Fernando Sánchez Gómez, música instrumental para escribir las Crónicas de Otro Mundo

Tiene Fernando un aura armoniosa, una sonrisa entregada a la causa de la música salmantina que ha defendido incansablemente desde los años 90 hasta hoy en los periódicos, las ondas de radio, los colectivos, las páginas web y las jornadas. Es en la difusión generosa de la música de los otros, donde todos conocemos a Fernando y donde ahora suena el eco de su propia música: un proyecto que es códice para relatar la historia desde su visión comprometida, desde su conocimiento siempre original y autodidacta. Música que quiso viva a través de músicos que se sumaron al relato de sus crónicas en el eco sordo de la pandemia: mapas, partituras, viajes alrededor de un teclado, portulanos entrecruzados de paralelos y meridianos, cartas de navegación escritas con la tinta del esfuerzo, la tenacidad y la música compartida. Aura de notas y cartografía de una inspirada Carmen Borrego al alcance de la mirada sonora en www.cronicasdeotromundo.es.

Charo Alonso: Fernando ¿Cómo es tu proceso de componer música?

Fernando Sánchez: Esta es una suite conceptual, por eso lo primero es pensar en el concepto que quiero reflejar y ver cómo lo desarrollo, qué instrumentos quiero incluir. Luego ya se trata de ponerte en ordenador a sacar armonías, ritmos, melodías e ir mezclándolo todo. Trabajo con una parte de improvisación y otra de laboratorio porque hay que combinarlo todo y comprobar que funciona. Ya sabéis, que venga la “MusSa” y te encuentre trabajando.

Carmen Borrego: ¿Cuánto tiempo tardaste? ¿Te influye algo especial a la hora de componer?

F. S.: Un par de años de maduración en barrica de roble. Al principio todo fue muy lento, pero con el confinamiento se fue acelerando. A mí me influye estar centrado en lo que quiero contar, ir trabajando con una melodía o una base rítmica y reutilizarla, ya que es una obra de once partes con una unidad. Pruebo la misma melodía con una voz o con distintos instrumentos, como la gaita salmantina del folclorista José Ramón Cid Cebrián o la flauta de Pablo González, por ejemplo. Otras veces me siento en el teclado musical y a ver qué sale… Incluso en alguna ocasión las melodías me han llegado paseando y las he grabado en el móvil para no olvidarlas.

C.B.: Te lo pregunto porque yo a veces trabajo de noche y de dormida. Me acuesto pensando en algo que no me sale, me despierto y apunto.

Ch. A.: Es que el diseño gráfico de este disco te provocaba pesadillas, Carmen.

C.B.: ¡Jajajaja, casi! No pillaba el concepto y tuve que volver a repasar aquellas fotos de México de Fernando y ver lo que él vio me ayudó. Me gustaba la música, pero la idea se me resistía. Solo tenía claro, porque trabajo mucho este aspecto de los colores en el diseño, ese azul que trasmite tranquilidad, generosidad, genio…. 

F.S.: Yo estaba más decidido por el dorado de la piedra de Villamayor salmantino, con ese color del vítor de los símbolos de cada parte del disco. Todo está muy trabajado, diseño y música y eso es importante porque cada aspecto tiene una profundidad, un significado. El disco hay que escucharlo desde esta perspectiva.

Ch.A.: Es una suite conceptual que recorre la historia de una civilización sospechosamente parecida a la nuestra ¿Cómo se trasmite esto a través de la música?

F.S.: Ese es el concepto. Por ejemplo, en “Confusión y conflicto” hay un vibráfono que toca Paco Tejero, el batería, disputándose el protagonismo con el saxo y el piano ¡Cómo no iba a haber lucha si retrata el siglo XX, las guerras mundiales, el 68! La música tiene que representar lo que yo quiero que represente y ya tengo “La Ilustración” para una pieza de cámara muy ordenada y clasicista. Yo veo este trabajo como un palimpsesto donde contar la historia de las civilizaciones desde mi perspectiva crítica. El concepto está basado en las culturas que hablan de un instructor que viene del cielo que te enseña a cultivar, a medir el tiempo, la distancia de los astros. Ese tema de los alienígenas, del observador, el visitante que nos entrega el fuego, es muy sugerente. 

C.B.: Es un trabajo de madurez, Fernando.

F.S.: ¡Eso espero! Y una crítica feroz a la sociedad. A mí siempre me habían interesado las culturas antiguas. Tengo un espíritu documentalista y fotografié este personaje en el Museo de Antropología de la Ciudad de México, un danzante zapoteca o mixteco que parece que está ahí con su rollete en medio de las cartas de navegación y los jeroglíficos mayas. Carmen, has hecho un trabajo increíble en el diseño de este disco.

Ch.A.: Se está riendo de todo con su guitarrita, Fernando… ¿Cantas en la ducha? 

F.S.: Le hemos puesto una guitarra eléctrica como la Stratocaster que usaba Eric Clapton. Y no, en la ducha no, canto en el coche porque hay un público cautivo. ¿Lo dices porque no hago canciones con letra? Las escribí en los 80 o 90 y dudo mucho que fueran buenas, por eso prefiero centrarme en la música instrumental donde la música tiene valor en sí misma y es un lenguaje más abstracto y abierto a interpretaciones. El oyente juega un papel más activo y es más libre.

Ch.A.: ¿Qué extrañas de aquella época? ¿Las camisas blancas, las corbatas estrechas?

F.S.: Mira, puede ser. La movida de los ‘80 fue un revulsivo frente a una situación socio política que pasó del blanco y negro al color. Eso sí, después de los fuegos artificiales, todo se puso más serio porque es difícil ganarte la vida como músico o compositor y más en Salamanca. Echo de menos de entonces componer y colaborar con un grupo en el local de ensayo, aquella sinergia.

Ch.A.: ¿Es verdad que cada vez que tocabas con tu grupo llovía?

F.S.: Ojalá, habríamos ganado mucho dinero contratados por agricultores afectados por la sequía. En realidad, sólo ocurrió una vez y fue antes de tocar en la Plaza Mayor con mi grupo Cyborg, del que heredé el alias “FerCyborg”. Yo tenía 20 años entonces y aún me dura esa espina clavada; todos los músicos salmantinos queremos tocar ahí.

 

C.B.: Dejas la música, aunque el músico sigue estando, y a la vuelta te encuentras un panorama técnico increíble.

F.S.: Hay una época de tu vida en la que tienes que ganártela y puedes seguir haciendo música a tu aire, aunque la guardes para ti solo. Sobre la técnica, escribí un libro en 1991, “MIDI e Informática Musical”, cuando no concebíamos que podríamos grabar un disco en casa con esta gran calidad de sonido y una inversión mínima. Nadie imaginaba trabajar a distancia con músicos de otras poblaciones o países ¡Yo mismo aún no conozco personalmente a alguno de los que han colaborado conmigo! 

Ch.A.: Pensabas en un violín, por ejemplo, y querías la música del instrumento tal cual, vivo ¿Cómo ha sido el proceso de encontrar a los músicos que han trabajado contigo?

F.S.: Ha funcionado todo en cascada. Cuando se han ido apuntado al proyecto músicos muy reputados han venido otros detrás, incluso unos músicos me han traído a otros. El resultado es la unión de muchos talentos muy diversos. Hay profesores de música, instrumentistas, músicos todoterreno que tocan versiones en orquestas de baile, gente con muchísima trayectoria o jovencísima como Hugo Curto, que ha hecho un estupendo remix de música electrónica.

Ch.A.: Hay facilidad técnica ahora, pero el músico debe ser su propio publicista y divulgador.

F.S.: Hay muchísimas novedades y el músico, el creador, hoy en día se enfrenta a un trabajo de representación. Hacer de community manager, editor de vídeo, técnico de sonido… todo para presentar tu trabajo en plataformas digitales como Spotity. Es mucha dedicación y además, sabiendo que es difícil que llegue al público porque compites contra demasiados lanzamientos.

C.B.: ¿Cómo empezó tu interés tan temprano por la música? ¿Qué referencias hay en este disco?

F.S.: En mi casa yo empecé a escuchar la música de mis hermanas, cantautores franceses que a ellas les gustaban. Un día vinieron con una cassette de Pink Floyd y tuve entonces una revelación. También oía Radio 3 y teníamos un amigo con un hermano mayor que nos traía rock urbano y progresivo y eso también me marcó mucho. En algunas partes de mi disco se oye el estilo de Camel, de Genesis, de Pink Floyd, de Asfalto y de Azul y Negro, que me gustan muchísimo, como el jazz rock, la música disco, el funk, Prince, un genio que hace lo que le da la gana…

C.B.: Tú también en este disco haces lo que te da la gana.

F.S.: Yo tenía una buena excusa para explorar estilos a mi aire, incluso dentro de cada canción, como en la que uso un órgano de iglesia con la guitarra clásica de Domingo Sánchez y las voces soul de Victoria Mesonero. Estamos acostumbrados a oír música de un solo estilo o fusiones pero no tantas variaciones juntas. Yo he buscado lo que me viene bien para la historia que quiero contar, como un quinteto de cuerda que toca maravillosamente Sergio Fuentes o mezclar los magníficos coros de la soprano Loli Sánchez con las guitarras eléctricas de José Luis Fernández, Janda Fuentes, Miky Herrera, la acústica de Lorenzo Najac, o el piano de Antonio García…

Ch.A.: Tú tocas el teclado y la guitarra eléctrica, pero te veo fundamentalmente componiendo frente al ordenador. Ese es tu instrumento, el de tu trabajo de informático y el de músico.


F.S.: El ordenador es fantástico para grabar y editar todos los estilos, puedes escribir un poema con un ordenador en Word y sigue siendo poesía que habla de sentimientos aunque lo hayas materializado con una herramienta electrónica. 

C.B.: ¿Qué porcentaje tiene este disco de músico y qué de informático?

F.S.: Soy informático y vengo de una educación cientifista, soy racionalista y tengo una inquietud creativa que va más allá de lo de cantar en la ducha, entonces utilizo las herramientas que tengo cerca, domino y me vienen mejor. Tú puedes pintar a mano o hacer diseños con el ordenador que te permiten mostrar tu creatividad de una forma más sugerente, menos costosa, más eficiente. Entonces el ordenador se utiliza como una herramienta técnica que te permite expresar mejor lo que estás pensando. Si Mozart hubiera podido usar un ordenador, un sintetizador, lo hubiera hecho, usó el pianoforte, que era un instrumento nuevo para la época con unas posibilidades tímbricas maravillosas. Un violín Stradivarius es una obra maestra de la tecnología disponible en su momento. Un sintetizador o un ordenador son herramientas que te permiten expresarte artísticamente.

Ch.A.: Das clases de informática y diseño web, eres divulgador musical con un programa de radio “A nuestro ritmo”, una web de música salmantina… y músico… ¿O  prefieres que lo diga al revés?

F.S.: Mucha gente se sorprende. ¿Tú haces música? Hacía música desde el principio con un grupo, música para una obra de teatro, para cortometrajes y luego, durante un tiempo, componía cosas para mí. Cuando Javier Tolentino, crítico de cine en Radio 3, dirige una película, la gente se sorprende. Yo soy divulgador musical y me hace gracia que la gente se sorprenda porque haga música, que es lo que siempre he hecho desde hace treinta y cinco años. 

C.B.: Has narrado desde la música la historia de una civilización. ¿Qué te queda por hacer?

F.S.: Lo pensaba ayer ¿Y ahora qué? Me quedan cosas pendientes, por ejemplo, hablar del esclavismo con un blues clásico. Y no narrar solo la esclavitud de los campos de algodón, sino la explotación laboral en Estados Unidos o Europa actualmente. Víctor González Villarroel, el periodista, el escritor musical, dice que yo con los temas hago “retablos”. Y me queda mucho por decir…

C.B.: Sacar un disco así, como el tuyo, sin letras, es una locura…

F.S.: A nivel comercial o de difusión es una locura ¡La gente no tiene ya ni un reproductor de CD! Publicar sólo en spotify es como escribir un libro y sacarlo solo en PDF. Y no es por el tema romántico, porque yo leo en pantalla a diferencia de Charo que es una polilla que solo consume papel. El disco como objeto te permite abrirlo, disfrutar del diseño gráfico, leer un libreto. Esa información sobre quién toca las canciones, quién hace los arreglos, dónde se ha grabado, te permite apreciar más la obra y tener una implicación con el artista, es el engagement que llaman en inglés, la vinculación afectiva con el artista o la obra. Por eso se coleccionaban fotos, pósters del cantante que te gustaba, el merchandising del disco… Las plataformas digitales o los reproductores de MP3 hacen que la música parezca algo perecedero, no importa de quién sea. De ahí que las canciones suenen igual, hay estudios que afirman que los temas de éxito son cada vez más homogéneos. Aquí en este disco, hacemos lo contrario, música que no sigue las normas sin que sea una locura absoluta o un dodecafonismo o experimentalismo. Es música que cumple las bases de la armonía, el ritmo, las melodías, pero que no se ajusta a un solo estilo. Vosotras elegís las palabras, los colores, las texturas que os vienen bien para escribir, diseñar. Yo he elegido esto aunque no sea comercial, porque la gente está acostumbrada a música de baile, a las letras…

C.B.: No echo de menos a nadie cantando, es una música que me basta y me gusta.

F.S.: La música, el arte, tienen muchas formas de recibirse por el escuchante. Yo veo un cuadro y sé que no estoy recibiendo muchas cosas de las que incluye porque no estoy formado para ello como lo puedes estar tú, Carmen. Todos tenemos diversos niveles de lectura o de comprensión, y en la música captamos fundamentalmente, según los neurocientíficos, tres sonidos diferentes de forma simultánea. Eso sí, a diferencia de las artes plásticas, podemos volver a escuchar esa música y seguir captando otros sonidos a medida que avanza en el tiempo. Cuando la gente canta en la ducha o en la calle no hace las pausas de las canciones, se está comiendo pausas entre versos que son imprescindibles en la música, porque atiendes a la letra que es lo más fácil de reproducir y nada más. Yo puedo llegar, como músico, a entender y disfrutar más la música como vosotras podéis apreciar más que yo el arte o la literatura. Si le gusta al público mi trabajo está muy bien, pero si le gusta a los músicos que conocen el lenguaje tendré más satisfacción ¡Y podré reclutar más para el próximo!

Ch.A.: Qué bien tocan tu música estos músicos…

F.S.: Yo quería ganar el récord Guinness del disco con más saxofonistas tocayos del autor. Lo he logrado con Fernando Aguado, Fernando Sánchez García y Fernando Jiménez, más Sergio Bravo. Ha sido un verdadero lujo, cada uno ha aportado unos solos espectaculares. Comencé con Cárol, que fue la primera implicada en el proyecto y quien me animó a seguir, luego todos los demás, Chefo, Ibán Agustín, Javier Gutiérrez, Fran Rojo, todos han sido fantásticos. Otra cosa es que el disco llegue porque ¡Hay tanto! Yo les digo a mis alumnos de Diseño de Páginas Web que tu página puede ser muy bonita, pero que pasará desapercibida como un libro en la biblioteca de Alejandría.

C.B.: ¿En qué época de la música te hubiera gustado vivir? Y volviendo al proceso creativo… ¿Cómo te sientes más cómodo componiendo?

F.S.: Me gustaría vivir los años 50, en los principios de la música electrónica. Antes me preguntabais por los años 80, en realidad pienso que mi época es la actual. Y que a mí me gusta hacer las cosas desde la estabilidad, desde la tranquilidad emocional.

C.B.: ¡En eso nos parecemos, a mí me pasa lo mismo aunque bajo estrés también trabajo bien!

Ch.A.: Eso, Carmen, es porque ya no tienes tiempo de andar dándole vueltas. ¿Soy la única de los tres que piensa que el drama es estimulante?

F.S.: Los técnicos de sonido dicen que los discos no se terminan, se entregan. Lo que es estimulante es que cada sonido te lleve a mundos alternativos y te abra nuevas posibilidades.

Ch.A.: Admiro tu trayectoria de trabajo colectivo en la música salmantina. Es complicado trabajar con todos: intérpretes, empresarios, promotores, maestros, grupos... ¿Son los artistas, los músicos, individualistas?

F.S.: Creo que en general no estamos suficientemente cómodos colaborando en proyectos colectivos. Probablemente, los artistas sean aún más individualistas y cada uno quiera concentrar esfuerzos en su propio proyecto. Los grupos musicales, al contrario, trabajan unidos para sacar adelante unas canciones quizás surgidas del líder de la banda que capitaliza todo el carisma. En Salamanca, además, hay mucha población joven flotante y es inestable cualquier formación. Y luego está la falta de promoción y de ingresos que permita mantener un grupo a largo plazo, independientemente de lo individualistas que seamos.

Ch.A.: Iban a desarrollarse en marzo, pero por la situación sanitaria se han aplazado al otoño… Cuéntanos, ¿qué pretendéis con estas jornadas de la “MusSA” en la Biblioteca Torrente Ballester? Genial ese “Inspirados por la MusSA”, la música salmantina. Y genial ese cartel también de Carmen.

F.S.: Ese lema es una creación colectiva, que fue mejorando las ideas iniciales de cada uno; un ejemplo de la eficacia de aunar visiones y conseguir sinergias. El cartel en cambio es fruto del talento individual de Carmen, que es una inspiración para los demás, y no sólo en la faceta artística. Cierto, las Jornadas debían desarrollarse a lo largo del mes de marzo pero se han tenido que aplazar a octubre. Pretenden resaltar la calidad y variedad de la creación musical local ante un público salmantino que no conoce ni aprecia suficientemente esta faceta del arte de nuestra tierra. Expondremos más de 200 discos de músicos locales y queremos reflexionar sobre otros aspectos: los pioneros del pop rock salmantino, los artistas jóvenes y los que han triunfado a nivel nacional e internacional, el asociacionismo y la divulgación musical, los efectos del coronavirus en el sector, la promoción en internet, el papel de los fotógrafos musicales, los aspectos legales que afectan a los intérpretes... Y acercar al público los medios analógicos y digitales de crear música.

Ch.A.: ¿Y música en directo? Con permiso de la pandemia.

F.S.: Ha sido un año terrible para el sector musical y de espectáculos, y los empresarios y trabajadores necesitan ayuda ¡Como las tiendas de discos salmantinas donde es un honor que esté el mío! En las Jornadas MusSA sí se celebrarán conciertos, con las medidas y precauciones que se determinen. En Radio Oeste hemos recopilado un centenar de videoclips grabados por músicos salmantinos durante el confinamiento porque hay que ser imaginativos para que la música y la cultura no paren, y apoyar a los creadores y artistas locales.