Tal vez ocurrió...

Estoy en una modesta Estación de tren, esperando para desplazarme hasta la capital donde tengo que realizar un cometido insólito. Tengo 18 años de edad y voy a buscar unos atrezos de teatro a una tienda de antigüedades donde los alquilan pues un grupo de personas entusiastas de las representaciones teatrales del pueblo Poveda de las Cintas (ver foto) han decidido representar, nada más y nada menos que la obra ‘La verbena de la Paloma’ ¡Qué locura! Y entre ellos mi padre, médico del lugar, (ver foto), que ha sido quien me ha “obligado” a ser yo quien me desplace hasta la tienda de antigüedades y recabe espadas,  trajes, vestimentas antiguas y otras singularidades propias para la representación de la popular obra teatral.

Nunca me había visto en otra. Y aquí estoy esperando, que ya llega el tren de turno que me llevará hacía el cometido propuesto. Breve parada y subida buscando asiento. Poco personal en el compartimento  abierto de bancos en madera marrón y mucho silencio. Iniciada la marcha encuentro un lugar para sentarme y lo hago al lado de una señora de atuendo singular un tanto estrafalario y cargado de abalorios; ya es mayor y su cara guarda vestigios de una gran belleza pasada que deja entrever ya arrugas visiblemente marcadas. De voz clarísima con acento del sur al contestar a mi tímido saludo. Buenos días…

Roto el frío inicial; me sorprendió sobremanera cuando preguntó sin reparo: ¿Te digo mi nombre verdadero… o el de “guerra?

Yo, con 18 años de edad recién cumplidos y poco “baqueteado” en estos menesteres, me puse totalmente rojo, pero sorprendentemente contesté; dígame los dos.

Sonrió. Háblame de tú. Mi verdadero nombre es –Soledad Ferrer, nacida en –Granada- aunque criada en –Ceuta-, de donde era mi padre. Luego me llamaron ‘Sole’… ‘LA SOLE’.

Fui a la escuela en Granada, en un colegio de monjas, a las que yo quería mucho. Era un colegio de niñas pobres. Tan pobres; que enfrente de él había una-Clínica Médica y las niñas que queríamos ser enfermeras teníamos que ir allí para aprender. Nos daban un tomate para que aprendiésemos “inyectándole” y poner las primeras inyecciones. Pero nunca pasé dicho examen. Pues como tenía tantísima hambre, lo primero que hacía… ¡era comerme el tomatito!

Nos reímos y puedo asegurar que él monólogo de ‘La Sole’ contándome su entretenida vida fue variado, extenso, divertido y no tanto… que no puede ser contado el pocas líneas y hay lamentablemente que abreviar y llegar  hasta: “Pues pasado un tiempo trabajé en ‘Sepu’, grandes almacenes y en una cafetería importante… hasta que llegó lo del “Señor Duque”.

No pude menos de hacerla una ingenua pregunta ¿Un Duque de verdad?

Pausa… Sí, con muchos títulos y distinciones además de dinero, ya mayor y elegante. Se enamoro de mí y como se portó muy bien conmigo yo también la quería. Me ayudó mucho y como se decía entonces en la Radio… “fueron los mejores años de mi vida”. Alternábamos muchísimo; recuerdo que una vez en un hotel de mullidas alfombras al fondo del salón principal había un piano que tocaba un señor de larga melena con grandes aspavientos. La gente aplaudía mucho y yo también lo hacía por educación. Así que viendo el mucho entusiasmo el Duque-me preguntaba ¿Te gusta Sole? Y yo le contestaba: “Ya lo creo, me ha gustado mucho la música de “Chopino”. Entonces el –Duque- me miraba fijamente y apostillaba en bajo tono; Tú sólo habla lo justo y no digas más… era un encanto.

Comprenderán los lectores, que a estas alturas de nuestra conversación; entre lo que me contaba ‘La Sole’ y el “traqueteo” del viejo tren yo estuviese alucinado, pero había ganado en confianza, así que la pregunté decidido ¿Y, después de “romper” con el Duqie?

Hay querido; después del rompimiento hice la intemerata de cosas a cual más variada, hasta trabajar… bueno lo que se dice trabajar sea exagerado en ¡el cine! Por amistad con un conocido actor tuve un papelito en “La Viudita de Baviera”, donde decía a la protagonista de la obra: “Señora; el coche está en la puerta”… y para eso toda la mañana. Recuerdo que era por la época en que todo el mundo en España cantaba aquello del pájaro ¡Chiguay…chiguay! Y yo estaba del dichoso pajarito hasta la coronilla.

Y, ahora “Sole” ¿Qué hace usted?

Una nube de tristeza cubrió su bello pero ajado rostro, enseguida reaccionó y me dijo en voz baja ¡muy baja!... ahora cariño solamente recuerdo. Pero recuperó fuerzas añadiendo en media sonrisa: “Te doy las gracias por haber soportado mi larga conversación durante esta media hora; que para mí ha sido toda una vida”…

Abrumado no sabía que contestar, ella viendo el apuro me dijo cobrando fuerzas: ¿Sabes? una vez me cantaron los compañeros de la cafetería la canción que me era habitual de cuando estaba con él-Duque… Mi jaca galopa y corta el viento… Y ahora una amplia sonrisa se expandió por la cara de ‘La Sole’. 

He sentido un fuerte tirón de las mantas de la cama. Es mi madre que me despierta; ya que se hace tarde para que pueda irme hasta la Estación de Villar de Gallimazo, en bicicleta y “coger” el viejo tren que me lleve hasta Salamanca; de donde tengo que traer varias cosas antiguas, necesarias para poder representar  en el pueblo ‘La verbena de la Paloma’. Que unos entusiastas del teatro, quieren “poner” con gran empeño. Entre ellos mi padre; médico del lugar…