San Blas

San Blas casi gana en fama a san Antón en el mundillo rural. Como san Antón, fue eremita. Vivió  en una cueva del monte “Angeus”. Y fue un personaje polifacético: obispo, médico y amigo de los animales.  

Se cuenta que salvó a un niño que se había atragantado con una espina de pescado; por esta hazaña, lo doctoraron en Medicina y lo especializaron en Otorrinolaringología. De este hecho, le viene el nombramiento de Patrón de los enfermos de garganta.

Y su fama fue tal, que se comenta que, solo en Roma, se llegaron a contabilizar 35 iglesias bajo la advocación de san Blas. Hasta en Santiago de la Puebla, tuvo erigida una ermita, de la que aún se conservan, y muy decorosamente, sus ruinas.

Fue torturado y ejecutado en la época del emperador Licinio a principios del siglo IV

San Blas es también el Santo protector de muchos Ayuntamientos. En mi pueblo, la festividad de san Blas, de larga tradición, aún se sigue celebrando, aunque con menos relumbrón. Hay misa y convite con los miembros del ayuntamiento, auxiliares y funcionarios; salvo, este año que el bicho no quiere bajarse del burro y ejerce de cabezota.

Los niños íbamos a misa con las cintas anudadas al cuello, para que nos las bendijera el sacerdote. Las lucíamos durante unos días, para que nos hicieran efecto y, después, se guardaban hasta el año venidero. Hasta en las cintas se notaban las clases: había niños que llevaban el cuello saturado de cintas, mientras otros, llevaban una y con tono desvaído. Y no había escuela.

Se ha perdido una de las costumbres más entrañables de la fiesta de san Blas: después de misa, el alguacil visitaba todos los hogares del pueblo con la cayada bendecida por san Blas, y acariciaba, con ella, las gargantas de todos los miembros de cada familia, y, en gratitud, se le obsequiaba con alguna cosilla bien en especies, bien con algún dinerillo.

Antiguamente, el síndico era el encargado de preparar la comida en su casa para toda la corporación municipal, y de contratar a los dulzaineros para el baile de la tarde.

Hoy ya no es lo que antaño fue.