La hipocresía de la ultraderecha

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Los cuatro años de la era Trump provocaron una polarización sin precedentes en la sociedad norteamericana, hasta el punto que durante los últimos días de su mandato estuvieron a punto de acabar por la fuerza con la cuna de las democracias modernas durante el asalto al Capitolio el día antes de Reyes.  Trump, como ocurre con la mayoría de los líderes de la ultraderecha, nunca aceptó su derrota electoral, acusando a los adversarios, Joe Biden y los demócratas, de cometer fraude electoral.

 

            El Trumpismo se ha caracterizado por construir una ideología de tiranía y extravagancia que a punto estuvo de arrastrar al país (USA) hacia la destrucción. Por ello, resulta paradójico que el líder de Vox en el Parlamento Europeo, Buxadé, haya pedido adhesiones para solicitar la concesión del premio nobel de la paz nada más y nada menos que a Donald Trump. La secretaria general de este partido, Macarena Olona, ha manifestado que nada tuvo que ver Trump en el asalto al Capitolio por parte de sus seguidores, cuando todos sabemos que estuvo incitando constantemente a los asaltantes  para que secundaran las protestas. Una conducta gravísima porque Trump incitó a sectores de la sociedad ultraconservadora norteamericana a rebelarse contra el candidato a presidente que obtuvo más votos. Una reacción completamente autoritaria y despótica impropia de un mandatario de un país plenamente democrático inspirado en los valores universales de libertad, igualdad, fraternidad y respeto a los derechos humanos de todos.

 

            La reacción democrática de la sociedad americana ha sabido responder a los desafíos de Trump, abortando un segundo mandato que hubiera conducido irremediablemente a USA a un callejón sin salida. Probablemente, y como ocurrió tristemente durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, Trump, como Hitler, hubiera provocado un conflicto mundial de consecuencias devastadoras. Un irresponsable como Trump, con ademanes excluyentes, autoritarios, violentos e incluso infantiles -con rabietas incluidas-, no puede llevar la dirección de un país, siendo, además, el más importante de la tierra, que marca el ritmo político y la vida cotidiana del resto del planeta.

 

            En tan sólo cuatro años de Trumpismo se han consolidado sus perversas doctrinas y sus ademanes y costumbres en sectores reaccionarios y populistas. En el fondo no es algo nuevo, sino que es una versión actualizada de la máxima del ministro de la propaganda nazi Goebbels, que ahora encarnan el ex asesor de Trump Steve Bannon (condenado por fraude y recientemente indultado por el ya ex presidente Trump antes de abandonar la Casa Blanca) y sus conexiones en España, Bardaji, ideólogo de VOX, muy relacionado también con Aznar y el actual jefe de gabinete de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez (MAR, para los amigos). La manipulación de la información, el engaño a la sociedad y echar la culpa siempre a los enemigos y adversarios de cuántos sucesos negativos ocurren, son la estrategia adecuada, que está viniendo bien a algunos incompetentes y necios políticos la de derecha y ultraderecha.

 

            A esta gente le interesa estar sistemáticamente manipulando la realidad, porque distorsiona la información y pueden engañar a las personas que tienen una educación y una formación más limitada. Hace tan sólo unos días me han enviado de nuevo aquél video de unos jóvenes que en clase agreden a su profesora (hechos ocurridos en Brasil y ya difundidos en 2019 por las redes sociales) y que los creadores afirmaban que era en España y que esto sucedía como consecuencia de acoger a los Menores Extranjeros No Acompañados (MENA), niños menores de 18 años que huyen de sus países por encontrarse en situaciones de maltrato, extrema pobreza, guerras o trata de seres humanos.

 

Los mejores ejemplos de manipulación de la información política son los dirigentes de Madrid, la presidenta de la comunidad y el alcalde, además de algunos dirigentes del PP y de VOX, fundamentalmente. Cuando sucede algo negativo en sus respectivas áreas de la administración territorial en las que son competentes para actuar, la culpa no es de ellos, sino de “los otros”. Todos los días, Ayuso y Almeida nos dejan perlas de ejemplos para la reflexión y la crítica: las consecuencias de su mala gestión en las últimas nevadas o las de una gestión  caótica de vacunas de la covid-19.

 

Para finalizar, traslado la siguiente reflexión: ¿Qué hubiera pasado si en lugar de ser la líder de VOX quién ha pedido el premio nobel de la paz para Trump hubiera sido Pablo Iglesias el que lo pide para otro líder político anacrónico y nefasto llamado Nicolás Maduro? ¿se hubiera mantenido calladito Casado y todo el PP como lo ha estado ahora con la petición de Macarena Olona?