...y quedarse (2/2)

¿Quién me iba a decir que un pedacito de soneto de Lope de Vega me serviría para titular dos artículos que no hablan de Fénix de los Ingenios?

 

Comentaba el otro día, generalizando, como no debe hacerse, que mis paisanos mexicanos critican mucho a su propio país aunque eso cambia si un extranjero –todo el que no haya nacido acá– hace algo parecido a criticar. También concluía, con una cierta sorna, que había que tener cuidado con hablar mal de los sitios, no fuera a ser que nos tocara volver… O quedarnos.

Como uno es analítico, o lo intenta, mis años en México y, claro, los viajes en ellos emprendidos, me ayudan a entender presentes y pasados, de acá y de allá.

Muchas campañas turísticas muestran el enfrentamiento, velado o no, entre quienes están pensando en reinventarse –o en sacar tajada, o las dos cosas– y quienes no ven muy claro que eso del turismo sea bueno, o al menos que haya que adaptarse a ello. O sea, visite usted lo que yo, el de acá, creo que es visitable, pero no pida nada más.

En los tiempos que corren, esto se ha exacerbado con las nuevas modalidades de turismo, con eso de intercambiar pisos y demás. Yo, la verdad, respeto pero soy de los que prefieren salir menos días y no hacer nada que cambiar una cocina por otra, una casa por otra.

En España, en la época de “Bienvenido, Mr. Marshall”, algunos ya se olían la tostada: empezaba a llegar gente pero Benidorm o Torremolinos no estaban ni inventados.

Imagino que hubo quien se dejó llevar, quien se hizo rico y quien se ahogó con la ola. Intuyo que algo así está pasando hoy con las nuevas realidades y propuestas pero también que pasa, en México, en lugares y zonas “no tan turísticas”.

Ya dije que México y España son potencias turísticas y tienen todo para seguirlo siendo… Pero creo que mis dos patrias deben, debemos, encontrar la fuerza para surfear, porque detener la ola creo que sería imposible.

 

Y claro, también podemos recordar a Lope de Vega, pero no pedacitos:

 

Ir y quedarse, y con quedar partirse,

partir sin alma, y ir con alma ajena,

oír la dulce voz de una sirena

y no poder del árbol desasirse;

 

arder como la vela y consumirse,

haciendo torres sobre tierna arena;

caer de un cielo, y ser demonio en pena,

y de serlo jamás arrepentirse;

 

hablar entre las mudas soledades,

pedir prestada sobre fe paciencia,

y lo que es temporal llamar eterno;

 

creer sospechas y negar verdades,

es lo que llaman en el mundo ausencia,

fuego en el alma, y en la vida infierno.

 

 

@ignacio_martins

 

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