Los efectos de la movilidad durante la pandemia.

Prácticamente desde que empezó la pandemia, en realidad desde hace años, se evidenció una de esas llamadas verdades de Perogrullo relacionada con la movilidad, urbana o no. Si circulan menos coches hay menos accidentes y la contaminación también es menor. La publicación de las primeras estadísticas del año recién terminado lo confirman una vez más. Recordemos que el Ayuntamiento reconoció un descenso del tráfico en la ciudad debido a las restricciones impuestas por la pandemia, era inevitable.

De “aquella manera” hemos conocido datos sobre atropellos durante 2020 en Salamanca, pero no se han publicado los globales de accidentalidad por el tráfico. Nuestro gobierno local alardea de transparencia, pero no sobresale precisamente por las memorias de servicios municipales conocidas; de la Policía Local no hay desde la referida a 2016. Afortunadamente son públicos datos sobre transporte público urbano, aunque lejos de lo que hace Valladolid, pero no del transporte metropolitano donde el ocultismo procede de la Junta.

Si observamos los atropellos en la ciudad desde 1999, no tengo anteriores, la tendencia es descendente tras el pico de 2005. Los máximos posteriores, en 2013 y 2016, han sido por debajo, pero solo hemos vuelto en 2019 a números parecidos del principio de la serie. 2020 es excepcional por el menor uso del coche según se nos informó en su momento. Y como hemos mencionado alguna vez, los factores concurrentes en los atropellos salmantinos abrumadoramente son atribuibles a los conductores de vehículos. Mientras suben, los vinculados al peatón bajan.

Recordemos al fallecido del pasado año atropellado en una calle peatonal, el centro peatonalizado fue la cuarta zona en atropellos. Aparte de esto, los lugares donde ocurren esos accidentes parecen demasiado habituales. Que además suceden en las horas de mayor afluencia en las calles y la finalización de actividades (12 a 14 y 18 a 21 horas). Los mayores de 60 años siguen siendo los más afectados, pero ese año crecieron en edades entre 31 y 50.

Por el contrario, la DGT publica datos más completos de accidentalidad en las carreteras, provisionales y referidos a 24 horas. Y también se constata que la reducción del tráfico provocado por la pandemia supone menor número de accidentes y de víctimas, aunque la tendencia inicial del año no era esa. Incluso el informe los pone en relación con las restricciones a la movilidad. Como curiosidad, el 82% de los fallecidos son hombres, y el 36% en turismos y furgonetas no usaban el cinturón de seguridad. Lamentablemente en la provincia de Salamanca se ha doblado el número de accidentes y heridos respecto a 2019, los fallecidos han pasado de 12 a 18.

En definitiva, una vez más tenemos la evidencia, cansina ya por repetitiva, de la necesidad de replantear nuestra forma de movernos por el espacio terrestre. Seguir insistiendo en el uso desmedido del vehículo privado frente al transporte público, y de la carretera frente al ferrocarril, provoca serios problemas a la sociedad en forma de congestión, contaminación y accidentes. Combustible para el Cambio Climático, que genera miles de muertes prematuras. Y los científicos insisten en la necesidad, cada vez más imperiosa, de cambiar este modelo.