En Semana Santa, ir a lo esencial

     Los ricos necesitamos, de vez en cuando, ir a lo esencial, no sea que se nos nuble la mente con tanto lujo y confundamos churras con merinas. ¿Rico yo, si no llego a fin de mes, si a causa de la pandemia he perdido el curro? Se quejará más de uno…Y con razón. Pero eso no quita para reconocer la realidad y ver que estamos en una región privilegiada del planeta y que para sí quisieran nuestra pobreza un montonazo de millones de seres humanos.

     Por otra parte, dado que vamos a estar en Pascua dentro de 5 días, el sábado por la noche, antes de las 21,59, en que hará media hora que habrán tenido que finalizar las Vigilias Pascuales, la celebración religiosa cristiana más importante, más desconocida y menos valorada por el común de los cristianos –no me refiero a los ancianos, a los enfermos, a los que curran en turno de noche en el hospital, en el transporte o en otros muchos servicios que se están probando como esenciales durante la pandemia. Digo, dado que vamos a empezar el tiempo de Pascua, los cristianos tenemos la obligación de ver la botella medio llena. O de otra manera, que hay cosas que nos pasan, o nos buscamos, que pueden ser muy peligrosas para nosotros, pero que, a la larga se revelan no solo como algo malo, sino también como una ocasión de gracia, una oportunidad para caer en la cuenta de lo que es verdaderamente importante. Lo esencial del título.

     Un ejemplo aclarará algo: no somos pocos los pacientes de cáncer y de otras enfermedades graves que vivimos la enfermedad como una oportunidad de oro que nos ha permitido valorar lo verdaderamente importante en la vida: la familia, los amigos, el aroma del jardín en primavera, aunque la sangre esté alterada por la enfermedad; Dios mismo también nos parece estar más cercano, sea en la forma de queja, estilo Job, o de agradecimiento, como los salmos, o de puro goce y alabanza regalados, en infinidad de páginas de la Biblia, de los poetas y de los místicos; o asaltados de lleno por la fragilidad, se nos impone la identificación con el polluelo, defendido del frío y de los depredadores por las alas plumosas, tiernas y fuertes, maternales de Dios.

     Para una persona, hombre, mujer, niño, joven o mayor, lo más esencial es nuestra dignidad. La dignidad es esencial porque nos diferencia de lo indigno y de lo irrelevante, de lo que no tiene conciencia. Pero la conciencia, donde anida nuestra dignidad, es una plantita delicada, aunque con raíces fuertes. Voy a intentar otro ejemplo: para el mundo cofrade y, para los cristianos en general, acostumbrados a determinados estilos de vida y de celebración, pudiera ser que esa misma costumbre nos confundiera y llegáramos a pensar que lo esencial es cargar bajo un trono de Semana Santa, o ir a misa todos los domingos, sentirse acompañado, miembro de una comunidad con cara y ojos y estrechar la mano de la vecina del banco en el momento de la paz.

     La pandemia nos está enseñando que lo esencial, lo que recarga nuestra dignidad, es la relación directa con Dios en la oración, esencial es la Sagrada Escritura, la Biblia, que nos da infinidad de pistas para avanzar espiritualmente ahorrándonos errores flagrantes. Muchas familias están descubriendo que esencial es también transmitir la fe y los valores a los más pequeños, aumentadas por decreto-ley las horas de convivencia familiar; esenciales para mantener una sociedad con una vida digna son también nuestros mayores, transmisores de la vida y la sabiduría y cuya existencia garantiza que, así, en general, no vamos a dejar tirados en la cuneta a los más débiles, abandonándolos a su suerte o recetándoles una inyección o pastilla del olvido…perpetuo, dentro de poco más de dos meses, cuando la ley de kako-tanasia se implante definitivamente (para los de ciencias y los que hayan olvidado el griego: kakós significa “malo” y tánatos “muerte”…Ley de kaka-tanasia podríamos decir también).

     Desde un punto de vista cristiano, esencial es también la celebración de los misterios de la fe en comunidad semana tras semana –la fidelidad es un grado en el amor-, no sólo en Semana Santa, que es la principal semana pero, dada la fragilidad de la memoria humana histórica ¿Qué fuerza esencial, distintiva, puede tener una semana si se borran las otras 51 semanas del año? Esencial es la formación –se puede ser inculto y cristiano, pero en la medida de lo posible se debe participar lo más posible del Logos (cf. el Prólogo del Evangelio de Juan); y así, es esencial, por ejemplo, distinguir entre el altar, que es esencial, y la imagen, que no lo es-; lo más esencial, tal como anda el patio, es la caridad, o sea el Amor gratuito que mueve el planeta y el Universo y pueden transformarlos en algo más habitable, donde a Dios le sea más fácil regalarnos su Reino. Por no teorizar mucho: la mayor parte de las Cofradías de Sevilla viven la caridad durante las 52 semanas del año creando y sosteniendo obras e iniciativas sociales en favor de los más pobres…Porque el movimiento –del Amor- se demuestra andando.

     Aprovechemos, pues, la pandemia para ir a lo esencial.