‘Un poeta peruano-español’, del brasileño Cyro de Matos

 Alfredo Pérez Alencart, con su Salamanca al fondo (foto de Jacqueline Alencar)

Claro que agradezco, y mucho, la ofrenda que, en versos y en portugués, me enviara hace varios años mi buen amigo y mejor escritor Cyro de Mattos (Itabuna, Bahía, 1939), poeta, narrador, periodista, abogado y miembro de la Academia de Letras de Bahía, quien ha obtenido varios galardones, como el Premio Nacional Ribeiro Couto, el Premio Afonso Arinos de la Academia Brasileña de Letras, el Premio Centenario Emílio Mora, el Premio Internacional de Literatura Maestrale Marengo D’oro (Génova) o el Premio Jorge Portugal das Artes, el cual ha facilitado la publicación de la obra reunida. Entre sus libros de poesía más destacados están Vinte Poemas do Rio, Cancioneiro do Cacau, Ecológico, Vinte e Um Poemas de Amor, Devoto do Campo y Oratório de Natal, entre otros.

 

Cyro de Mattos estuvo por Salamanca para participar en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos de 2013. Desde entonces hemos mantenido un nutrido intercambio epistolar y de libros cruzando el Atlántico en ambas direcciones.

Hoy quise traducir el poema a nuestro castellano, para así dejarlo conocer.

Gratidão, querido Cyro.

UN POETA PERUANO-ESPAÑOL

Reveo ahora al hombre

que vive en Salamanca

en la calle de la poesía.

Él tiene esa costumbre

de abrazar a los otros

con palabras y anhelos.

Elocuente y con sonrisas

es un tejedor de flores,

constructor de puentes.

Nada quiere a cambio

cuando piensa y siente

las iluminaciones del ser.

El corazón sencillo late

cuando alguien lo llama:

¡Oh, mi poeta Alfredo!

  1. Alfredo Pérez  Alencart y Cyro de Mattos en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca (2013, foto de Jacqueline Alencar)

 

UM POETA PERUANO-ESPANHOL

Revejo agora o homem

que mora em Salamanca

na rua da poesia.

Ele tem essa mania

de abraçar os outros

com palavra e sonho.

Loquaz e sorridente

é um tecedor de flor,

construtor de pontes.

Não quer nada em troca

quando pensa e sente

as iluminuras do ser.

O coração simples pulsa

quando alguém o chama:

ó meu poeta Alfredo!