Página ilusionante

Parece que estamos ante el umbral de un cambio en Estados Unidos, que traerá posiblemente consecuencias beneficiosas en la política internacional. Este próximo martes, 20 de enero, como tiene el país por tradición, jurará su cargo el presidente electo de los Estados Unidos, el demócrata Joseph Biden, tras su victoria en los comicios presidenciales del pasado mes de noviembre.

            En su momento, comentamos lo vibrante que nos resultó un lema del que está a punto de ser nuevo presidente norteamericano: recuperar el alma de América. Un lema absolutamente pertinente, tras cuatro años de una presidencia dominada por el ruido y la furia, si se nos permite utilizar el título de una gran novela del narrador norteamericano William Faulkner.

            Recientemente, leíamos una entrevista que se le realizara, en 1956, precisamente a William Faulkner, Premio Nobel de Literatura en 1949 y uno de los renovadores de la narrativa contemporánea, y que apareciera en la conocida ‘The Paris Review’, en la que, tratando de aludir al futuro de su pueblo, indicaba:

            “los estadounidenses solo sobreviviremos si optamos por ser ante todo estadounidenses y nos presentamos ante el mundo como un frente homogéneo e indivisible, seamos blancos, negros, morados, azules o verdes.”

            Sí, nada de supremacismos. El color de la piel no tiene importancia alguna, si sabemos ver en los demás seres humanos, sean quienes sean, sujetos marcados por la dignidad, como todos lo somos, por el mero hecho de ser seres humanos.

            Todos suman, todos importan. Ese tan lúcido lema, surgido de aquella oleada de indignación y protesta que recorrió Estados Unidos, tras la muerte de George Floyd, debido a la asfixia causada por la rodilla de un agente policial, sigue teniendo vigencia y la tendrá siempre. Porque, sí, todos sumamos y todos importamos.

            De ahí que ese lema de recuperar el alma de América, que parece traer consigo Joseph Biden, que este inminente 20 de enero accederá a la presidencia de los Estados Unidos, como cuadragésimo sexto presidente de ese país, sea un lema que promete desarrollar una página esperemos que ilusionante en la historia de ese país y, por tanto, también del mundo

            Porque recuperar el alma de América es volver a reconocer, cofinanciar e incorporarse, por ejemplo, a la Unesco y demás organismos internacionales, volver a suscribir e los tratados internacionales del clima… y otros compromisos de los que, extrañamente, se apeó, el innombrable anterior presidente.

            Signos ha habido y sigue habiendo, en declaraciones, directrices y nombramientos para la próxima administración norteamericana, por parte del nuevo presidente.

            A ver si, en estos tiempos, marcados por tantas incertidumbres, por tantas nevadas que nos pillan desprevenidos, por tantas pandemias que nos paralizan, entre todos podemos recuperar el alma, esa alma que siempre es universal y pertenece a todos, para poder escribir una página ilusionante.