Las Villas al día

“Si quieres obtener buena producción tienes que estar con ellas como con un niño”, Jesús Moisés, agricultor

Estos días, los agricultores de Cantalpino y Arabayona se encargan de partir la patata para aprovechar al máximo la semilla, ya que supone un importante gasto en el cultivo

En Cantalpino, Arabayona y prácticamente todos los términos municipales del noreste de la provincia los agricultores ya están de lleno con la siembra de la patata. Mientras que los cereales van pidiendo agua, en estos términos patateros piden una tregua al cielo que les permita sembrar el tubérculo, sobre todo teniendo en cuenta que en algunas parcelas aún tienen dificultades para entrar.

En las naves de Cantalpino y Arabayona hay agricultores preparando la semilla partida. Este trabajo lo hacen mujeres y hombres con una destreza especial. Es difícil encontrar buenos cuchillos o navajas, se queja Jesús González Martín. Esto sucede porque la semilla de patata siempre puede portar algo de arena o tierra y no son pocos los kilos que tienen que preparar. Este agricultor en concreto tiene tres semanas para partir miles de kilos de patata, dice que 35.000 de la variedad ambra, que es una de las cinco variedades que verá florecer en sus parcelas y las de su hermano. Tienen previsto sembrar, entre ambos, unas 50 huebras. La dosis estimada es de 650 a 750 kilos la huebra. Hay que tener en cuenta que dos huebras y un cuarto hacen una hectárea, o lo que es lo mismo, una huebra son 4.444 metros cuadrados, explica el agricultor. En opinión de este labrador, Cantalpino y Arabayona son de los pocos pueblos en que más patata se parte a mano.

El terreno favorece la siembra de patata en estos dos términos municipales, por sus características, ya que es más bien ligero o arenoso. La otra posibilidad es utilizar patata entera, más pequeña, pero que es mucho más cara. Es decir, según la información facilitada por Jesús González, un kilo de patata entera viene a costar entre 1,7 o 1,8 euros el kilo, mientras que la que se siembra partida se acerca al euro. Esta última requiere el trabajo de partirla a mano. Además, para terrenos fuertes no es recomendable, porque puede entrar el aire entre los terrones y secar la semilla. “En Cantalpino y Arabayona, terrones no hay”, apunta el agricultor. De este modo ya están ahorrando gastos. En estas localidades son expertos hortelanos y saben mimar el cultivo, aunque hay muchos factores que pueden ayudar a incrementar la rentabilidad, entre ellos se encuentra el buscar la mayor producción posible por hectárea. Hay quienes optan por realizar más tratamientos, en este sentido Jesús González no está a favor, porque bajo su punto de vista “porque trates más la patata no vas a obtener más kilos”. En el resto de las tareas, prácticamente los agricultores coinciden.


El agricultor cantalpinés Jesús Moisés siembra con su hermano en torno a 52 hectáreas de patatas en su pueblo y en El Campo de Peñaranda. Tras la siembra pasan el cultivador estanqueador, echan el abono de cobertera, sulfatan con herbicida y “a regar”. A partir de ahí, mejor dicho, desde que ponen la semilla de patata en la tierra, la atención se centra en el cultivo. Desde el punto de vista de Jesús Moisés no hay otro secreto para obtener la cosecha más abundante. “Tienes que estar todo el tiempo con ellas, tratarlas con mucho mimo”. En Cantalpino y Arabayona saben muy bien que, si quieren “tener buena producción desde luego que hay que hacer, es estar con ellas como con un niño”, subraya este agricultor. Los dos agricultores que han aportado su testimonio para estas líneas, Jesús González Martín, y Jesús Moisés, son socios de la Cooperativa Aranpino. Ambos siembran variedades de patatas en atención a las recomendaciones de esta sociedad. De esta manera Aranpino controla la producción y salida de las alrededor de 450 hectáreas que cultivan sus socios principalmente en Cantalpino y Arabayona, aunque también forman parte de esta la Cooperativa de Tarazona de Guareña.