El capitán y su equipo han demostrado ser buenos navegantes

Ahora que la larga, peligrosa y letal tormenta de la pandemia está dejando ver algunos claros en el horizonte y (siguiendo la metáfora marina) se divisa un puerto lo suficientemente sólido en el que resguardar la nave de la nación, me permito poner mi atención desde esa “MIRADA EXTERNA” que da nombre a estos artículos, en el equipo que nos ha conducido en medio de tres graves, excepcionales, escollos.

Una mirada externa a las organizaciones políticas es aquella que no viene condicionada por la pertenencia y la fidelidad debida a ningún partido; sin poseer intereses directos y personales en la continua contienda de los partidos se hace posible una mínima objetividad en la contemplación de la compleja realidad sociopolítica de la mayoría de los países democráticos. Es la mirada que tiende a percibir el bosque en lugar de cada árbol. Los miles de movimientos y decisiones del capitán de un barco y su tripulación en la travesía de un océano encrespado y mortífero, pueden obstaculizar la visión de conjunto del viaje y de los objetivos conseguidos.

Dejando ya el lenguaje metafórico: el Gobierno actual de esta nación se ha enfrentado desde apenas el comienzo de su andadura, en febrero de 2020, con tres trágicos problemas, que es útil nombrar, aunque sean archisabidos por una parte de la ciudadanía, pero no por otra, que tiende, por múltiples motivos, a negarlos o minimizarlos; el primer gravísimo obstáculo para su gobierno ha sido la pandemia, con su carácter generalizado, mortífero, empobrecedor, generador de miedos, desconocido por su novedad y que ha obligado a improvisar no solo a nuestro gobierno, sino a todos los gobiernos del planeta. Pero siempre surge algo positivo, incluso en política: nuestro país y todos los países de la UE han podido beneficiarse de unas políticas de solidaridad que por primera vez en la Historia, se han puesto en marcha en esta Europa Unida.

Los fallos en la gestión han sido sobre todo debidos a lo desconocido del nuevo virus, a la dificultad de ensamblar el poder político con el saber de los científicos sanitarios, y al cambio de pasar de un mando único inicial a diversificar la capacidad de decisión sobre las medidas contra la pandemia entre las CCAA y el gobierno central.

El segundo gravísimo obstáculo para el gobierno de coalición ha sido la continua guerra contra él, que han llevado a cabo, también desde el principio y sin tregua alguna, los partidos de la oposición; en la actualidad esta guerra ha derivado, aún en plena pandemia, en la convocatoria de elecciones en la Comunidad de Madrid, elecciones que nadie necesita ni nada las  justifica; un enfrentamiento tal radicalizado y tan inoportuno, para la economía, para la política y para los problemas sanitarios que deberían ser prioritarios y ajenos a ambiciones políticas. Las elecciones de Madrid se han concretado en ese lema surrealista de “Comunismo o libertad”, que tiene la misma irrealidad que si alguien planteara que los españoles deben vestir enteramente de rojo o enteramente de azul.

El tercer grave obstáculo para gobernar España durante este año largo, ha sido uno que hunde sus raíces en tiempos lejanos: el sentimiento crónico de desconfianza de un gran porcentaje de la ciudadanía en sus gobernantes, incluso cuando estos han sido elegidos democráticamente, después de 1978. La desconfianza en los gobernantes nace tanto de ver escándalos continuos de corrupción ligados a la clase política, como en una insuficiente formación política y cívica de un gran sector de la población. Los mantras “todos ( los políticos) son iguales” o los erróneos conceptos “la libertad es hacer lo que cada uno quiera” convierte a una parte de esta sociedad en una especie de movimiento  anarcoliberal ( como llaman los demócratas a los trumpistas en EEUU) con el que el diálogo parece imposible y el gobierno aún más difícil.

El hecho de que el conjunto de la nación esté comenzando a salir (con la ayuda de la UE) de la grave crisis sanitaria-económica-moral que ha padecido, revela que los esfuerzos de nuestros gobernantes durante este largo 2020, han sido en gran parte certeros y dignos de que la confianza de los ciudadanos en sus gobernantes crezca y se consolide.

Por muchos miles de bulos y mentiras que pregonen los partidarios del caos y de gobiernos no democráticos. Como decía hace poco Luis Landero: Ya está bien de que “ser español sea como estar en guerra con algo, que sea un modo beligerante de estar. Es absurdo.” Ya está bien de que España sea el primer país del mundo en consumo de tranquilizantes. Las consecuencias de estar en guerra y en queja continua no las curan ni todos los tranquilizantes del mundo.