Arte y naturaleza con los singulares huéspedes de la Isla del Soto 

El pájaro carpintero ‘Wenceslao’, elevado sobre un tronco de más de seis metros de altura; la garza ‘Adelita’ de casi cinco metros y el grupo de 28 hormigas 
La garza de casi cinco metros que divisan los transeúntes que se acercan a la isla por la Aldehuela. Fotos: TurismoSantaMarta

A tan solo 10 minutos de Salamanca se encuentra un rincón en el que la naturaleza es la auténtica protagonista. La Isla del Soto, el pulmón verde de Santa Marta de Tormes, es un paraje fluvial situado en el cauce del río Tormes. Un espacio natural de 14 hectáreas donde se puede pasear, realizar deporte, montar en bicicleta, observar la fauna y flora y disfrutar al aire libre con mascotas, además de practicar la pesca, en sus cuatro puestos habilitados para ello. 

Un espacio en el que además se aúnan arte y naturaleza, de la mano del proyecto de Arte Emboscado, impulsado por la Fundación Tormes EB, y las esculturas de animales de grandes dimensiones. Tres singulares huéspedes que desde hace varios meses se ha instalado en la Isla del Soto. Se trata de una garza y un pájaro carpintero, de hierro y varios metros de altura, junto a unas hormigas, también de considerables dimensiones, sobre unos maceteros de colores. 


No es el único aliciente para acercarse a descubrir este espacio natural, también están los  grandes lápices de madera y de colores.

En concreto, las manifestaciones artísticas que el espectador encuentra son el pájaro carpintero ‘Wenceslao’, elevado sobre un tronco de más de seis metros de altura, que está situado junto al puente que une la Isla del Soto con la localidad y que recibe a los visitantes que acceden por ese lado.

También, forma parte del proyecto una garza (la garza ‘Adelita’) de casi cinco metros que divisan los transeúntes que se acercan a la isla por la Aldehuela, y se suma un grupo de 28 hormigas (‘Matildas’) situadas junto al museo y que recorren los enormes maceteros instalados también recientemente.

Todas estas piezas son obras de la artista Coral Corona y están realizadas en hierro oxidado, material que con sus tonos marrones, ocres y rojizos "se entremezcla suavemente con el entorno".