Más tractoradas

Acostumbrarse a la falsedad, al populismo y a la demagogia hace a veces pensar que nuestro futuro está a la deriva, expectante ante lo que viene, tan incierto todo como a veces irreal. No reconozco a este país, o tal vez es que lo habíamos idealizado demasiado. Ya no sé. No son buenos tiempos para la coherencia y los valores que defiendo.

Acumulamos justo ahora un año de recortes de derechos individuales. En muchas ocasiones ha privado la improvisación en las decisiones políticas y nuestra libertad se ha relegado a un segundo plano de forma desmesurada. La evolución del virus, las fases de la desescalada y el caos mental en el que estamos inmersos le funciona a algunos para arrasar con los cimientos de nuestra sociedad. A veces de manera silenciosa y a veces haciendo un ruido insostenible como lo que hemos presenciado en las últimas semanas en las calles de Cataluña que se ha extendido a otras ciudades. La progresión que está tomando el acoso a lo que consideran contrario a una ideología preocupa en exceso. Lo llaman libertad, permítanme que lo dude. Prima el modernismo, el ataque a nuestras tradiciones y a nuestra forma de vivir.

Hay comportamientos que ponen los pelos de punta. Mientras, lo verdaderamente importante sigue doliendo. Nuestros empresarios en la cuerda floja, nuestros ganaderos agonizando y nuestra provincia cada vez más sola, más silenciosa y más hundida. Las organizaciones agrarias han anunciado que seguirán las reivindicaciones porque no van a ceder ante la mofa contra este sector. Conozco a muchos, los tenga cerca y entiendo sus miedos. Saben bien de entrega y de lucha para sobrevivir frente a las adversidades. Es el momento de gritar y alzar la voz ante la sucesión de injusticias. El enfado y la preocupación en el medio rural es latente, y el último golpe ha sido la inclusión del lobo en el listado de especies protegidas.  Según datos de los sindicatos agrarios, el lobo mata cada campaña más de 15.000 reses. Las decisiones de los políticos ante eso se basan en el sectarismo dominante, en el oportunismo político y en la moda imperiosa del animalismo que nos avalancha y nos pisa un poco más cada día. A esto se le suma el recorte de los fondos de la PAC y las limitaciones al movimiento de ganado que harán prácticamente imposible el mantenimiento de las producciones. El objetivo es que la ciudad vuelva a llenarse de tractores y profesionales reivindicando su lugar clave en la economía de esta Comunidad. De estos depende la supervivencia rural. Debemos apoyar estas manifestaciones, siempre cumpliendo las normativas sanitarias. En esos gritos desesperados está el futuro de nuestros pueblos. No dejemos que mueran.