Kafka en la Agencia Tributaria

   Kafka no era ficción. Estamos en un mundo donde somos minúsculos seres indefensos en manos de grandes instituciones que no nos escuchan, ni nos hacen caso en nada, ni nos preguntan nada. Y desde luego no nos responden nada. Vagamos de aquí para allá buscando  como agrimensores al jefe del Castillo que en teoría nos contrató pero que ahora nunca quiere vernos.

     La Agencia Tributaria es una enorme maquinaria inhumana. Te obligan a ir a internet y te meten en una web donde hay clasificaciones y clasificaciones de las clasificaciones. Y si tú no quieres ninguna de esas clases, si necesitan decir algo que   no está en esos catálogos abstractos, te jodes y te callas. Nadie da la cara, no hay caras, solo esa maquinaria impersonal e inhumana. Si quieres contactar te mandan a preguntas frecuentes en las que no está tu pregunta, o te mandan a un teléfono que nadie contesta nunca, o te mandan a un email que te manda a preguntas frecuentes y al final te lleva al email del principio. Es el mito de Sísifo. Son métodos propios de una dictadura.

      Se ponen inflexibles con los de abajo, hacen un recuento mezquino y mecánico. Se ceban con las clases medias y bajas, se enteran de manera mezquina de lo mínimo que tengas. A mí me pagaba un periódico 75 euros al mes. Y bien que se enteraban y bien que me retenían.  Seguro que tienen agentes para apuntar las limosnas a los mendigos. Pero en cambio no pueden hablar contigo en persona. Eso es el Estado tacaño y miserable. Aunque vivas muy modestamente te sacarán hasta las entrañas. Mientras los bancos siguen siendo los bancos y los millonarios siguen siendo los millonarios.       

       Todo es ferozmente mecánico y frío. Dejan los cálculos a máquinas tontas que deciden según baremos absurdos. A veces si cobras de dos sitios, aunque en total cobres menos, te hacen pagar mucho más. Es todo kafkiano.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR