Lectura para ‘Espacio, me has vencido’, de El Ángel Editor (Quito)

 

Julio Pazos y Xavier Oquendo (Ecuador) y Alfredo Pérez Alencart (Perú-España), en Quito (foto de Jacqueline Alencar, 2011)

 

Anoche, 31 de marzo, participé en una lectura virtual programada por El Ángel Editor, excelente casa editorial con sede en Quito, pero con irradiación por toda Iberoamérica, España incluida, pues fue en Madrid donde hace años Xavier Oquendo Troncoso realizó un curso para futuros editores y donde comenzó a gestar su proyecto editorial hoy consolidado.

 

Pues el excelente poeta y gestor cultural que es Xavier, hermano menor y amigo mayor allí por la Mitad del Mundo, quiso que participara en esta lectura, la cual forma parte de un largo ciclo que ya han germinado dos atractivas antologías que albergan los versos de los participantes anteriores.  Lleva el rótulo de ‘Espacio, me has vencido’, para memorar y hacer un justo homenaje al poeta ecuatoriano César Dávila Andrade (Cuenca, Ecuador, 1918 – Caracas, Venezuela, 1967).

 

 

En tal sentido, convocados por Xavier Oquendo y guiados por el auriga Juan Suárez Proaño, joven poeta con madura expresión, estuvimos cinco autores: Mariposa del Castillo (Ecuador), Sergio Navarro (España), Dancizo Toro Rivadeneyra (Ecuador), Ana Cecilia Blum (Ecuador) y yo mismo, que casi siempre juego con ventaja, pues ondeo dos banderas: la peruana y la española. Un privilegio leer con ellos; un privilegio leer para El Ángel Editor.

 

Leí cinco poemas en las dos intervenciones que me indicaron. Aquí los dejo conocer.

 

Edición brasileña de ‘Prontuario de Infinito’, sobre el Puente Romano de Salamanca, con traducción de Cláudio Aguiar

 

 

DE ‘PRONTUARIO DE INFINITO’

 

I.

 

(POR EXTENSIONES VÍRGENES)

 

Recuestas tu cabeza por extensiones vírgenes

y de pronto no cesan los nacimientos, las Resurrecciones.

Cada quien sabe de aquello que desciñe y fecunda.

Así el jardín donde se salta, donde se vuela, donde

el cuerpo es raíz nutriéndose más acá de las promesas,

fiel espiga alumbrando abismos o fuentes

de agua semejante al zumo que gotea de delicioso fruto.

No hay ligereza cuando quemas miedos

que malviven en el bosque de las reprensiones.

Salvas o vivificas por la armoniosa unión

que desborda vorágines sentimientos.

Dos almas acercan sus labios para el instante de gloria.

Dos soledades se confunden por el cielo del asombro.

Dos palabras se demoran siglos.

Dos lejanas orquídeas tiemblan, ¡cómo tiemblan!

Las campanas son del otro reino que idolatra la materia.

Prevaleces revoloteante, desdoblado en el congénere,

yendo y volviendo por su inocencia.

No entierro y sí fiesta, sí respiración besando la viña,

sí el turno que corona con súplica alegre.

Giras tu cabeza de Crucificado y la pasión no muere.

Vuelve el rocío, la cueva se abre con vida adentro.

Hay que celebrarlo todo,

olerlo todo al interior del cáliz o del misterio gozoso

que echa chispas sobre la manzana.

Te hospedas al fondo, obediente de atentas consideraciones.

Te levantas pastoreando el fuego encendido.

Te acuestas arrodillando los besos.

Está tejida tu voluntad para demorarse en el origen,

en el espaldarazo de la sangre sin mortaja, en el entusiasmo

del tallo sucesivo, otra vez en la niñez creciendo deprisa,

otra vez en la madurez de las esencialidades.

Una voz errante progresa entre pechos y manos en alabanza:

así la brújula enloquece por el pozo constelado,

por el insistente llamamiento.

Ebrio de lo humano vas hacia lo divino,

lo invocas para compartir la realidad y el sueño,

la estallante rebeldía de la carne

queriendo estar ya en la ingrávida pradera del Espíritu.

Dos sinfónicos aleluyas por tan deleitoso encuentro.

Dos cánticos entre la tempestad que crece desde la sangre.

Dos cuerpos conquistados para lo indecible.

Dos vislumbres, dos antelaciones de la luz.

Alcanzas la cima para tender un puente a lo infinito.

Te volteas con las pupilas engrandecidas

y abandonas el orbe que te atrapaba.

El movimiento era eso: sembrar la ardiente semilla

en el cuerpo regocijado

y luego, germinada la tierra, extraviarse

para ver lo que hay al otro lado.

 

¿Dónde estás ahora? ¿En qué predios trasvasas tu poder?

 

 

 

DE ‘LOS ÉXODOS, LOS EXILIOS’

 

 

EL VIAJE

 

Yo sé que en este viaje llevas el corazón hecho pedazos

y sé que vas diciendo

que hay algo más irresistible a toda advertencia

impidiéndote remontar caminos.

 

Un rayo ardiendo en la noche

para sacar brillo al campanario de tu necesidad. Yo sé

que ahora dudas del inmenso ojo de la vida,

¡así, con tu puño lleno de hojas secas!, ¡así, con un palo

haciéndose ceniza!, ¡así, blasfemando hasta que

se te calienta el cráneo!

 

El pecho jadeante de la espera, lejos de varitas mágicas,

cerca del sudor fronterizo sin signos de piedad.

Gritas: “¡Abridme! aunque no tengáis

simpatías por mi llanto!”.

 

Yo sé estás saliendo con una linterna desportillada

y sé que no te laceran las amonestaciones,

los vehementes reparos, el polvo que acumulas en tus

venas. ¡Cuánto

padecer por las lejanías! ¡Cuántas

razones para ir en pos de etéreos trofeos!

 

Como un hombre enceguecido

esperas múltiples crucifixiones: allí, allí, allí…

Gritas: “¡Concededme un abrevadero donde mis labios

sacien sus deudas!”.

 

Yo sé que en este viaje llevas el corazón hecho pedazos.

 

 

  1. Alfredo Pérez Alencart, anoche, leyendo para ‘Espacio, me has vencido’ (foto de José Iuris)
  2.  

 

BRÚJULA PARA OTRA TIERRA

 

 

I

 

 

                        ¡Cuidado!, no te confundas:

                        tener una casa no significa tener una patria.

 

Una casa, y luego nada,

o la invitación a partir pegado a la sombra,

trocado en ruinas todo cuanto apreciabas,

errante por el aire que no tiene color, por los campos

que redoblan tu orfandad sin aliviarte

los latidos más lentos que ningunos.

 

Tempestad y más tempestad en la otra existencia

a la que eres lanzado, cerca

de ningún lado de lo tuyo, roto el cordón umbilical

por un inesperado amanecer:

exhausto,

exhausto cuando tus pies pasan los puentes

y luego no hay reclinatorios

donde sollozar a cuentagotas, o soltar vagidos de niño

o de hombre enternecido.

 

No preguntes qué es la patria, porque sagradas

son las respuestas y pocos saben lo suficiente

de ese alucinado suelo que muchos tamborilean

de fiesta en fiesta.

 

                        Tocarán a tu puerta, y será la señal

                        y no habrá tiempo de elegir.

 

Una casa, y luego nada, aunque invoques dos veces

con labios limpios

y alces tu lámpara con rabia o mansedumbre.

 

                        Irás a patria ajena

                        y callarás

                        y aprenderás como un huérfano sin herencia.

 

 

 

 

DE ‘UNA SOLA CARNE’

 

 

PATRIA

 

He llegado a comprender

que en este mundo

mi patria verdadera

la encuentro

en el mapa de tu cuerpo.

 

No hay más patria

que tu entrega

ni hay más mundo

que este amor.

 

En la esposa del amor

está la patria.

 

 

 

 

DE ‘ENCUMBRA TU CORAZÓN’

 

 

LA POESÍA ALCANZA

 

 

Digamos

que habitamos una tierra ardiente

llamada Poesía,

 

que también es Voz

y es fruta viva

y es tallo

que a diario la gente descubre

creciendo ante sus ojos

 

o sonando cual amoroso violín

cuyas notas ruedan

por el mundo,

ya hechas Palabras

para ser sol en nuestras vidas.

 

Digamos

que en el principio era la Poesía

y que esta nos nutre

y nos alcanza,

 

así pasen dos lustros

o dos Milenios

 

(a Hugo Muleiro)

 

El poeta Juan Suárez Proaño, del equipo de El Ángel Editor