Banda sonora

Allá por el invierno pasado, mis amistades me hablaron de ciertas listas de reproducción de música que solían escuchar para hacer más llevadero el tiempo de estudio. Una de ellas era “lofi hip hop radio - beats to relax/study to” que ya con el título raro me merecía la pena buscarlo. No me gustó mucho, pero pasados los días me empezaron a aparecer en recomendaciones un montón de vídeos de música para situaciones específicas de lo más disparatadas. Por ejemplo: “es verano de 1983 y te has enamorado en algún lugar del Norte de Italia”. Y te quedas un rato pensando cómo se sentiría estar en esa situación tan aleatoria recomendada por la aplicación de turno. Evidentemente, pinché en el vídeo deseoso de satisfacer mi curiosidad. Cerré los ojos un momento para dejar que la magia de tele-transporte ofertada hiciese su efecto y, para mi sorpresa, me sentí ciertamente pasando las vacaciones en una explanada verde lombarda. Ojo, que esto no acaba aquí. Otro vídeo que me encontré se titulaba “Gymnopédie Nº 1, pero tu vecino deprimido no para de tocar esta canción por una hora”. Si a la fama nostálgica que caracteriza a esta obra de Satie le sumamos los añadidos del eco, la lluvia cayendo y las enigmáticas pausas editadas por el autor del vídeo, obtenemos un cóctel perfecto que cumple con lo prometido. Y no quiero olvidarme tampoco de “Dancing Queen de Abba, pero estás sola en una cafetería vacía porque tu cita te ha dejado plantada”. Es gratificante y a la vez extraño que exista una canción adaptada para cualquier situación imaginada. Pero lo que más me cautiva de esto es la nostalgia contemporánea que transmite, pues parece imposible que sea capaz de tener morriña de un lugar en el que nunca he estado en una época que nunca he vivido.

Dirá usted, ¿qué le pasará a la llamada Generación Z? ¿Estará bien esa gente? Oiga, pues yo siendo de esta generación tan rara hay cosas que tampoco entiendo. Que soy joven, pero no mucho. Para empezar, la jerga juvenil tiene tantos anglicismos que te enteras menos todavía de lo que te cuentan. “Bua, Álvaro, mira esa puesta de sol tan aesthetic”. Y yo respondí: “Pero si es muy bonita, cómo que antiestética”. Fue en este momento que me explicaron un concepto, un mundo entero, incluso un universo que rotaba entorno al aesthetic; que significa “estético” y no antiestético como pensé al principio. Yo he hecho mi propia definición para aclararme con esta moda: es la apreciación de la belleza en todas sus disciplinas (fotografía, música, dibujo, etc.) y su imitación en el código de vestimenta o en el postureo en redes sociales. Esta belleza puede encontrarse literalmente en todos lados, desde un cuadro rococó hasta el gotelé horrible de tu casa, pasando por tus apuntes de anatomía o un pato nadando tan tranquilo en su estanque.

¿A dónde quiero llegar con esta explicación tan extensa? Pues con esto quiero exponer la relación que existe entre el aesthetic y las listas de música de las que he hablado antes. Hay tantos tipos de estéticas como te puedas imaginar y cada una tiene sus canciones con las que poder identificarlas. Si quieres sentirte un romántico del siglo XIX pues tienes a tu disposición: “Una lista de música para un villano del siglo XIX maquinando contra sus enemigos” o “estás en una fiesta de máscaras bailando con tu némesis sin saberlo”. Que un día te dan ganas de abrir un café-pastelería en París, pues escuchas “una lista muy elegante para tu ambicioso estilo de vida parisino”. Y, gracias a la revoltosa generación Z, tendrás vistas a la Torre Eiffel.  Mi sincera enhorabuena a todo el que hace estas listas de música, realmente te llevan a otra vida. Habría que hacer una enciclopedia para recopilar todo el saber juvenil que se cultiva, no todo son cosas malas.

*Todos los títulos de los vídeos estaban en inglés, los he traducido para facilitar su lectura.