Intrahistoria

“La cultura se crea en los pueblos y se destruye en las ciudades.” (Miguel Delibes)

Hace algunos días los titulares recogían la noticia de que las Cortes de Castilla y León había rechazado la propuesta –planteada como enmienda a los presupuestos por Unión del Pueblo Leones– para dotar a Vitigudino de una ambulancia de emergencias, de las técnicamente denominadas de Soporte Vital Avanzado (SVA) y más popularmente conocidas como “UVI”. Un medio al servicio de la zona noroeste salmantina, a cuyos municipios –comunicados por vías secundarias– separan en muchos casos más de cien kilómetros del centro hospitalario más próximo. Desde el desconocimiento de las partidas presupuestarias y sin intereses partidistas, quisiera abordar la importancia de cuidar –ya que lo contrario es descuidar– nuestros pueblos. Villas que ilustran de forma paradigmática el panorama de la mal llamada “España vaciada”, cuya evidente despoblación provoca carencias en los servicios más elementales.

Una vez más traigo a estas líneas el pensamiento de uno de don Miguel de Unamuno, en esta ocasión a propósito de su concepción de la intrahistoria. En su obra En torno al casticismo (1895) destaca la importancia de las vidas que discurren más allá del foco mediático y de las páginas de historia. En estos términos se refiere a la cotidianidad de los hombres y mujeres que habitan en los pueblos como el verdadero fondo que trasciende a la superficialidad del momento. Un fondo que esta siendo condenado al ostracismo y que cada vez se torna más inhóspito y difícil de habitar. Por desgracia, el déficit no se limita al ámbito de la atención sanitaria, sino que se propaga al de la inserción laboral, las comunicaciones y otros servicios, el envejecimiento y un largo e interminable etcétera.

Quizá, no estaría de más que nuestros responsables políticos regionales –emulando a don Miguel– disfrutaran de sus periodos vacacionales en pueblos de la geografía que administran. Estancias que le permitieran percibir las carencias que sufrimos quienes habitamos en estas zonas, las mismas que pasan desapercibidas durante las visitas oficiales de un par de horas para descubrir una placa o figurar en la fotografía de un acto.

En los últimos meses muchas personas han decidido abandonar las grandes ciudades para reubicar sus vidas en pequeños municipios, los mismos que cada fin de semana o en los periodos vacacionales acogen con su característica hospitalidad a aquellos que –en algún momento y por diversas circunstancias– emigraron a la ciudad. Sin embargo, más allá del foco mediático, la situación se va tornando agónica y el camino trazado va sumiendo en el abismo a la intrahistoria.