Desbordante 

Son tiempos de altas presiones. Con el suave suspiro de la primavera, me acerqué a las orillas de nuestro “hidrovecino” más cercano, el Tormes, para ver los estragos del temporal anterior. Aunque ya iba advertido de que se había desbordado, pensaba que era una hipérbole demasiado llamativa. Pero para mi sorpresa, las premisas eran ciertas y el Tormes verdaderamente se había adueñado del terreno a su alrededor cual loco conquistador. La costumbre de verlo únicamente en la temporada estival había labrado una cuidada imagen de un río manso, enclenque y empequeñecido por el “esplendor” urbanístico. Dicha imagen colapsó al tiempo que su inmensidad apareció frente a mí. Supongo que los ánades reales se divirtieron más nadando en una superficie mayor.

En mi clase ya llevamos un tiempo en temporada de exámenes. Pero es ahora cuando nos desbordamos. Es en este punto del trimestre, que a mí se me hace más largo y pesado, cuando el ánimo de los alumnos entra en caída libre. Una caída limpia y en picado, que incluso podríamos calcular a regañadientes si nos lo pidiesen con educación. Es posible que lo más interesante de esto sea la velocidad final con la que llegan nuestras neuronas al estamparse contra el pavimento del instituto y la fuerza con la que lo hacen. Al igual que afloran los primeros ápices de las plantas, también lo hacen ciertas bromas relacionadas con puentes cercanos, ventanas o venas del antebrazo (venas que, por cierto, debería aprenderme antes del próximo viernes). En fin, incongruencias de los alumnos que quieren salvar vidas. Son tiempos de altas presiones, de desilusiones y de nervios. Sobre todo de nervios. Algunos tienen la mala suerte de ir encadenando exámenes y están ciertamente irascibles e inflamables. Alumnos hidroalcohólicos sensibles a la tensión y dispersos entre conceptos vacíos y memorizables. También hay muchos arrepentimientos en esta época conflictiva. Nunca es suficiente tiempo de estudio y justamente esa pregunta que pensabas que no iba a caer, aparece dañinamente y vale más puntos que las demás. Aunque no lo parezca, hay momentos de alivio. Esa hora después del examen en la que ignoras a la pizarra y te limitas a respirar sin necesidad de saberte los verbos irregulares ni las terminaciones del imparfait. Si bien es cierto que yo soy más de los alumnos paranoicos que ni siquiera saben si han puesto bien su nombre y se arrepentirán durante toda su vida de desconocer la raíz cuadrada de 2. Imperdonables errores para algunos, comprensible para mi yo estresado.

Pero oye, los alumnos cambiamos con el tiempo atmosférico. Desbordados como el Tormes, sometidos a altas presiones, nervios floreciendo y chubascos aislados después del temible folio. El clima primaveral haciendo de las suyas otra vez.