Sábado, 10 de abril de 2021

Allegado

¡Cómo pasa el tiempo! Me encuentro, de momento, solo en la –Parcela-, ya que el señor Manuel no ha llegado aún, pero estará al “caer” por aquí de un momento a otro. Mientras, estoy pensando y reflexionando en la larga singladura que inicié hace ya mucho tiempo… ¡y aún sigo! Cuando muchas veces pensé convencido que: “No tendría el aliento necesario para cubrir otro tramo” en  este largo trayecto de contar “historias” humanas y alguna divina. Como bien justifica mí buen amigo-Juan Francisco Blanco-Director-Instituto de las Identidades-Diputación de Salamanca; en el –Prólogo-y Presentación; que hizo a uno de mis libros-MAÑANA SERÁ OTRO DÍA- “el señor Manuel y yo”- 18 abril 2016-…  (Ver foto). “Él cree que no, pero los demás sabemos que sí”.

Acierta también-Juan Francisco-, cuando asevera: “Hay un pensamiento fatalista que surca la –senada- de este libro. La obsesión por el tiempo (el pasado y el por venir), y particularmente una suerte de presentimientos nefastos anidan en algunas páginas. Manifiesta una preocupación recurrente por “cómo viviremos los años ganados a la muerte” y un interés acuciante por el llamado gen de la larga vida”.

Llegado a este punto; quiero puntualizar dolorido, que cuando-Francisco Blanco- escribió lo anterior, ni en sueños pensábamos, él y yo, en lo que nos llegaría con el-Coronavirus- y el desastre que ha ocasionado sobremanera entre los mayores. Cobrando enorme actualidad la pregunta. ¿Cómo viviremos los años ganados a la muerte?

De estar hoy aquí el señor Manuel, si…  estuviera en la –parcela- diría contundente: “Lo tendremos que superar con-REDAÑOS: “fuerza, brío, y valor”. Aunque aprovechando su ausencia me atrevo a refutarle, aunque se incomode: “Querido amigo. Ya no tenemos fuerza, de brío andamos escasos y respecto al valor ¡se nos supone!... como en la “mili”.

Quiero agradecerle muy sinceramente a-Juan Francisco-lo que escribe en otro apartado de su-Prólogo- (entre otros motivos; por tener esta ocasión de poder hacerlo, ya que a mis años, cualquier “imprevisto”, puede tener negros presagios para la salud). Y también porque es muy cierto lo que escribe respecto al personaje del señor Manuel: “El señor Manuel, con el que más que dialogar-monologa, es la voz de su amo. Que es como decir la voz del pueblo, como llana es la escritura de Anselmo. Escribe para que todo el mundo lo entienda, huye de las imposturas y los artificios, confiesa (probablemente es la única presunción que se permite) el ser-rural, con auténtico orgullo. Y asevera que le gustaría ser reconocido como-Contador de Historias- humanas (Ver foto), y llega a elegir un epitafio rotundo: “Pasó por aquí un –Contador de Historias”.

Llega por fin el señor Manuel; con el que “susurro”, “discuto”, monologo y a veces dialogo y que para mí es como un-ALLEGADO-, expresión que ha “sonado” mucho últimamente, y que es algo así: “Alguien que sin ser de la familia directa; es muy apreciado”. Es el caso.

Buenos días señor Manuel.

Buenos y santos prenda. Antes de que lleves tú todo el “peso” de nuestra conversación tengo que decirte: “Desde que salió el artículo en que hablabas y escribías de los-Tejares-; muchos amigos me han manifestado sus impresiones sobre ello, pues son mayores y los conocieron en pleno funcionamiento y tienen aún nostalgia de ello. Yo sé que tienes una “historia” de las tuyas, referida a otro-Tejar- Y pregunto ¿Por qué nunca la has contado?...

Es cierto amigo; pero es que ello ocurrió hace muchos años, allá por-1959- y andaba yo por –Aranda de Duero- con mí moto-LAMBRETTA- roja protagonista de variadas “odiseas”. En –Aranda de Duero-habitaba-Santos Cabestrero-, buena persona, pero temperamental  y “cabezón” con el que llegué a ser como-ALLEGADO-. Por aquel entonces yo era-Inspector de Seguros-de una importante Aseguradora y él nuestro agente en ese lugar de Burgos. Hacíamos base en un-Bar-Restaurante, donde además de que podías degustar un cordero al horno delicioso, se reunían los jugadores de futbol  del equipo local. También un grupo selecto de los muchos amigos de-Santos-.Puedo decir que todos ellos me habían acogido con cariño. Especialmente –Santos- y su hijo-Antonio- (tenía 9 hijos) de edad aproximada a la mía. Una tarde-noche los amigos de-Santos- decidieron que al día siguiente nos iríamos a cangrejos, pues en los ríos de-Burgos- entonces abundaban en demasía. Lo haríamos a bordo de dos coches (que hoy estarían en algún Museo), y regresaríamos al anochecer. Pero mí–ALLEGADO- que era “muy suyo” discrepó y soberbio les dijo a sus amigos: “De eso nada; Anselmo y yo nos vamos a otro río en la moto y os vais a enterar, ya que pescaremos  más cangrejos que vosotros”. Podéis suponer que su propuesta no me gustó nada en absoluto, pues algo me decía en mí interior que aquello que en principio era una excursión, podía terminar en tragedia; dado que dos “seres” humanos con la parafernalia de los pertrechos para la pesca de cangrejos y por caminos desconocidos en una modesta moto-LAMBRETA-… ¡no era de recibo y ni siquiera aconsejable el hacerlo!

Y… ¿Qué pasó?

Buena pregunta señor Manuel. Pero la respuesta es demasiado larga y no tenemos espacio ni tiempo para poder relatarla hoy; permítame y nuestros lectores también, que la segunda parte de este serial y su conclusión lo dejemos para la próxima semana. ¿Se  acuerda usted de aquellas novelas por entregas que tenían a los lectoras y lectoras impacientes e intrigados en recibir la nueva entrega?

¡Cómo no me voy acordar; si era el estar en un “sin vivir”!

PUES ESO.