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Martes, 2 de marzo de 2021

Cuidar y fortalecer la misericordia

Se afirma, y no sin razón, que nuestro mundo marcha mal, que está en crisis. Y la verdad es que esta dura realidad, trágica en muchos casos, no tendría que desanimarnos, al contrario, debería ser una oportunidad para unir fuerzas en la tarea de seguir amando y sirviendo a esta humanidad que “se halla hoy en un periodo nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero” (Vaticano II).

Esta realidad en que vivimos, necesita de la justicia, la paz, la misericordia. La misericordia es una realidad inmensa, pero muy frágil. Se nos escapa de las manos sin darnos cuenta; otras veces, no llega a madurar y cuando nos creemos seguros, resurgen, en los otros y en nosotros mismos, viejos resentimientos y desconfianzas que nos la ocultan. Por eso, es necesario cuidarla, alimentarla, fortalecerla, sin olvidar que hay muchas personas que han perdido, por distintas circunstancias, la fuerza para amar y perdonar, para ser misericordiosos. Es tiempo de volver nuestros intereses sobre esta hermosa realidad que no sólo embellece nuestra vida, sino que hace más humano y confortable nuestro mundo.

El que tiene misericordia pone su corazón en el que sufre por cualquier motivo y trata de ayudarle y curarle sus heridas. De una persona misericordiosa decimos que tiene entrañas de misericordia. Hay muchas otras palabras que tienen relación con la misericordia como: compasión, ternura, clemencia, empatía, altruismo, amistad, cariño, cordialidad, dulzura, simpatía, filantropía,  justicia, libertad, paz, solidaridad, tolerancia penitencia, piedad, sanación...

  La misericordia es una forma de amar, es el mismo amor compasivo, pero el amor no se agota en la misericordia.  Dios es amor, es misericordia, siempre ama y perdona. Dios es fuente y camino de misericordia. La Misericordia nace de Dios que es  “compasivo y misericordioso”. El misericordioso siempre ama y perdona. La misericordia no es cosa de débiles, como diría Nietzsche, sino de las personas que son generosas y magnánimas, que son tan fuertes espiritualmente que no necesitan recurrir a la violencia ni a los poderes que sojuzgan. Los cristianos  deben ser valientes, con un corazón grande para ser solidarios en todo momento y acoger el mensaje del Vaticano II: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón... La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia”  (Vaticano II).