¿Libertad para qué?

En la eterna campaña electoral que vivimos desde hace ya demasiados años, el próximo turno es para la Comunidad de Madrid y serán - ¡6 candidatos 6! - quienes se disputarán la presidencia el próximo 4 de mayo. Como prioridad en sus ofertas a los ciudadanos está la libertad. Resulta curioso (ya se lo resultaba al poeta ensayista y crítico literario Luis Antonio de Villena) que a medida que las libertades teóricas aumentan, las libertades prácticas disminuyen.

¿Por qué ofrecer libertad, acaso no la tenemos?. Pero siendo importante poder disfrutar de ella quizás lo sea más saber para qué la queremos, porque en palabras de Ramiro de Maeztu[1]: La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen.

La libertad siempre va seguida por un ‘de’ (de asociación, de conciencia, de religión, de opinión, de pensamiento, de discrepar, etc.); es decir toda libertad implica una acción en uno u otro sentido: asociarse, expresarse, practicar ciertos ritos, opinar, pensar, oponerse… Según la Real Academia de la Lengua, la libertad es la facultad natural que tienen los seres humanos de obrar de una manera o de otra, y también de no obrar[2], y por ello son responsables de sus actos.

A lo largo de la Historia se ha defendido, pensado y definido la libertad de muy distintas maneras, pero la gran mayoría están incluidas en dos grupos: los que niegan que exista y los que defiende su existencia. En el primer grupo estarían los que creen en el destino, la predestinación, las inexorables leyes naturales, etc.; y por tanto, hagamos lo que hagamos siempre llegaremos al mismo sitio. Si así fuera, nuestras acciones no serían libres y la consecuencia de esto un fatalismo vital que impediría poder exigir responsabilidades, ya que no podríamos juzgar lo que está bien y lo que no. Sé que llegados a este punto deberíamos identificar quién o quienes deciden que se entiende por bien y mal, pero no es ahora el momneto, tal vez en otra ocasión.

Particularmente, me interesa el segundo grupo, el de los que defiende la existencia de la libertad, entre los que me incluyo.Porque el caso es que si lo somos ¿qué demonios se está ofreciendo, con esa generosidad característica de las precampañas, en Madrid? ¿Por qué  ofrecerles a madrileños y madrileñas algo que ya tienen? ¿O no?

¿Por qué tanto empeño en hacerles elegir entre libertad y comunismo, libertad y fascismo, libertad y seguridad, libertad y salud, etc.? ¿acaso son ellos los que les harán libres? Y libres, repito, ¿para qué? ¡Vendedores de humo! Ofrecen únicamente elegir entre dos opciones – ¿no hay más? - y con ello quieren hacerles creer que sólo en sus ‘brazos’ podrán gozar esa deseada libertad porque ellos lo harán posible. Cada día me avergüenza más la mediocridad de nuestra casta política. La libertad sólo puede darsela uno a sí mismo, lo demás, como mucho, es tolerancia.

Fernando Savater, en su Ética para Amador[3] (un pequeño-gran librito cuya lectura recomiendo encarecidamente a todos, principalmente a las candidatas y candidatos), escribe: Por eso te confieso que aborrezco las doctrinas que enfrentan sin remedio a unos hombres contra otros: el racismo, que clasifica a las personas en de primera, segunda o tercera clase de acuerdo con fantasías pseudocientíficas; los nacionalismo feroces, que consideran que el individuo no es nada y la identidad colectiva lo es todo; las ideologías fanáticas, religiosas o civiles, incapaces de respetar el pacífico conflicto entre opiniones, que exigen a todo el mundo creer y respetar lo que ellas consideran la verdad y sólo eso. ¡Cuánto de esto hay por ahí!

Los ciudadanos y ciudadanas de este país somos libres, porque somos capaces de elegir sin que nadie generosamente nos ofrezca un derecho que ya tenemos. Pero esto, aun siendo importante, no es suficiente. La libertad quedaría vacía y coja sin la acción que debe acompañatrla y completarla.
 

[1] Ensayista, novelista, poeta, crítico literario y teórico político de la generación del 98.

[2] No obrar es también una acción.