La vida misma

Añoranzas, recuerdos y también deseos, ilusiones y esperanzas que dan sentido al presente diario que desgraciadamente se ha entristecido con esta tragedia de la pandemia  y ha truncado a veces con la muerte, todo aquello que se había hecho eterno gracias a los encuentros y reencuentros entre personas, personajes, ambientes y paisajes”. La vida misma... ¡Qué pena!

Me encuentro en este compás de espera repasando papeles, cosas varias y demás, pues los días son muy largos y a ello se una la tristeza de estar mucho tiempo en casa por miedo y orden de la autoridad o mejor dicho, por miedo e imperativo categórico de él “bicho” que ha trastornado nuestra vida y también la vida misma a peor. Y que sólo Dios sabe hasta dónde llegará este “sin vivir” lleno de incertidumbre…  

Decía que a vosotros también os habrá alguna vez; el que en momentos de tedio y aburrimiento os dio por ordenar vuestro habitáculo de trabajo o “rincón de pensar” (ver foto), y en un momento mágico apareció un papel mal archivado, que os sorprendió al volverlo a leer, gratamente o no, en una carpeta  morada que el tiempo había decolorado en las esquinas. Tal me sucedió días pasados. Estando en estos menesteres un folio escrito en letra propia habitual y un tanto ilegible estaba entre otros documentos. Era un borrador que hice  él 30 abril 2012 - con motivo de la presentación de uno de mis libros ‘Contrastes- epopeya de lo sencillo’ en el Casino de Salamanca- . El borrador estaba dirigido a Conchi (Concepción Santos Hernández q.e.p.d), mi hermana. Para ser impreso en el libro que la iba a regalar dedicado, y  estando ella aún en vida.

                     Salamanca 30 abril 2012

Querida Conchi: ¿No crees que es demasiado?

Sí. Ya sé que alguno de los Santos y además Hernández; nos va la “marcha”. Pero el festejo celebrado en el-Casino., fue “demasié”. Amigas, amigos, familiares, gentes de diversas clases sociales, estrellas de televisión, personas generosas de “Proyecto Hombre”. Un poeta de pueblo, cantantes, prensa, radio y televisión, algún despistado transeúnte, ¡hasta el Alcalde de Salamanca! y un humilde servidor… “contador de historias humanas”…

Muchas… muchas gentes conocidas, amigas y que el paso del tiempo ha producido, como en nosotros, sus estragos sin piedad… ¡en fin!... LA VIDA MISMA.

Y, siempre, siempre; el recuerdo de personas queridas que nos dejaron… ¡Qué pena!

Qué más voy a decir… nada… ya está dicho todo. De tú hermano. Anselmo.

(Conchi murió en febrero del 2017).

- Buenos días, prenda.

- Buenos, señor Manuel.

- Te veo triste. ¿Algún problema?

- Nada señor Manuel. Que he dejado volar la imaginación. He viajado en el tiempo, a través de recuerdos intensos, tan intensos que se han convertido en un presente continuo.

- ¿Has llorado? Es que te veo con los ojos brillantes.

- No. Lo que pasa es que en los mayores los lacrimales están “flojos” y cualquier brisa de ná… produce torrentes de agua.

- Ya…

- Sabe usted amigo. “Siempre que se recuerda con nostalgia cosas pasadas, nunca se sabe si lo que se recuerda son dichas cosas o la juventud que tenías en aquel momento”.

- Cierto es. Y además en tú caso concreto, lo has vivido en las “propias carnes”. Pues has tenido la gran suerte de haber estado dentro de los  formatos clásicos de la comunicación-Prensa, Radio, Televisión y Libros. Y por paradoja te ha quedado muy a trasmano… la Red Digital. Perdona que te diga mi extrañeza al no encontrar   lógico que en esa parcela te encuentres tan  perdido. Dichos medios fueron transitados por ti con objetivos esenciales, como trasmitir conocimiento y contribuir humildemente a la rehumanización imprescindible de una sociedad desmantelada en lo humano y también en lo divino.

- Uy…  señor Manuel. Mucho me temo, que con esta larga perorata, me quiere usted decir algo, aunque ello sea entre líneas… ¡Diga!... diga sin tapujos lo que sea.

- Pues sí. Que me voy a pasar una temporada a Barcelona y te dejo solo una temporada en esto de nuestras charlas mañaneras, con vermú, anchoas de las redondas y lo que se “tercie”. Pero estoy convencido que te las “arreglarás” con otras historias; humanas y divinas, amenas, distendidas y amables…

- Le echaré de menos, señor Manuel. Pues eso.