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Martes, 2 de marzo de 2021

El mar… o la mar 

Cuando le hice una entrevista al Padre Franciscano Capuchino David LLordén de Calzada, me dijo muy serio: “Yo no escribo para intelectuales, ni para sabios, ni para especialistas. No me creo capacitado para ello. Me concreto a escribir para el pueblo llano, que se asoma todos los días al mundo y pudiera ser víctima de sus sofismas. Este es mi público al que entiendo un poco, y el que creo me entiende también a mí”.

Solamente puedo decir: ¡Amén!... pues…  me había quitado de la mente y la palabra lo que yo pensaba de mi actuación en esto de escribir después de tanto tiempo haciéndolo… ¡El Padre David de la Calzada había “calcao” mis pensamientos!

Me pasó lo mismo con el amigo con el que charlo hoy en estos ‘Diálogos Intranscendentes’, cuando le pregunté… ¿Cuándo descubriste a Figueira da Foz?

Y Pepe, (q.e.p.d) me dijo muy serio, pero con gran entusiasmo: ¡Pues a través de Santander! Sí, no te asombres; mis padres iban a veranear a Santander y allí descubrí el mar… o la mar y su entorno. Me habían hablado también de Figueira da Foz y por el año 62 fui por primera vez para “descubrir” que aquello  que decían de la Playa de la Caridad, la ‘La Reina de las playas de Portugal’, era cierto. Desde el primer momento quedé prendado de ella, no sólo por su luz que es especialísima, como la luz de Castilla; una luz emotiva, sino también por sus gentes.

Yo solamente puedo volver a decir… ¡Amén! Pues Pepe me había quitado de la mente y la palabra; lo que yo pensaba desde hacía mucho tiempo. ¡Pepe había “calcao” mis pensamientos!

Confesión: “Más de una vez, cuando me doy una vuelta por la calle de San Pablo y llego hasta la misma puerta del río Tormes, donde ahora se encuentra-Pepe-, en forma de escultura-estatua, en sentada perenne (Ver foto), le digo: ¿Recuerdas amigo el vino que tenías preparado para nuestra Entrevista?... Era un vino Castañede portugués-Reserva 1980-. Pero ¡Mecachis!... la botella se rompió y en su lugar tomamos un tinto-VELHO- De Reguengos de Monjaraz, que tampoco estaba nada mal”…

Pepe. ¿En Portugal hiciste mucho salmantinismo?

Breve silencio en la habitación en que nos encontramos haciendo la entrevista. Por el ventanal del fondo trasluce en estas horas del atardecer la silueta de la torre mayor de La Purísima. Y Pepe, con chiribitas mezcla de nostalgia y satisfacción en sus ojos responde: “Hombre, no soy el más indicado para decirlo; pero te contaré una anécdota que lo ilustra: en el año-1974-25 de Abril-, se produce la Revolución Portuguesa y aquel mismo año, por coincidencia a mí me van a operar de una hernia, estoy con día y fecha-3 de mayo-, cuando recibo un cable de Portugal acompañado de llamada telefónica diciéndome que se me ha concedido la-Medalla de Oro, por la divulgación del nombre de Figueira da Foz. Y no lo pensamos: suspendí la operación hasta el día 9, y con apuros por la situación en Portugal, nos fuimos mi esposa y yo al evento. Que fue un acto de afecto, tan de fraternidad, tan emotivo, que me obligó mucho más a sentirme… ¡Además de salmantino, figueirense!

El otro día, en mi charla con la escultura perenne de Pepe, le dije: “Mira amigo; en estos días, voy a  hacerte un pequeño recordatorio que no será lo extenso que te mereces ¡ni mucho menos! por falta de espacio y por ello tendré que seleccionar mucho las preguntas”… ¿Quieres que resalte algo especial?

Pues hombre. Ahora que está haciendo tanto frío, sino fuera por la “pañosa” que bien me protege… ¡Estaría “arreció”!... Puedes “tocar” el tema.

Hablar con Pepe, (aunque sea estatua perenne), es un hablar y no parar. Y si ya se trata sobre la “pañosa”, su pasión, ¡apaga y vámonos!... La capa; que junto a los que fueron sus cofrades, Alipio Pérez, Enrique de Sena, Francisco Muñoz, “pasearla” por las calles salmantinas era tan imprescindible como el comer o beber; salir a dar cuatro o cinco vueltas a la Plaza Mayor (Ver foto), era lo más. Pues aparte de ser unas de las más bonitas del Mundo, eran donde se “encontraban así mismos”. Aunque-Pepe--, siempre añadía con “retranca” castellana: “Es muy hermosa, pero algunas veces, y creo oportuno decirlo en esta confesión de amor a Salamanca, que es también bastante esquiva… ¿Te hago otra confesión?... Dime… Pues que por un sólo mes. Me hubiera gustado ser el –Alcalde de Salamanca-. Aunque, tal vez, y pensándolo bien; a lo peor había salido del evento “por la puerta de los carros”…  

Pepe fue y sigue siendo un poeta reconocido con muchos premios y distinciones. Pero ello es una larga historia que hoy no nos podemos permitir el resaltar, ya que además de no poder ser, es imposible por falta de espacio.

“Las sombras de la noche, las Torres cantando van. Cómo Salamanca sueña con un mar o la mar, sea de Santander o Figueira; lo mismo da”.

Adiós. Pepe, amigo. Abrígate bien con tú “pañosa” que en este rincón donde te han “colocao” hace mucho frío en invierno. Cuidate. No sé si te habrás enterado que por aquí andamos “avíaos” con una Pandemia brutal que nos tiene “acojonaos” campando a sus anchas. Lo peor es que hay una gran frivolidad para atajarla. Muchos creemos que cuando en un país se declara una epidemia que causa millones de víctimas, se movilizan todos los recursos sanitarios para hacerla desaparecer. Si la epidemia es de cólera o coronavirus, como es el caso, seguro que a las autoridades mandatarias del momento y que los médicos no aprobarían en absoluto; no deberían para erradicarla; el perder el tiempo firmando recetas contra el dolor de muelas. Pues eso. 

Dedicado a mi buen amigo Ángel Luis Delgado.