Santa Marta, identidad renovada a través de la cultura

Francisco Miguel García, concejal de Cultura del Ayto. de Santa Marta | Fotos: Carmen Borrego

Vive Santa Marta de Tormes a la vera del río, abre la puerta de la casa a su calle de agua y en la iglesia restaurada, el retablo del altar es una ventana ofrecida al cauce del Tormes que estrecha su abrazo con un don de tierra y agua: en la Isla del Soto se alzan los lápices, los pájaros fantásticos y los puentes del paseo renovado al paso de Francisco Miguel García.

Charo Alonso: La Isla del Soto es un regalo a la ciudad que siempre vivió de espaldas al Tormes ¿Es la mejor puerta de entrada a Santa Marta?

Francisco Miguel García: Ya lo es. Los puentes, el de La Aldehuela, el de la Avenida de la Serna y el de la Iglesia hacen que La Isla se convierta en la puerta peatonal o ciclista más utilizada para llegar a la localidad. Desde luego es un buen camino. Pretendemos que La Isla del Soto sea un lugar de equilibrio en el que la naturaleza, el arte y la educación pongan de relieve lo que queremos hacer en la sociedad.

El empeño por ganar este espacio de catorce hectáreas, patrimonio de los santamartinos, nos ha devuelto el placer de sus caminos a un sol que dora las sorprendentes esculturas de metal de Coral Corona, parte del proyecto cultural y natural de Arte Emboscado de la mano de la Fundación Tormes y de Raúl de Tapia. Una luz que ilumina el Centro de Interpretación donde Jesús Pierna nos recuerda los usos y costumbres de las orillas del río que nos lleva entre nidos, huertas, esquilas que se inclinan a beber, lavanderas de rodillas, molineros y pescadores, pasado laborioso de las gentes que vivían del cauce de un Tormes de aves que pinta Caín Ferreras, martín pescador del vuelo de un Miguel Delibes que da nombre al Aula y que ocupa, con su prosa de naturalista, la sala de Exposiciones abierta a la tierra abrazada por el agua.

Ch.A.: El vuestro desde el Ayuntamiento es un empeño de crear cultura en el municipio.

F.M.G.: No solo eso. Todo viene de un objetivo muy claro: la construcción de la identidad a través de la cultura. Santa Marta ha sido siempre considerada una ciudad dormitorio, la segunda opción para aquellos que querían comprar una vivienda y que la encontraban aquí más barata. Ahora lo que queremos es que la gente esté orgullosa de pertenecer a Santa Marta y venga aquí por la calidad de sus servicios.

Ch.A.: Tenéis un entorno natural privilegiado con el río, pero poco se puede hacer con un puñado de construcciones propias de una ciudad dormitorio.

F.M.G.: Por eso se precisan muchas actuaciones de ordenamiento urbano, como cuidar de estas pequeñas casitas molineras que eran la señal de identidad de Santa Marta como lo son ahora los murales urbanos. También apostamos por una arquitectura más vanguardista de la que son ejemplos La Escuela de Hostelería o el Ayuntamiento.

Ch.A.: ¿Cómo se mide el grado de satisfacción de los vecinos ante una actuación tan impresionante como la de los murales?

F.M.G.: La ubicación de los Murales ha sido muy estudiada. Daniel Martín presentó un proyecto fundamentado en la llegada del color y coordinó los espacios de realización con el Ayuntamiento. Creo que los lugares han sido un acierto, permiten hacer un seguimiento en diferentes localizaciones del municipio y ayuda a conocerlo. El casco urbano se ha embellecido. El arte urbano, allí donde no es posible tener presente el arte histórico, arquitectónico, se convierte en una referencia que sirve para construir identidad en un municipio joven que ha incrementado fuertemente la población en muy pocos años. Los vecinos nos manifiesta su satisfacción y la hostelería y el comercio también, nos consta que les sirve para mostrar con orgullo su municipio.

¡Mira, mira, el avión! La Santa Marta vinculada con Matacán tiene una entrada de altura, y mis sobrinos pequeños me enseñan felices el vuelo en la pared de los globos de colores vivos, el avión del que no se cansan… ellos que van a colegio en cuyas proximidades se construirá la nueva biblioteca que ahora ocupa la parte superior del que fuera un cine y ahora alberga una pequeña sala de exposiciones y un auditorio.

F.M.G.: Queremos para la biblioteca un espacio más diáfano. La biblioteca, que llevan Carmen Villarrubia y Silvia Paules ha ganado el premio Nacional María Moliner por su proyecto de dinamización con las actividades sobre Delibes y la Naturaleza y la exposición de la Isla del Soto. Fue la primera biblioteca que se abrió tras la pandemia. A veces, lo más difícil del trabajo público es tomar ciertas decisiones, lo pensamos mucho, dudábamos si atrevernos o no. Tenemos 8.600 carnets y queremos una nueva biblioteca con 330 puestos de lectura.

Ch.A.: ¿Son importantes los números?

F.M.G.: Lo son. Santa Marta tenía entre el 1973 y el 75 apenas 500 habitantes y ahora es un espacio de 15.000 personas censadas y 20.000 habitantes que precisan unos servicios que hay que dar con unos impuestos moderados que no queremos subir. Y pensad que Santa Marta no es solamente esto, sino el Puente de la Vía, Aldebarán, Ática, Valdelagua… Santa Marta era famosa antes por el mal olor del matadero y por las pendencias en las fiestas… ahora vamos a ver si disfrutamos de ella con todos los sentidos, desde la cultura a la hostelería. Un espacio donde vivir con todos los servicios y donde se integre a los habitantes de las urbanizaciones para que nadie viva de espaldas a nadie.

Ch.A.: ¿Y cómo conseguirlo?

F.M.G.: Podemos deslocalizar cosas, como los espacios deportivos, pero fundamentalmente, haciendo cultura para todos. Proyectos como “Volatilitormes” o “Los Circuitos Escénicos” son una forma de desarrollar en el municipio una escuela de espectadores. De acostumbrar a los niños a ver un espectáculo teatral, a entrar, a respetar la duración del mismo, a aprender a comprender, a saborear. Se trata de construir cultura dándole sentido a lo que hacemos sin perder de vista este empeño de crear identidad.


Ch.A.: ¿Pero cómo programar cultura para todos? Estoy pensando en las fiestas populares, en los mayores, en la gente joven…

F.M.G.: Construir identidad cultural en un municipio de estas características requiere llegar a todos. Las programaciones de fiesta se han convertido en una referencia y responden a este contexto: se programan con la participación de las peñas y se ofrece un equilibrio en la oferta que permite llegar a todos los estratos de población. Se pueden desarrollar fiestas y cultura, queremos hacer una política cultural global porque tienen mucho de construcción de una población. Con “Volatilitornes” y “Los Circuitos Escénicos”, los museos y las exposiciones tenemos el objetivo de desarrollar una labor pedagógica. Lo sencillo es ofrecer aquello que los programadores ponen a nuestra disposición y ya.

Ch.A.: Vuestras propuestas son a veces muy atrevidas ¿La gente las entiende?

F.M.G.: Si queremos hacer una labor pedagógica en la población debemos analizar los contenidos y ser atrevidos para enriquecer culturalmente al municipio y servir de polo de atracción de visitantes. Es importante que Santa Marta de Tormes sea una población joven, dinámica, llena de propuestas y un lugar atractivo para los artistas. Hay que construir identidad cultural, medioambiental y de convivencia.

Y de convivencia habla el edificio del Ayuntamiento abierto como un abrazo a la plaza compartida, escenario de todos. Y en el interior, la sorpresa para el visitante son las paredes blancas, blancos los suelos de piedra y la insólita colección de Arte Contemporáneo. Del techo cuelga la sorprendente obra “Silencio” de Antonio Navarro, los grabados de numerosos artistas giran en torno a la escalera y en el Salón de Plenos, luce un monumental Andrés Alén y una obra de Concha Saéz interpela al espectador.

Ch.A.: ¿Cómo empezó la colaboración del Ayuntamiento con el Instituto Universitario de Investigación en Arte y Tecnología de la Animación para hacer esta colección?

F.M.G.: Fue una gestión directa del Alcalde, David Mingo, con el catedrático de la Facultad de Bellas Artes, José Fuentes, quien tiene una especial proximidad a Santa Marta. El alcalde pretendía buscar una propuesta artística diferente que complementara las propuestas de la ciudad de Salamanca para hacer de Santa Marta un lugar para visitar tanto por los turistas como por los propios salmantinos.

Ch.A.: Es una propuesta arriesgada. ¿Habéis encontrado oposición por parte de la ciudadanía?

F.M.G.: No, mirad, con el edificio del Ayuntamiento hemos ganado una plaza, un ágora abierta que tiene una acústica excelente y donde podemos hacer muchas cosas. La población de nuestra localidad cada vez se siente más orgullosa. El Museo de Arte Contemporáneo, la Sala Tragaluz, la Colección de grabados de Gastronomía y Naturaleza ofrecen un avance en la búsqueda de identidad propia en una población joven.

Carmen Borrego: Dos obras mías pertenecen a esa colección de grabados. La verdad es que es sorprendente, vas a la Escuela de Hostelería y encuentras obras de arte, entras a hacer una gestión administrativa y te encuentras un museo…

F.M.G.: Hay ayuntamientos cuyo edificio es un monumento ya de por sí. En este caso nos esforzamos en explicar las obras, y aquí está Belén Quintana para acompañar al visitante. La gente se sorprende y cuando viene gente de otros lugares y dice “¡Qué interesante lo que tenéis aquí!”, se llenan de orgullo. Yo nací en la calle Placentinos y ese concepto de barrio antiguo, de belleza, lo tengo muy presente. Por eso cuando la gente aprecia lo que estamos haciendo aquí, sentimos que estamos haciéndolo bien, apostando por lo propio. Cuando alguien dice ¿Se puede entrar? la respuesta es siempre sí, les animamos a que pasen y se lo enseñamos. Y por cierto, seguimos buscando espacios expositivos.

Ch.A.: ¡Pero si vais sobre ruedas!

F.M.G.: El Museo de la Moto Histórica parte de una cesión del coleccionista Alfonso Serrano y es un recorrido por la historia del siglo XX a través de las motos.

Ch.A.: Creo que vamos a tener que regresar a ver más cosas y al tapeo.

F.M.G.: Claro, se trata de apostar por la riqueza que produce la hostelería. Muchos de los hosteleros de Santa Marta han salido de la Escuela y se nota. Dice el alcalde que se conforma con que vinieran aquí un 2% de los visitantes que llegan a Salamanca. Estamos bien comunicados con los autobuses, con el carril bici, el servicio de bicicletas… cuando la gente de fuera viene le dice a los de Santa Marta que si saben lo que tienen y eso es lo importante, que quienes vivimos aquí estemos orgullosos de lo que tenemos. Y crear apego.

Ch.A.: En un momento en el que la política provoca rechazo ¿Te compensa esta labor?

F.M.G.: Yo pertenezco al mundo de la educación y siempre me he tenido una vocación de servicio público en muchos frentes. Es verdad que ahora la gente no lo valora y estamos sometidos a mucha presión pero me compensa porque si no, sería inviable. Lo importante es participar del proyecto, compartir la idea y sumar. Siempre sumar. 

Dice el fotógrafo José Amador Martín que no hay ocasos más bellos que los que se disfrutan desde Santa Marta, pegadita al río, dejándose mecer por la corriente de la modernidad, por el empeño de sus gentes. Tiene aura joven de colores, atrevido empuje desde las paredes que hablan y las calles que se llenan. Es la ribera rumorosa y la terraza plena. La obra de todas las manos y la alegría de todas las fiestas. No hay llaves que cierren esta puerta.