Las sinsombrero… autenticas feministas

Todos conocemos como a final de los años 20 surge la Generación del 27, Lorca, Buñuel, Dalí, Alberti; nombres que todos reconocemos, del mismo modo que conocemos la importancia de su legado. Tan conocidos son ellos como invisibles ellas. Un grupo de mujeres que entraron sin complejos en el mundo artístico e intelectual de la época desafiando las tradiciones sociales y culturales. Su historia es importante para entender un país que nunca las reivindicó. El grupo fue formado por Ernestina de Champourcín, María Teresa León (fue la esposa de Rafael Alberti) Concha Méndez, María Zambrano, Rosa Chacel, Nacidas entre 1898 y 1914. Formaron el grupo de “LAS SINSOMBRERO” El nombre se debe al gesto de quitarse el sombrero en público.

 Rosa Chacel Arimón; Valladolid, 1898 - Madrid, 1994. Escritora cuya obra se inscribe en la literatura española del exilio, etiqueta que incluye a aquellos escritores que, se vieron obligados a establecerse en el extranjero y publicaron allí la mayor parte de su obra. Vinculada inicialmente al grupo de la Revista de Occidente dirigida por el filósofo José Ortega y Gasset, se dio a conocer como novelista en 1930 con Estación, ida y vuelta, cuya forma y estilo la aproximaron a un tipo de objetivismo descriptivo que años más tarde caracterizaría el llamado nouveau roman de Alain Robbe-Grillet. Pasó varios años en Italia estudiando arte, lo que sin duda influyó en su gusto por el detalle del espacio dentro del cual se mueven sus personajes. Tras la publicación en 1936 del libro de sonetos A la orilla de un pozo, la guerra civil la llevó a exiliarse en Buenos Aires.

En esa ciudad publicó en 1941 Teresa, novela inspirada en la amante del poeta romántico José de Espronceda, quien la retrató en su "Canto a Teresa". Iniciado en 1930 e influido por las vicisitudes del exilio, este libro recrea las miserias de la sociedad y describe sin concesiones "el aullido nocturno del romanticismo", como la misma autora afirmó, hizo de Teresa el arquetipo del subsuelo romántico: endiosamiento, aventura, riesgo, crueldad, ambición y, sobre todo, imaginación entroncada con la realidad, lejos de la literatura y del brillo socia. La construcción narrativa se fundamenta en una sólida prosa descriptiva y en una cuidada composición psicológica de los personajes, con la que respondía a la máxima orteguiana de inventar "almas interesantes" antes que acciones.

Maruja Mallo, fue, en sí misma, un anacronismo. La España que la vio nacer no estaba preparada para una mujer tan libre e independiente. Transgresora en el vivir, en el hablar y en el pintar, su persona era motivo de asombro, indignación y persignaciones por parte de una sociedad mojigata incapaz de no escandalizarse ante sus provocaciones. Aunque a ella poco le importaba. Su pecado original era ser libre, y su gran talento, el de romper con todos los esquemas y convenciones.

Hereje, blasfema y emancipada voluntariamente de un mundo en el que no encajaba, con su estética transgresora y su arrolladora personalidad fue capaz de deshilachar las cuerdas de la hegemonía que la ataban: a su casa y a sus labores, haciéndose un merecido hueco en el mundillo del arte del siglo XX

¿Por qué se llamaron LAS SINSOMBRERO: Era un acto de rebeldía, pretendían simbolizar como llevar sombrero era una construcción social que representaba cómo sus ideas e inquietudes estaban tapadas. La respuesta pública no se hizo esperar y Maruja Mallo lo relata como si quitarse el sombrero fuera una manifestación relacionada con la homosexualidad.

En ocasiones la historia que aparece en los libros tiene puntos ciegos, especialmente en la literatura, la historia tiene que completarse, necesita contarse entera; no puede suponer solo un listado de hombres que han participado y creado como si las autoras, pintoras o compositoras no hubieran existido.

      Concepción Méndez Cuesta nació en Madrid el 27 de julio de 1898. Escritora  y poetisa Procedía de una familia rica y fue aficionada a los deportes, destacando en gimnasia y natación, llegó a ser campeona en natación. Estudió en un colegio francés..      Pasaba los veranos con su familia en San Sebastián. En este lugar conoció al que fue su primer novio, Luis Buñuel, en 1919. Durante los siguientes años Concha se relacionó con Luis Cernuda, Rafael Alberti y Federico García Lorca. Pero también con la pintora Maruja Mallo, intimas amigas.

   Su primera obra fue publicada en 1926, Inquietudes. Durante los años siguientes publicó varias obras, que se vieron influenciadas por Maruja Mallo, con quién además compartió lo que ella llamo, su primer exilio.

Abandonó la casa de sus padres siendo muy joven, lo que la llevó a viajar por muchos sitios. Londres a Montevideo, Buenos Aires, donde tuvo contacto con Guillermo de Torre, un escritor y crítico que dirigía la sección de letras del diario La Nación, sitio donde comenzó a publicar poemas cada semana. Mientras vivió en Buenos Aires trazo una amistad con Consuelo Borges y Alfonsina Storni. Este periodo que permaneció fuera de España, Concha lo llamó su segundo exilio.

Con la llegada de la República regresó a España y se instaló en Madrid. Allí comenzó a frecuentar el café Granja, El Henar donde se solían realizar tertulias. Fue en este lugar donde Federico García Lorca le presentó a un impresor malagueño, Manuel Altoaguirre, con quién se casó poco después.

     Junto a su marido crearon la primera imprenta La Verónica en la habitación de un hotel de Aragón. Allí empezaron a editar la revista Héroe, dicha revista contó con la participación de Unamuno, Pedro Salinas, Jorge Guillén y Juan Ramón Jiménez.

Mientras tanto, Concha comenzó a tener un interés especial por el teatro infantil y el cine, aunque no llegó a publicar nada relacionado con estos temas. Entre 1933 y 1935 vivieron en Londres y durante ese periodo perdió un hijo, en 1935 nació su única hija, Paloma.

      Junto a su marido que era impresor, se dedicaron a publicar obras de los que pertenecían a la generación del 27, llegando a editar revistas como Poesía, 1016 y Caballo Verde para la Poesía. .En una entrevista a Concha Méndez, ella habla directamente de cuántas veces reivindicó que en las antologías de la generación del 27 las mujeres eran siempre excluidas.

A pesar de no coincidir en muchos aspectos, la relación entre estas mujeres fue muy estrecha, Les unía la lucha común contra una sociedad que las rechazaba y ninguneaba..

Si tenemos en cuenta todas sus creaciones de las mencionadas escritoras, podríamos hablar de la generación de oro de las mujeres en España. Fue el eslabón perdido de la cultura femenina de nuestro país. Es nuestra responsabilidad, hoy, conocerlas, leerlas, admirar su obra y difundirla, porque solo cuando consigamos su reconocimiento al mismo nivel que el de los hombres de su generación, habremos conseguido poner la primera piedra sobre la igualdad que deseamos construir. Estas mujeres sí fueron reivindicativas sobre la igualdad entre hombre y mujer, no feministas de salón. Como ocurre, hoy, manipuladas por ideas, no por ideales.