La “alegoría” del dolor 

Tiene Salamanca una de las más bonitas “alegorías” del dolor que un escultor haya podido plasmar en la madera. Esta talla no es otra que la Virgen de los Dolores que se conserva en la Capilla de la Vera Cruz. Hoy es Viernes de Dolores y no voy a dejar escapar la oportunidad de esbozar unas palabras cargadas de conocimientos leídos y escuchados por ahí.

Yo soy una persona a la que le pirra la Historia del Arte. Y, por esto, estoy muy agradecido de haber nacido en Salamanca, que guarda con esmero cada una de sus piezas de arte. La Capilla de la Vera Cruz, aledaña al Parque de San Francisco, acoge uno de los mayores tesoros artísticos de la ciudad. Obviando el magnífico retablo mayor de Joaquín de Churriguera complementado con la Inmaculada de Gregorio Fernández, voy a centrarme en la Dolorosa del valenciano Felipe del Corral. Esta portentosa imagen de principios del Siglo XVIII  ocupa un espacio en el corazón de sus devotos. Representa a María, madre de Jesús, sedente al pie de la Cruz. Esta posición denota su desamparo tras ver la crucifixión de su hijo. La Virgen lleva su mano derecha al corazón atravesado por siete espadas en representación de los Siete Dolores, mientras que la izquierda acaricia el aire y sostiene un pañuelo. Tiene la mirada perdida en un cielo que se rehúsa a contestar sus preguntas. Las lágrimas recorren sendas mejillas. Para mí, la Dolorosa de la Vera Cruz es por antonomasia la mejor imagen que representa el Dolor de la madre al pie de la Cruz. Aunque sea bien sabido que Corral se basó en las Angustias vallisoletana de Juni (composición piramidal, misma posición, voluminosos pliegues, los cuchillos ya en desuso de las Angustias por su conservación), nuestra Dolorosa nada tiene que envidiarle. Empecemos por la parte más llamativa, las espadas. Las espadas constituyen la mejor metáfora del dolor existente. Siete largas espadas que confluyen en el corazón y lo hieren letalmente hasta dejar postrada y exangüe a María. Pareciera que no existiese dolor como el suyo. Continuemos con el rostro. Éste, de dulce desaliento, enternece con la pureza de su llanto a aquel que la contempla. No está tan desgarrado de dolor como vemos en las Angustias de Juni, sino que llama a la piedad popular con la fineza de sus facciones. Al propio Unamuno desde el balcón de su casa, cautivado por la tribulación de la imagen, “le pareció ver a su patria” (Hace nueve días, el Viernes de Dolores, la vi otra vez, según pasaba aquí, bajo mi balcón, llevada en hombros de devotos, mirando al negro cielo de la noche con ojos lacrimosos. La expresión de dolor, eternizada en ella por el arte, era algo sereno, noble, reconfortante. Me pareció ver a mi patria"). Además de esto, la Dolorosa también apareció en sus palabras sobre el otoño: “Ya estarán, amigo Cándido, cayendo las hojas en aquel campo de nuestros ruiseñores. ¿Has ido a oírlas caer? También las oye caer la Dolorosa de la Vera-Cruz”. Sigamos ahora con su relevancia en la sociedad de la región. Según cuenta la leyenda, la imagen fue llevada en procesión desde Madrid haciendo parada en cada pueblo para que se pudieran terminar las reformas pertinentes en la capilla y así poder  albergar a la Virgen. Prueba de esto, la vecina insigne de Rasueros (Ávila) no es otra que una dolorosa de gran similitud a la salmantina, compartiendo los mismos rasgos iconográficos. Es probable que el autor de la rasuereña se inspirase en la de Felipe del Corral en una de las paradas. Y, sin irse más lejos, la Dolorosa de Alba de Tormes también continúa con la misma iconografía. El escultor Alejandro Carnicero realizó un sofisticado grabado en una plancha de cobre a modo de Verdadero Retrato de Nuestra Señora de los Cuchillos de Valladolid, aunque con solo verla, nos damos cuenta del error y que se refiere a nuestra Dolorosa. Los rasgos son inconfundibles. Ya para finalizar, es destacable su policromía, brillante en el rostro y apagada en el manto. Los colores escogidos son los más adecuados y representados durante la Historia del Arte, lo que hace a la Virgen fácilmente reconocible. Por no hablar del simbolismo de los colores según la perspectiva. El azul denotaba la riqueza, por el coste elevado de los pigmentos. Pero en el cristianismo, el azul se reserva a las divinidades, así como el rojo para la humanidad (ejemplo: “El Descendimiento de la Cruz” de Rogier van der Weyden, con San Juan vestido únicamente de rojo y la Virgen María completamente de azul). Así pues, María viste de rojo por su humanidad y con manto azul por su divina maternidad, dándole también connotaciones de virginidad y piedad.

Actualmente, Nuestra Señora de los Dolores se encuentra en su magnífica carroza procesional. Es un momento adecuado para acercarse a la Vera Cruz y conocer su patrimonio artístico, reflexionar ante sus imágenes y aprender un poco de Historia, que siempre viene bien. Es tiempo de Semana Santa. 

Fuentes:

https://www.salamancaenelayer.com/2020/03/imagen-dolorosa-de-la-vera-cruz.html

Unamuno, mensajero poético de Salamanca.Interés didáctico de las estampas salmantinas. Fernando E. Gómez Martín

https://www.diocesisdesalamanca.com/noticias/evangelizarte-dolorosa-de-alba-de-tormes/

http://www.archivalladolid.org/web/el-museo-nacional-de-escultura-expone-una-plancha-de-cobre-con-la-imagen-de-la-virgen-de-las-angustias-disenada-por-el-escultor-alejandro-carnicero/