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Domingo, 7 de marzo de 2021

La falsedad de lo absoluto

Absolutamente cierto, absolutamente increíble, absolutamente imposible, absolutamente genial, absolutamente falso… y tantas y tantas expresiones cotidianas que con frecuencia utilizamos sin ser conscientes de que todas ellas tienen una característica común: son falsas. Los ‘absolutos’ no existen. Según la Real Academia de la Lengua Española, el adjetivo ‘absoluto’ significa: independiente, ilimitado, que excluye cualquier relación. Creo que, por tanto, sería recomendable evitar su uso.

En cualquier debate sobre cualquier tema hay que aceptar al menos 2 premisas. Primero, que las verdades absolutas no existen, como tampoco existen los sistemas políticos absolutamente perfectos o, si existen, no están al alcance del común de los mortales. Segundo, las leyes siempre se actualizan con retraso frente a las necesidades que imponen los avances (en ocasiones retrocesos) sociales o tecnológicos.   

Un ejemplo del primer caso sería que cuando hablamos de democracia, no creo que nadie esté pensando en una democracia absoluta que nos obligaría a tener que hacer un referéndum cada vez que se quisiera cambiar una coma en nuestras leyes, porque resultaría paralizante por no decir imposible. Ejemplos de la segunda cuestión podrían ser la modificación el Código Civil en materia del derecho a contraer matrimonio publicada el 1 de julio de 2005 (con mucho retraso) o la regulación del pago de impuestos en nuestro país de gigantes tecnológicos como Appel, Google, Facebook, Amazon, Microsoft o, de plena actualidad, la normativa legal que afectará a los falsos autónomos de empresas de reparto a domicilio.

Uno no es jurista, por eso no entraré en cuestiones legales, pero si intentaré aplicar el sentido común a un tema de plena actualidad como es la libertad de expresión, por supuesto rechazando pensar en ella en términos absolutos.

La libertad de expresión y opinión, es reconocida en toda su amplitud por el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos[1], también por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y en el Título I, artículo 20.1 de nuestra Constitución, figura como derecho fundamental[2]. Internet ha sido, sin duda alguna, un catalizador importante en el ejercicio de este derecho y también la violación del mismo.

Pues parecer que está todo dicho pero, si así fuera no necesitaríamos ni jueces, ni abogados, ni tribunales; bastaría con aplicar al pie de letra lo establecido por las leyes y está claro que esto no es así, porque quedan pendientes importantes cuestiones como ¿cuáles son, si los tiene, los límites de este derecho? ¿se deberían establecer algunas líneas rojas?. Si así fuera ¿quién lo haría? ¿quién debe vigilar que estas no se traspasen?

La prueba de que los derechos son un tema polémico es la existencia de toda una estructura judicial cuyo cometido no es otro que resolver los enfrentamientos entre ellos, porque en nuestra Constitución también figuran como fundamentales el derecho al honor y a la propia imagen, que el Poder Judicial tiene obligación de garantizar[3].

El rapero Pablo Hásel, tras ser condenado por ‘enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona’, llamó, a aquellos que dictaron su sentencia, ‘fascistas de mierda’. Personalmente creo que este pretencioso insulto pone de manifiesto dos cosas, a saber, que no tiene ni la menor idea de lo que es el fascismo y que tiene una preocupante mala educación.

El concejal de Ahora Madrid, Guillermo Zapata, hizo un chiste de muy mal gusto y con muy poca gracias, sobre Irene Villa, víctima de ETA. Afortunadamente la propia aludida demostró la veracidad de ese refrán que dice que no ofende el que quiere, sino el que puede, y el concejal ha demostrado no tener suficiente categoría para ofender a nadie. Estos son sólo algunos ejemplos.

Unidas Podemos, propone ahora que este tipo de delitos sean suprimidos del Código Penal, argumentado que: en los últimos años estamos asistiendo en España a una deriva autoritaria que ha llevado a restringir de manera alarmante el derecho fundamental a la libertad de expresión. Pero nada dice, el partido morado, del derecho al honor o a la propia imagen, además, su ‘jefe’ se enfada mucho con cierta prensa, cuando esta le critica haciendo uso de esa libertad de opinión que tanto demanda.

Yo sólo veo 3 medidas para afrontar este clima de enfrentamiento entre personas y derechos, seguro que muchos de ustedes ya lo han adivinado: Educación, educación y educación, y si quedan recursos, más educación. Es la única forma de poder llegar a desarrollar una responsabilidad personal que debería ser bastante más elevada que la que estamos poniendo de manifiesto en estos tiempos de pandemia. 

Agnes Gonxha Bojaxhiu, más como Madre Teresa de Calcuta, monja católica de origen albanés pero de corazón y alma india, afirmaba que: Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo…Enseñarás a soñar pero no soñarán tu sueño… Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vida, en cada vuelo, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado. ¿Utopía? Puede ser, pero recuerden que las utopías no son imposibles, son horizontes hacia los que caminar.

 

[1] "Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de comunicación e independientemente de las fronteras; ya sea oralmente, por escrito o impreso, en forma de arte, o por cualquier otro medio de su elección".

[2] “Se reconocen y protegen los derechos: A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”. Y añade El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”.

[3] Artículo 18. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.