El Puente Mocho, entre berrocales y dehesas de encinas 

Se encuentra en un enclave singularmente hermoso de la ribera de Cañedo, tras un paseo que podemos hacer andando o en bicicleta 
El Puente Mocho, sobre la ribera de Cañedo

El Puente Mocho es uno de los enclaves más característicos de Ledesma. Fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2000 con categoría de monumento. Está construido en sillería de granito, excepto los pretiles que son de mampostería trabada con argamasa, y consta de cinco arcos de medio punto. Aunque su construcción se ha atribuido a la época romana, sobre todo por su ubicación en el trazado de la antigua calzada romana Bletisama Ocelo-Duri, todo hace indicar que sería en su conjunto una obra medieval, siendo los tajamares, escalonados y en forma de huso, de época moderna. Tiene una longitud de 71 metros y una altura de 5,7 metros.

El Puente Mocho es, hoy en día, uno de los puentes mejor conservados de la provincia. Tanto su estructura, como su emplazamiento, le confieren suficiente personalidad para ser uno de los enclaves patrimoniales más destacados de la villa.

Un paseo especialmente recomendable para realizar andando o en bicicleta. Para llegar debemos tomar la carretera de Ledesma a Zamora, y a menos de un kilómetro, salir de ella para internarse en una dehesa de encinas con berrocales. 


El Puente Mocho se encuentra en un enclave singularmente hermoso de la ribera de Cañedo -arroyo afluente del Tormes-, entre berrocales y dehesas de encinas. Al puente, de cinco ojos y con una parte romana, llega una calzada también romana. 

Ledesma, tierra de puentes

En Ledesma es posible hacer la ruta de los puentes, prácticamente sin alejarse mucho de la villa. A la entrada de Ledesma, el Puente Viejo, levantado sobre el río Tormes en el siglo XV, y el Puente Nuevo -construido hace más de seis décadas-. 

Y, por otra parte, tomado el camino que parte del cementerio, después de unos tres kilómetros, se alcanza el conocido como el puente de Peñaserracín, trazado sobre la rivera de Fuentes Luengas. Tenido también por romano, forma parte del camino, luego cordel ganadero, entre Ledesma y el Campo de Ledesma, del que todavía quedan algunos tramos bien conservados y cercados.