¡Vaya comienzo de año!

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Cuando apenas llevamos dos semanas del nuevo año, la cuesta de enero está siendo la más pronunciada de las últimas décadas. Por un lado, y a pesar de que las autoridades sanitarias anunciaron, con bastante antelación, que no deberíamos haber celebrado las fiestas de navidad para prevenir los contagios de la Covid-19, los ciudadanos tropezamos en la misma piedra y la pandemia está proliferando como nunca en los últimos días en España. Por otro, la intensa ola de frío que padecemos y que ha venido acompañada de fuertes nevadas en algunos lugares como Madrid, ha destapado las debilidades endógenas que tiene nuestro tan cacareado Estado del Bienestar.

 

            Si a este cúmulo de situaciones adversas le unimos la intensidad con la que la oposición utiliza sistemáticamente la trifulca política diaria, el cóctel explosivo puede acabar con los jirones de nuestra convivencia.

 

            La evolución de la pandemia ha puesto de manifiesto que las Comunidades Autónomas que han privatizado la mayoría de los servicios públicos esenciales: sanidad, educación y servicios sociales y han aplicado tasas impositivas reducidas a las grandes fortunas, son las que tienen unos índices de pobreza, de desigualdad y de exclusión más elevados. En Madrid, por ejemplo, el desmantelamiento de los servicios públicos y la privatización de los mismos, ha provocado que para abordar la pandemia, el número de rastreadores sea ridículo, los especialistas de atención primaria sanitaria brillen por su ausencia y que la educación pública tenga una ratio profesores-alumnos tercermundista.

 

¿Qué ha hecho Díaz Ayuso para intentar solucionar estas carencias? Solicitar voluntarios, primero para el hospital de campaña de IFEMA, continuando por los rastreadores, siguiendo con el flamante hospital de pandemias “Isabel Zendal” que, a pesar de haber triplicado su presupuesto inicial, no tiene medios para almacenar las vacunas contra la Covid y los pacientes que allí han estado relatan que no funcionaba el agua caliente, que ha habido cortes de luz y de agua, que los baños están anegados y que los servicios de comida y limpieza funcionan pésimamente. Y eso que el hospital, en palabras de la presidenta Ayuso iba a “maravillar al mundo”.

 

¿Cómo han solucionado el alcalde de Madrid, Martínez Almeida y la presidenta Ayuso los problemas derivados de la intensa nevada caída el pasado fin de semana y ya prevista por todos los meteorólogos durante varios días antes? Pues, como solucionan todo, echando balones fuera, culpando al gobierno central de no hacer nada y animando a los ciudadanos para que colaboren voluntariamente en quitar nieve de las carreteras, calles y accesos a hospitales y viviendas.  Sabemos que la Comunidad de Madrid tiene asumidas las competencias de transportes, movilidad e infraestructuras y, a pesar de eso, quienes han trabajado día y noche para quitar la nieve e intentar volver a la normalidad han sido los miembros del Ejército de la UME, dependientes del ministerio de Defensa del gobierno de España y los ciudadanos voluntarios. Las consecuencias han sido funestas, porque muchas personas en situación de urgencia vital por enfermedades como infartos e ictus no hayan podido ser atendidas.

 

Lo que necesitamos en estos momentos todos los ciudadanos es unidad de acción social y política para abordar uno de los momentos más críticos que estamos padeciendo: la Covid-19 y, como consecuencia de ello, la grave crisis económica que nos atenaza. Y en una situación como esta no se deben priorizar, en ningún caso, los intereses partidistas y electorales  y, por desgracia, en la derecha política, sobre todo del PP, hay mucho de esto. El ejemplo más reciente ha sido la crítica desaforada a la gestión del ministro de fomento, Ábalos, por la gestión de las nevadas en el aeropuerto de Barajas, pidiendo, además, su comparecencia en el Congreso y, en cambio, no critique a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Ayuso y al alcalde, Martinez Almeida por la gestión de las nevadas en las carreteras de la comunidad o en las calles y los accesos a centros hospitalarios y educativos, por poner sólo algunos ejemplos. Además, Ayuso haya estado desaparecida durante los peores días de las intensas nevadas. “This is the question”. Ellos sabrán lo que hacen, porque la ciudadanía no es tonta.