El sentido del sufrimiento

Lo que afecta a los hombres no son los hechos, sino sus opiniones acerca de los hechos” (Epicteto). Todo depende de quien observa y desde el lugar que lo hace. El mismo barrio, la misma realidad, es distinta para cada vecino. Cuando al otro no le gustan nuestras ideas, decimos que tiene prejuicios; pero cuando a nosotros no nos gustan las suyas, aparentamos ser personas con un buen juicio crítico. Cuando el otro gasta mucho, decimos que derrocha; pero cuando lo hacemos nosotros, alegamos que somos generosos. Así de distinta puede ser nuestra visión de un mismo hecho y, por lo tanto, del sufrimiento del otro y del nuestro.

 “El sentido del sufrimiento” es importante descubrirlo. Nadie nace sabiendo sufrir ni hay en nuestra escuela temprana ninguna asignatura que nos enseñe a enfrentar el dolor, ni sabio que pueda explicarnos su por qué. Las grandes religiones han dicho su palabra sobre el tema, pero éste, sigue siendo la asignatura pendiente de la humanidad y compañero inseparable de todos los seres humanos. Se aprende sufriendo, como se anda andando, o se alimenta uno comiendo. Sólo sabemos que estamos ante algo parecido a un camino, que nadie puede transitar por mí y para el que no valen medios de transporte. Hay que hacerlo de forma personalizada, paso a paso. Y, a simple vista, no hay respuestas para el sufre, no hay una razón que nos convenza ni un sentido aparente y, esto es , precisamente, lo que le machaca al ser humano, pues bien decía Víktor Frankl  que el hombre no se destruye por sufrir; el hombre se destruye por sufrir sin ningún sentido.

No cabe duda de que las distintas aptitudes, los diversos enfoques pueden ayudarnos a sufrir con amor, porque saber sufrir es la sabiduría más excelente. Nunca podremos adivinar ni hacernos una remota idea del valor de tantas vidas que parecen inútiles, simplemente porque están condenadas a vivir de por vida, en una cama, en una silla de ruedas u olvidados en el rincón de una habitación.

Estamos en las manos de Dios, pero Dios, de alguna forma, tiene las manos atadas y  también depende de las nuestras para consolar y aliviar el sufrimiento del ser humano. El dolor es un mal que hay que evitar. Hay que luchar contra él, mientras se puede, pero también debemos confiar en Dios.