El perro del hortelano

Cada día, me levanto con un antojo. Esta mañana, me he echado a la mano un libro de fábulas, en concreto el de Esopo, un esclavo, que tal vez nació en Frigia (Turquia) y que vivió entre los siglos VII y VI antes de Cristo. Tú no llegaste a conocerlo, pero sí conoces sus fabulas, esas pequeñas historias, en las que los personajes suelen ser animales y que terminan en una moraleja. “La cigarra y la hormiga, El lobo y el cordero, La tortuga y la liebre, El cuervo y el zorro, El zorro y las uvas…son obrillas de nuestro autor.

Aunque todas nos enseñan lecciones interesantes para nuestra vida, he preferido, por los ambientes que respiramos hoy en todos ámbitos, quedarme con una: “El perro del hortelano”.

Nos dice así:

“Había una vez un hortelano que tenía un enorme y robusto Perro como guardián de sus cultivos. Este Perro era tan bravo y valiente, que ningún ladrón se atrevía a subir la cerca de los sembríos de su dueño para robarlos.

Su amo orgulloso de tener tan bravo animal, cuidaba de la mejor manera a su Perro, alimentándolo de la mejor manera posible y el perro, como agradecimiento, redoblaba el cuidado de los campos.

Al terminar un día duro trabajo en el campo, el Buey del establo quiso probar un poco de la alfalfa que su amo le guardaba; pero el Perro se puso tan furioso y, enseñándole los dientes, trató de ahuyentarlo, para que no comiera la alfalfa de su amo.

 El Buey indignado de la conducta del Perro, le reprochó por su equivocado comportamiento y le dijo:


- Eres perro tonto y egoísta. Ni comes ni dejas comer. El amo ordena a cada cual lo que le corresponde y la alfalfa es mi alimento. No veo que tengas razón alguna para entrometerte en negocio ajeno”. 

 

Moraleja de la fábula “El perro del hortelano”:

 

Existen muchas personas que, por envidia o ambición, no dejan que otras personas progresen o consigan hacer realidad sus sueños. Estas personas no han destacado nunca y son limitadas en sus acciones, lo único que quieren es que no tengan lo que ellos no tienen.

 

Lope de Vega escribió también una comedia con el mismo título en 1618. En ella, Diana es la condesa de Belflor y, como tal, no puede amar a Teodoro, su secretario, pero tampoco lo deja amar o ser amado por nadie. Aunque esta comedia tiene un final feliz, es la que populariza la expresión que hace referencia a los sujetos que no disfrutan de algo, porque no quieren o no pueden, pero que, además, impiden que otros lo hagan; quizás  por temor, envidia u otra causa.

 

Es el momento de pensar que, desde que el mundo es mundo, el hombre no ha cambiado nada en lo interno: sigue embelesado por el ladrido del perro del hortelano.