Propaganda, descaro y agravio

El pasado día 4, con los restos aún humeantes de la escalada de violencia desatada en Cataluña -y en no pocas ciudades del resto de España-; con un país que necesita salir de una profunda crisis sanitaria mientras el sector de hostelería y del turismo claman por evitar la ruina total; y con una lastimosa campaña de vacunación que sigue costándonos demasiados muertos diarios, asistimos a la propagandística ceremonia de destrucción de algunas de las armas utilizadas por ETA para perpetrar más de 850 asesinatos.

Antes de nada, conviene aclarar conceptos. Ese arsenal es una parte exigua del armamento que manejaron los terroristas vascos, porque nunca una organización terrorista ha entregado voluntariamente su armamento. ETA no escogió el momento para anunciar su disolución. Fue algo que le impuso la realidad. Había sido derrotada, a pesar de lo desigual de una guerra en la que un bando ponía las armas y el otro sólo la ley, y la nuca. Después de no pocos sinsabores, había desparecido el santuario francés y aumentado la información sobre todos los comandos. Continuar con la acción terrorista era sinónimo de fracaso seguro.

Cara a la opinión pública, era preciso enmascarar esa derrota con alguna acción que devolviera el protagonismo a la banda terrorista. La primera ceremonia de entrega de una módica cantidad de armas, tuvo lugar en abril de 2017, cuando la banda indicó a las autoridades francesas la ubicación de tres depósitos con 120 armas y varias toneladas de material explosivo. Justo un año después, ETA anunció su disolución a bombo y platillo, “adornando” el acto con la entrega de un par de docenas de armas cortas y alguna munición. Todo ello quedó en poder del gobierno francés.

Ni que decir tiene que no se pudo detener a todos los terroristas ni, por lo tanto, requisar todas sus armas, que no eran pocas. Así pues, lo destruido ahora en Valdemoro no ha sido solamente lo que nuestras fuerzas de seguridad han confiscado a los comandos desarticulados. En todas las Comandancias de la Guardia Civil existe una Intervención de Armas donde se encuentran depositadas las intervenidas a los delincuentes comunes y las que entregan los profesionales autorizados para portar armas, cuando finaliza su etapa de actividad. Periódicamente se organizan subastas para que puedan acceder a ellas quienes estén autorizados. Las sobrantes se inutilizan. Mirando con detenimiento las imágenes ofrecidas por TV, allí había tres “parvas” donde podían distinguirse escopetas de caza, carabinas de aire comprimido y fusiles de la época de Prim, que, tal vez, fueron incluidas para hacer bulto.

Hemos esperado más de 10 años para intentar – que no conseguir- borrar el recuerdo de la banda terrorista. Ahora le ha entrado prisa a Sánchez que ha montado un acto con el que su gobierno pretende ser el protagonista de la victoria final del Estado. Es el suyo el primer gobierno en cuyo mandato no hemos sufrido ningún atentado de ETA. La única actividad relacionada con la banda que ha distinguido a este gobierno ha sido su denodado empeño en trasladar a prisiones del país vasco a más de 150 terroristas condenados por delitos de sangre, y nunca arrepentidos.

Después de tolerar homenajes que reciben continuamente los que vuelven a sus hogares tras cumplir la condena -hasta nombrar a más de uno hijo adoptivo del lugar-;  después de mirar para otro lado cuando se sigue haciendo la vida imposible a las víctimas de los asesinados, o a quienes se declaran contrarios al terrorismo; después de negociar con los amigos de esos terroristas para poder gobernar con cierto sosiego; después de darlos el pésame cuando un terrorista se suicida en prisión; después de decir que son personas con más sentido del Estado que las fuerzas a su derecha; después de todo eso, tenemos que oír cómo Sánchez –que nunca se ha distinguido por su diálogo con las víctimas- se atreve a afirmar que lo importante es la memoria.

Si tuviera algo de esa memoria que predica y, sobre todo, si le quedara algo de integridad moral, nunca se habría sentado a negociar con los que decidieron acabar con la vida de varios compañeros de partido, y no se arrepienten de ello. Ya no es que le exija la salvaguarda del honor del país que representa – eso ya sabemos que le importa un bledo-, es que no se entiende cómo se lo permiten quienes conservan el recuerdo de los compañeros que dieron su vida por acabar con esa lacra ¿Dónde están ahora?

De poco sirve que haya más de 300 asesinatos de ETA cuyos responsables   están sin juzgar, entre otras razones, por la nula cooperación de los presos encarcelados y los que fueron puestos en libertad. Es mucho más importante el aparato de propaganda montado por la Moncloa y, como dijo el viejo fraile, “todo es bueno para el convento”. Cuando arrecia la tempestad, hay que distraer a los marineros con alguna película de dibujos animados. Y Pedro montó su set particular en Valdemoro.

Si hay un colectivo que ha sufrido más que ninguno el zarpazo de ETA, ese ha sido, sin duda, la Guardia Civil. Aprovechado la ocasión para homenajear a los muertos, el marco era perfecto. Se invita a todos los responsables de esa batalla, que se prolongó cincuenta años, y a representantes de todos los organismos que sufrieron bajas. La solemnidad del acto merecía otros honores –que brillaron por su ausencia. Prueba del tufo propagandístico, fue la ausencia de todos los ex Presidentes del Gobierno, y la de esos representantes de las víctimas que tanto habían protestado el    compadreo de este gobierno con los verdaderos verdugos –protestas que nunca fueron escuchadas. Para hacer más bochornosa la ceremonia, tampoco asistieron los ministros de ese apéndice canceroso que acompaña a Sánchez, así como los representantes de los partidos que posibilitaron su nombramiento y ahora pretenden cobrárselo.

Por cierto, hablando de memoria, de honor y de conciencia, conviene recordar a varios componentes del Consejo de Ministros/as que aún está en vigor el RD 707/ 1979 por el que se establece la fórmula de juramento en cargos y funciones públicas:

Juro, o prometo, por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de ……..con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución  como norma fundamental del Estado”

Como todos/as pronunciaron estas palabras apoyando su mano sobre un ejemplar de la Constitución, a quien deja de cumplir alguno de estos requisitos, una de dos, o prestó juramento consciente de que no lo iba a cumplir, en cuyo caso se podía hablar de prevaricación, o el incumplimiento ha sido sobrevenido, y hablaríamos de perjurio. En cualquier caso, de quien se ha pasado por el arco de triunfo preceptos y normas que están atentando contra la paz, la unidad y el bienestar de España, nada puede ya extrañarnos.