¿Por qué nos gustan los libros?

Hay infinidad de respuestas para esa pregunta. Nos gustan porque nos ayudan a descubrir otras realidads, nos entretienen, desarrollan nustra imaginación y creatividad, nos acercan puntos de vista diferentes e incluso argumentos sorprendentes que nunca habríamos pensado. Con ellos crecemos y aprendemos palabras nuevas, los introducimos en nuestras rutinas y hablamos sobre ellos, o con ellos hablamos sobre lo que nos rodea. Pasamos tiempos de calidad en librerías, bibliotecas y respiramos tranquilos cuando tenemos uno entre las manos. A veces porque buscamos respustas, otras porque no queremos hacernos mas preguntas. Y entre todas estas razones ayer descubrimos esta breve reflexión (de autor deconocido) que las condensó en una sola frase:

Cuánta razón tiene. Un libro puede salvarnos en un momento complicado porque al abrir sus páginas nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos a través de las palabras de otro; o porque encontramos a otros que nos invitan a olvidarnos de lo que somos o tenemos. Poder infinito, el del libro. ¿Y sabéis por qué? Porque antes de llegar a esas páginas las palabras formaron parte de la historia de alguien, fueron contadas, fueron vividas, fueron soñadas. Estamos hechos de historias que, día a día, nos hacen ser lo que somos y, para bien o para mal, forman parte también de la vida de otros. No estamos solos en esto. 

Estamos hechos de libros. Los que leimos, los que nos quedan por leer, los que nos leyeron de pequeños, los que escogemos cuando crecemos. Somos lo que leemos, y así lo resumió a la perfección Elvira Lindo en este precioso texto que desde hace unos meses adorna el escaparate de Unpuntocurioso en Salamanca. Lo compartimos para darle la bienvenida al domingo y recordar que quien no lee, como decía Umberto Eco, “a los 70 años habrá vivido una sola vida, ¡la propia! Quien lee, habrá vivido 5000 años: Estaba cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito… Porque la lectura es la inmortalidad hacia atrás.” 

Gracias, 

Rebeca Martín