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Domingo, 7 de marzo de 2021

Bailemos al son de quienes ponen la música

“Los mercados alcistas nacen en el pesimismo, crecen en el escepticismo, maduran en el optimismo y mueren en la euforia”

John Templeton.

 

Ya ha transcurrido un año desde que el Dow Jones marcaba máximos históricos en 29.500 puntos tras el esperado acuerdo comercial entre D. Trump y China en enero de 2020 y merece la pena echar la vista atrás para recordar cómo se gestó aquel tira y afloja entre las dos potencias que se disputan la hegemonía mundial y cómo lo usaron en su favor los grandes inversores.

El conflicto iniciado en marzo de 2018 supuso una amenaza para los inversores de renta variable que vieron caer el Dow Jones un 12%, pasando de 26.600 a 23.300 puntos en cuestión de días. Rara era la semana que no teníamos en las portadas de los medios algún nuevo capítulo de el culebrón Trump vs Xi Jinping que añadía incertidumbre a la sombra de la crisis económica que sobrevolaba nuestras cabezas.

Durante el inicio de este conflicto el principal índice americano marcó los mínimos mencionados en 23.360 puntos y en diciembre de ese mismo año, con la excusa de falta de acuerdo entre Washington y Pekín sobre políticas arancelarias y falta de estímulos de la reserva federal americana, el Dow Jones registraba su peor semana desde la crisis de 2008, desplomándose un 16% en apenas 15 sesiones. Wall Street pasaba por momentos de gran pesimismo y los grandes fondos decían presagiar un 2019 muy poco alentador. Esto provocó la salida en masa de pequeños inversores que recogían beneficios o minimizaban pérdidas ante la gran crisis que las manos fuertes anunciaban a bombo y platillo.

A partir de aquí y desde los 21.500 puntos el Dow Jones inició un gran tramo al alza, revalorizándose un 36% en 15 meses y encontrando en el constante enfrentamiento comercial entre los dos gigantes mundiales su aliado perfecto para mantener fuera del mercado a todos estos inversores minoristas que observaban con escepticismo como el mercado subía de forma “irracional” mientras esperaban una caída que no llegaba.

Pero después de la tormenta llega la calma y tras el acuerdo entre las dos grandes potencias en enero de 2020 el Dow Jones se encontraba en máximos, madurando el final de un gran impulso alcista. Sólo faltaba que los pequeños inversores que habían abandonado el barco cuando navegaba a toda vela, asustados por una tempestad que nunca llegó, volvieran a incorporarse para hundirlo con ellos dentro. Y la mente de estos inversores minoritarios, ansiosos por haberse perdido semejante subida y eufóricos por ver llegado su momento de incorporarse al mercado una vez que el riesgo había desaparecido, procesó rápidamente una sencilla regla de tres: “Si durante 15 meses de tensiones comerciales hemos subido un 36% ahora que el problema está resuelto las subidas serán infinitas”

Apenas un mes más tarde una pandemia que hasta entonces había sido negada por los dirigentes de las principales economías occidentales pasaba a ser reconocida como tal y con ella se produjo el desplome bursátil más rápido de la historia de los mercados. El mencionado índice americano acumulaba en poco más de un mes caídas cercanas al 40% provocando de nuevo la huida en masa del pequeño inversor que acababa de incorporarse pocas semanas antes en busca de su trozo del pastel…

A día de hoy, un año después, en plena pandemia y recesión mundial y la sombra de la burbuja sobrevolando los mercados, nuevamente los pequeños inversores esperan en liquidez a que llegue una tregua que devuelva la tranquilidad a los parquets. Tranquilidad que una vez más será su tumba financiera.

Mientras ellos esperan, este mismo índice acumula una silenciosa revalorización del 73% en menos de 12 meses.

¿Aprenderemos en algún momento a bailar al son de quienes ponen la música?

“Lo único que nos enseña la historia es que no aprendemos de la historia”

Friedrich Hegel.