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Miércoles, 20 de enero de 2021

Trinidad Ardura, entre vista de perfil

“La escritora que sorprendió a todos en 1995 con sus entrevistas a los protagonistas de la sociedad salmantina en las páginas del periódico, nos devuelve una mano de cartas en forma de libro con la misma frescura, actualidad y gracia con la que retrataba el paisaje humano que le era cercano”
Entrevista con Trinidad Ardura sobre sus vivencias y su libro “Entre vistas” | FOTOS: CARMEN BORREGO

Pone Trinidad Ardura sobre el tapete un ramillete de retratos salmantinos que despliega con la maestría de una avezada jugadora de bridge. Con esa gracia que la ha hecho única, sorprendente y que nos enamora porque tiene Trini un talento de anfitriona generosa que desborda la charla, los renglones, el afecto, la risa y a su lado el tiempo se conjuga y conjura de otra manera, la suya. La escritora que sorprendió a todos en 1995 con sus entrevistas a los protagonistas de la sociedad salmantina en las páginas del periódico, nos devuelve una mano de cartas en forma de libro con la misma frescura, actualidad y gracia con la que retrataba el paisaje humano que le era cercano. Una mano maestra con Maestro.

Torrente Ballester te sugirió que escribieras entrevistas para “hacer dedos” tras tu primera novela y retrataste a buena parte de la sociedad salmantina.

Eran los que tenía al lado, la gente que conocía, que trataba, que me interesaba. Como el Obispo Mauro, quien por cierto tiene una de las mejores fotos de aquellos artículos, el Obispo sentado al lado del alcalde socialista, Jesús Málaga, en una barrera en los toros. Mauro tenía fama de progresista y Salamanca lo recibió de uñas. Ahí en las entrevistas hay mucho mío, porque en realidad yo cuento quienes son ellos desde mi perspectiva. A mí lo de pensar en una entrevista y decir ¿Tú qué piensas de fulatino? me parece que ya estaba supertrillado. Por eso me tomé el trabajo de hacerlo de otra manera. La sorpresa fue para Torrente, que no sabía cómo calificar aquello.

Explicas maravillosamente que fue un maestro para ti y que no sabías cómo entrevistarlo hasta que él te dijo “Tú pregunta” ¿Cómo le conociste?

No te lo vas a creer, a mí me lo descubrió como escritor un primo carnal de mi exmarido, psiquiatra fantástico y lector apasionado, un hombre brillante. Me habló de Los Gozos y las Sombras cuando Torrente no había llegado todavía a Salamanca. Estaba yo embarazada de Juan y dije, uff, a mí los libros largos, yo vengo de la poesía. Pero él insistió: “Tú empieza”. Fui a pedirlo a Cervantes pero lo único que tenían en ese momento de Torrente era el Don Juan. Me lo leí y mi hijo se llama Juan por eso. Me pareció un libro escrito desde una perspectiva superfeminista para la época y para el tipo de escritor que uno suponía que representaba Torrente. Y sobre todo, vi que era un hombre feminista y yo quería que mi niño, pues también, además de gustarme mucho el nombre. A continuación, un amigo nuestro de la pandilla con la que salíamos noche sí y noche también…

¿Cómo te las arreglabas para salir tanto con los niños?

En Salamanca entonces era todo muy fácil, nos conocíamos todos, nos veíamos de pinchos, en las casas, con los niños, todo estaba cerca. Total, el amigo vivía en la casa donde Torrente alquiló un piso y se hizo amigo de ellos por Fernanda, su mujer, ¡Ella tenía un arte para estar, para ser! Al final resultó que nuestros hijos se hicieron amigos y conocí a los Torrente en un concierto en el Camelot en el que mi hijo tocaba la guitarra y fueron todos, lo que siempre les agradeceré, porque no hay nada como que arropen a un hijo tuyo. Allí acabó don Gonzalo cantando tangos.

Yo no me imagino a Torrente cantando nada…

Pues le encantaban, lo hacía con entusiasmo, eso lo sabe toda Salamanca, le gustaba mucho el flamenco. Era un hombre especial, su nombre ya es historia en la literatura española.

Ese “Tu pregunta” de Don Gonzalo es maravilloso. Has hecho del periodismo, que es algo inmediato, actual, para ya mismo, un ejercicio literario que pervive aunque hayan pasado 25 años. Don Gonzalo te cantaría que veinte años no son nada…

 A mí me parecen, y me siguen pareciendo estas entrevistas, muy modernas. Y además, de qué mujeres hablo, no adelantadas, adelantadísimas, y encima, todas guapas. Entrevisté a mujeres rompedoras que no han tenido miedo de saltar barreras. Y a la vez, que han sido cuidadosas porque tú no vives solo en una sociedad, tienes unos hijos, un marido con una profesión… entonces no te comportas como cuando eres estudiante y estás tú sola pegando brincos.

¿Te quedaste con gana de entrevistar a alguien?

Si, pero llegó un punto en que estaba saturada, yo me canso enseguida de hacer lo mismo. Mira, yo me fui a Madrid a hacer Económicas porque era la carrera que no había en Oviedo, quería ir a Madrid porque quería ser escritora, pero había hecho el bachiller de ciencias porque me parecía que las matemáticas tenían otro fundamento para estar en la vida, y sí, me hubiera gustado estudiar periodismo, sí. Yo venía de la poesía y me presentaba a los concursos no por el premio, sino por la pasta, era estudiante y me hacía feliz el hecho de ganar un premio, aunque siempre han sido los de poesía muy pobremente dotados. Tenía 18 años y eso se lo contaba yo a Carmen Balcells que se moría de la risa.

¿Carmen Balcells?

Sí cariño, porque aunque no lo parezca su agencia aún me representa. Os decía que aquella gente estaba más interesada en mis manzanitas espingardas, con aquella edad, que en los versos. Yo pensé que se me tenía que tomar en serio y lo dejé. Luego Fermín Querol siempre me dijo que tenía que escribir, pero bastaba que lo dijera él para que hiciera todo lo contrario. Total que apareció Torrente que dijo que tenía que sentarme a escribir. Que todo lo que le contaba, que lo escribiera. ¡Don Gonzalo, que no sé escribir a máquina! Pues nada, grábalo. Y yo ¡Si escribir dos folios o tres sólo lo he hecho para los exámenes! ¿Cómo voy a escribir una novela, qué cosas me dice? Tú empieza.

Tu amistad con Don Gonzalo es legendaria.

He tenido esa suerte, a él le encantaba esta casa y allí se sentaba, desde ahí lo controlaba todo. A mí me gustaba dar fiestas y aquí se juntaba gente muy variopinta y Torrente encantado. A Charo Ruano la conocí por él, ella le preguntó por mí y le dijo “Serás la única en Salamanca que no la conoce”, entre la tienda, el restaurante y el cine a mí me conocía todo el mundo y además, yo era muy sociable.

Yo te encontré por Charo. Trini, fuiste una emprendedora tremenda.

Sí, me he metido en cada charco… Ahora me digo, qué naturaleza has tenido, corazón. A mí las amigas me decían que escribiera, quizás por las cartas que les mandaba o lo que escribía a mis hijos. Y una amiga mía, en una época que yo decía muchos tacos porque quizás era una necesidad de provocar, me propuso escribir una novela erótica para el premio de La Sonrisa Vertical. Me decía que de eso sabía muchísimo ¡Y es verdad que sabía! Se titulaba “Eva y Eva”, una Eva más recatada y otra, más golfa. A mí no me salía nada aunque, de repente, empecé a escribir y a escribir y un día que se presenta, empieza a leer, se queda atónita y me dice “Esto está muy bien, pero no es una novela erótica”.


Era Olvido, tu primera novela.

Surgió porque nos habíamos ido al Festival de Cine de Gijón, que venía Irvin Kershner, el del Imperio Contraataca, que era amigo mío. Allí estábamos Lola Herrera y el director de la Filmoteca, Pérez Millán, que era muy amigo de Pilar Miró. Nos fuimos a mi pueblo, Teverga, la gente encantada porque está Lola Herrera, el otro les da lo mismo… y de repente, él ve mi casa, donde me crié, la iglesia románica preciosa, se queda así y dice, bueno o escribes tú esto o lo escribo yo. Entonces decidí que me iba a poner a escribir. De Olvido dijo el ABC que era una novela lírica, entrañable y que no parecía ser una primera novela, la ponía muy bien. Yo en ese momento no le di importancia y mira que sí la tenía, y la tiene, en eso creo que he sido muy torpe.

¿Qué dijo Don Gonzalo?

Me llamó a su casa, y allí, ante la chimenea, él con su wisquito y sentados juntos me escuchó leer diciendo de vez en cuando: “Pequeño animal no, pon animalito”, “Esta chica muere ¿verdad? A ver, a ver cómo muere, léeme esa parte”. De pronto llamó a Fernanda para pedirle algo y ella, cuando salió, les dijo a sus hijos “Le gusta”. Sus hijos y los míos andaban siempre juntos y estaban pendientes todos. Él me decía, esto lo has visto, esto te lo han contado, esto te lo has inventado tú… Yo salí de casa de Torrente… el sobresaliente cum laudem no era comparable… Él me conocía muy bien, también era géminis, me debía ver transparente. Él decía luego “Lo difícil es la segunda novela”. Creo que me quería mucho, Don Gonzalo.

Abres el libro con él y lo cierras con Fernanda, su mujer.

Así me encaja perfectamente. Cuando tú me dijiste que mis entrevistas eran “perfiles” lo vi claro. Es otro género literario, el profile o perfil se usa hasta jugando al bridge. Escribir y jugar son las dos cosas que me abstraen de todas las preocupaciones. Y leer, identificarte con un libro, leer algo que has pensado tú, que te muestra otra forma de contar. Torrente decía que hay más de trescientas maneras de escribir una novela, la Saga/fuga la reescribió varias veces. Yo me consideraba muy leída, pero te pones a escribir otra cosa que no sean cartas o firmar talones  y vaya… mirad, me reenganché con derecho, y le dije al profesor, por favor, hace diez años que no cojo un bolígrafo para escribir ni medio folio, espero que sea al menos legible lo que he puesto…

A mí me admira cómo escribes. Eso sí, la portada de este libro no me gustó cuando la vi.

La autora de la portada, Alba Sanzo Sahagún, es una amiga de Juan,  una artistaza. A mí me gusta contar con la gente que conozco, que sé que vale, estamos todos aquí remando al unísono, de esto va este libro. Cuando tú me hablaste del género de los perfiles pensé que mis protagonistas son personas entre vistas. Yo le decía a Alba, imagínate un teatro con un telón que se abre y tú ves una figura, pero es una parte de esa figura, la estás entreviendo, como entre bastidores, una parte, porque no puedes abarcarlo todo. Eso es lo que he hecho, mostrar una parte significativa, o que para ti es importante y que define un poco la esencia de esa persona, pues es lo que yo quiero contar. Y entonces la niña me dijo, ya miraré. Vino con esta imagen y me quedo estupefacta mirándola, que yo ese teatro lo conozco, estrenamos ahí en el Calderón, en Valladolid, la primera película de Juan, “Familia”. Eso sí, cada uno ve una cosa… son lenguas, qué son ¡Son butacas! Es chocante, es original y le dije a Alba, no me mandes más, ya está. Y cierto, era el teatro Calderón de Valladolid.

Fuiste la productora de la película “El Nido” que según Ignacio Francia no hubiera podido hacerse sin ti. Y eres la madre del actor y músico Juan Querol, pero todo eso daría para otra entrevista. Trini, a mí me parecieron llamas… eso sí, el título es un acierto. No son entrevistas, sino personas “entre vistas” por ti.

Claro, son personas entrevistas por mí, he escrito lo que he visto de ellas, y he querido contar lo bueno, claro, porque he podido contar otras partes, pero yo hacía lo que me daba la gana. A las personas las elegía yo. Tuvieron su momento en el periódico y luego, cinco años después de su publicación, alguno de los entrevistados me sugirió que podía ser interesante reunirlas y ahí quedó ¡Es que estas entrevistas están escritas hace 25 años, que no son de ayer! Y has sido tú la que viniste un día y me dijiste que eran valiosas, que hablaba de personas que son parte de la historia de Salamanca. Y es verdad que lo son, gente progresista, gente que quería avanzar, y decentemente, además. Y todo se puso en marcha, y mirad, era tan difícil encontrar los negativos de aquellas fotografías que acompañaban magníficamente a las entrevistas, que al final nos decidimos por los retratos que hizo otra artistaza, Aída Rubio.

Yo me siento muy orgullosa de formar parte de este libro, son casi treinta perfiles, retratos muy hermosos ¡Y qué títulos pones! ¡Y qué personajes!

Gente valiosísima, mira, Ricardo Hevia, un entrenador de baloncesto de primera fila, dijo que era la entrevista en la que se había sentido más identificado. Cuando cuenta lo de su madre, que iba a ponerle flores a un sindicalista asturiano que cuando murió lo enterraron por lo civil, Manuel Llaneza, él no sabía que mi madre y mi padre, cada uno por su lado, eran primos suyos. A este hombre, y todavía vivía Franco, lo enterraron envuelto en la bandera de la república, y quien fue al entierro quedaba significado. Cuando él habla de su madre que se juega el tipo por llevarle flores a ese hombre, no sabe que mis padres fueron al entierro con todo lo que comportaba. Eso cómo no va a marcar carácter, esas vivencias son de gente que tu aprendes a admirar, la valentía de una mujer que apenas sabe leer y escribir pero que da ese testimonio al hijo. Y el hijo te lo cuenta y también forma parte de mi historia… y hay tantas historias en estos personajes admirables…

Como la hay en esta mujer al calor de la lumbre de su casa, todo gozos y ninguna sombra, porque es Trinidad Ardura certera y directa, de la que se podía decir lo mismo que afirma ella de Don Gonzalo: “Es un magnífico conversador que goza del rarísimo don de saber escuchar”. Y ahí donde da la vuelta el aire, donde se confunden las fechas y lo bueno, lo sólido, lo eterno permanece, como los sillares de la esencia, sigue la escritora barajando páginas y afectos, temple de acero. Manzano, montaña, campo, arte, música, pintura, amistad, siete sin triunfo. Nunca Olvido, Trinidad Ardura, mosaico polifónico donde leerte, no entrevista, sino entera y verdadera.