Una nueva tierra

El mirador provinciano piensa que es mejor quedarse aquí en esta nuestra tierra, que es nuestra casa,  mirando al cielo, pero sin querer asaltarlo. Lo dice porque ha oído que algunos  están buscando otro lugar para vivir y quieren irse ellos solitos al cielo, donde nadie les estorbe. Otros andan explorando para ver si se pueden hacer un chalet en otro planeta, y hasta creo que algunos quieren tener terminado  un hotel de lujo para el año 27, cuatrocientas habitaciones,  restaurante y zonas de recreo. Yo creo que los hombres, la gente en general, ha estado siempre buscando un lugar mejor, pero ahora con esto de la pandemia, además de lo de siempre, las guerras, los que tienen que emigrar porque no pueden vivir donde nacieron y otras calamidades, la gente está más inquieta e insatisfecha y por eso quiere irse a algún otro lugar.

Pero yo creo que a pesar de todo hay que mantener la esperanza de que podremos hacer un mundo habitable. Incluso que podríamos aprender de esta situación calamitosa actual varias cosas. La primera es que cada uno por su cuenta no puede, no podemos nada, y, por consiguiente, tenemos que aprender a vivir juntos, colaborando todos, cada uno donde le toque. Y luego todos con esperanza. Unos, los cristianos, ahora en la Semana Santa sin tanto ruido de las marchas procesionales (no hay mal que por bien no venga), podemos entrar más en nosotros mismos, reflexionar más y aceptar el misterio de la vida y la muerte, con un sentido trascendente de la existencia humana; pero esa trascendencia y vida futura hay que empezar a hacerla aquí. Podemos pensar que después de la pandemia, con lo que hemos aprendido podamos hacer de nuestra tierra una nueva tierra, como si dijéramos restaurar nuestra casa, poniendo cada uno nuestro granito de arena o nuestro ladrillo, sabiendo que nuestro futuro depende en gran medida de nuestro presente. Y los que no tengan sentido trascendente de la vida humana, que se lo piensen, ahora que tenemos que estar recluidos y hemos visto que no somos tan poderosos como creíamos, y que estando un poco asustados no quieran aprovecharse con avidez del presente efímero, sino que piensen en el futuro y colaboren en la construcción de nuestra casa o al menos no la destruyan.