Pues me gustaron más los Goya

Somos lectores y espectadores… Y sí, consumidores también. Por eso, yo digo que disfrutemos del cine, de la tele, de los libros… como nos plazca; o sea, que disfrutemos de las múltiples formas en las que en estos tiempos podemos llegar a ellos.

Probablemente mucha gente, en esta orilla al menos, considerará que me dejo llevar por algo como el nacionalismo que tanto critico; no digo que no tengan razón, pero bueno, este año, que he visto ambas ceremonias –actos a los que, desde luego, siempre les hubiera venido bien una duración menor–, me quedo con la obra de teatro, performance o película lenta que organizaron Banderas y María Casado: ahí hubo emoción, mensaje… Que Banderas usó sus contactos, claro, pero es que todos esos contactos podrían haber estado el domingo, y alguno más y lo que tuvimos fue algo como para salir del paso, cansino… Tampoco es tan grave.

Y es que una de las ventajas de vivir de este lado es que no me tengo que pegar la desvelada para ver la NBA o los Óscar, algo que más de una vez hice en mis años mozos, lo confieso.

Volviendo al tema, sigo sin estar convencido de que funcione eso de “desordenar” las categorías y, desde luego, no hace falta hacer un gran número musical para que haya espectáculo o emoción, como se vio en momentos de los Goya.

Por último, una reflexión personal a raíz de la “pedrada” que tiró la ganadora Frances McDormand a “las plataformas” cuando nos invitó a ver su película, y el resto, en el cine, en las salas.

Que sí, que ya, que no es lo mismo… No quiero convencer a nadie de nada, solo razono lo que me pasa a mí: al igual que tengo cajas de libros en Salamanca –que no sé si alguna vez se juntarán con los que hemos ido acumulando en México– tengo un libro electrónico que uso bastante; decía, al igual que me pasa eso, también ya casi no voy al cine porque, además de caro, al menos en esta ciudad, desde siempre es bastante complicado ver películas “no tan comerciales” que, resulta, que ahora puedo ver en casa con una calidad inimaginable en los mencionados años mozos, tan cinéfilos ellos.

No solo eso, resulta que algunas de las películas premiadas llegan a uno por las “malísimas” plataformas, como Ma Rainey´s Black Bottom, que vimos el mero día de los premios, en casa, y que no sé si hubiéramos podido ver en el cine… Tampoco sé si nos sería fácil ver los cortos, por ejemplo, o los documentales.

Insisto, no quiero convencer a nadie de lo contrario, simplemente decir que, en el ejercicio de mi libertad, prefiero pagar por ese cine en mi casa –que, además, produce y distribuye cine “raro” del que me gusta– que darle dinero a unas salas que hace mucho dejaron de preocuparse por mí.

Tampoco es que haya prometido no volver, ojo.

 

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