaza para la paz.

OIT

Es fácil definir el lugar que debe ocupar el trabajo físico en una vida social bien ordenada. Debe ser su centro espiritual

SIMONE WEIL

El trabajo decente es ventajoso para las empresas. También lo es para los gobiernos, ya que constituye la principal fuente de estabilidad social. Desde este punto de vista, la eficiencia económica y la eficiencia social deben ir de la mano.

OIT

Se acerca el primero de mayo y es necesario volver a pensar y escribir sobre el trabajo, sobre todo sobre el trabajo digno y decente, primordialmente en estos momentos de pandemia. Pensar en el trabajo es pensar en dignidad y democracia, sabiendo que la pandemia está haciendo estragos, hoy más que nunca, debe ser una prioridad no solo política, también social. Cualquier progreso económico futuro tiene que ser técnico y social, nos lo pide la conciencia moral, las condiciones de vida y de trabajo, es necesario que se acerquen lo más posible a la realización de ideales de libertad, justicia, igualdad y paz.

Se acaba de publicar el “Informe Anual 2020 sobre el estado del mercado laboral en España”, con una importante destrucción de empleos, debido a la pandemia y a la ralentización económica derivada de la misma. La recuperación laboral está estrechamente relacionada con el ritmo de vacunación y con la evolución de los sectores más afectados por la pandemia, a la gestión de los fondos europeos y a las políticas activas de empleo, así como a las reformas estructurales que se puedan desarrollar.

A este informe debemos añadir, por su actualidad, el ocaso laboral de la banca, con un importante número de trabajadores a las puertas del paro. Después de la crisis del 2008 y a pesar del rescate bancario con ayudas públicas, la pérdida de empleo en el sector se ha ido convirtiendo en algo cotidiano, al igual que el cierre de oficinas. La incertidumbre se mantendrá en los próximos meses, debido a los recortes salariares, las fusiones bancarias y la digitalización total de las entidades, como si el sector viviera un proceso de reconversión continuo.

Las más afectadas de toda esta nueva crisis son las mujeres, poniendo en evidencia la precariedad que sufren en el trabajo. En España, más de la mitad del desempleo generado a raíz de la crisis del coronavirus se ha concentrado en las mujeres, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa. También son las más afectadas en contratos a tiempo parcial, y expedientes de regulación de empleo, por no mencionar la eterna brecha salarial. El coronavirus ha evidenciado la situación de vulnerabilidad de las mujeres, que además de trabajar, en la mayor parte de los casos llevan el peso de los cuidados dentro de las familias, incluidas las personas dependientes.

La pandemia, está poniendo de relieve los problemas sociales, los fallos y las diferencias de cada sociedad, está desnudando las desigualdades que ya existían. Ante esta situación, debemos hacer un replanteamiento profundo de todo nuestro sistema laboral y económico, generando políticas de igualdad, pero deberán estar acompañadas de un nuevo despertar ético, reformulando el consenso alcanzado sobre los derechos humanos, ampliarlo y adaptarlo a los nuevos desafíos que nos estamos enfrentando.

Tanto en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948, como en el Pacto de las Naciones Unidas de 1966 sobre los derechos económicos, sociales y culturales, se reconoce el derecho al trabajo y a unas condiciones laborales convenientes y satisfactorias, así como a una protección contra el paro. Todos los derechos humanos tienen el sentido de posibilitar a la persona la realización de la dignidad humana, de depararle las oportunidades para desplegar su libertad inherente a esa condición. Todo el orden social y su desarrollo deberán subordinarse al bien de la persona.

El trabajo incide en todos los aspectos de la vida de la persona. El ser humano es el sujeto del trabajo, no es una mercancía, es un bien social. Son necesarios tres aspectos consustanciales a un trabajo decente, como son la dignidad humana, la solidaridad y la seguridad, así como la justicia social. Para desarrollar un trabajo decente, parece necesario desarrollar políticas  basadas en una convergencia entre las políticas económicas y sociales que favorezcan adecuadas tasas de crecimiento sustentables e inversiones intensivas en empleos productivos, dentro de una globalización justa.

Para que exista un trabajo decente se necesitan cumplir al menos cinco criterios: preservar la salud y la seguridad, ser respetuoso con la familia y promover la igualdad de género, fomentar la productividad, facilitar la elección e influencia del trabajador en las horas de trabajo. Se hace necesario cambiar el sistema productivo, promoviendo un diálogo con toda la comunidad política, sociedad e instituciones para configurar un nuevo contrato social basado en la centralidad de la persona y el trabajo decente.

Debemos humanizar y dignificar la vida, para ello es necesario la dignidad del trabajo y del trabajo digno para la realización de la dignidad humana, la lucha contra la pobreza y la configuración de una sociedad más justa y solidaria. Si falta el trabajo, la dignidad humana está herida. El trabajo decente es esencial para enfrentar los desafíos actuales de creciente injusticia social y desigualdad, reforzando al mismo tiempo la dignidad humana y contribuyendo al bien común.