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Sábado, 16 de enero de 2021

Adiós querido 2020

Pues sí, ya hemos dejado atrás a 2020 ¿y qué?  ¿Acaso por poner otro nombre al año que viene lo vamos hacer mejor? Por mucho que digamos que este año que acabamos de despedir, ha sido funesto, por mucho que le califiquemos de horrible, pandémico, catastrófico… si para el que entra no somos capaces de haber aprendido nada, de poco nos habrán servido tantas desgracias, y por supuesto de nada servirá que le cambiemos el nombre

A veces me da la sensación que cuando las cosas no marchan bien, culpabilizamos al mal tiempo, a las circunstancias, a lo horrible que ha sido el año… ¿Y nosotros, no tenemos responsabilidad alguna? ¿Qué somos, unas marionetas que danzan al ritmo que los tiempos nos marcan?

Es cierto que en este año que acabamos de dejar tras, han sucedido cosas muy malas, terribles, pero no es menos cierto que es un año de nuestras vidas, es un año en el que hemos sufrido, llorado, lamentado, a veces nos hemos desesperado, hemos perdido la ilusión y la hemos recuperado, para volverla a perder.  Hemos perdido la confianza en la sociedad, culpándola de no cumplir las normas y por lo tanto ser cómplice de los muchos males que nos han afectado. Hemos perdido la confianza en nosotros mismos. Hemos visto como muchos seres queridos se han marchado sin una mirada de despedida, sin una mano amiga que le acompañe en el último tramo de su viaje definitivo, hemos pasado largos días y eternas noches confinados entre las cuatro paredes de nuestras casas, disfrutado, como mucho, de unos minutos de recreo asomados a nuestros balcones, mirando al vecino, dirigiéndole una mirada cómplice indicándole que le entendemos, que no está sólo, que a su lado, pared con pared, hay otras personas que hasta ahora ni siquiera sabíamos de su existencia, que están ahí, a su lado, padeciendo los mismos males que él padece.

Todo eso y muchas cosas más las hemos vivido en este 2020 que se ha marchado para siempre, para siempre, y le despedimos con gran contento porque se ha ido. Tal vez las amarguras que a lo largo de sus días hemos padecido, nos impidan ver, que ese año, por muy malo que haya sido, es un año de nuestras vidas, un año en el que se nos ha olvidado vivir porque hemos luchado más para que los días pasaran rápidamente, que por vivirlos, días que al igual que el año, ya nunca volverán, días y año que tal vez, pasados muchos, muchos años, sea por el que otras generaciones nos recuerden.

A poco que nos fijemos, veremos que este año ha sido toda una vida comprimida en trescientos sesenta y cinco días. Ha sido un año en el que se ha podido vivir y morir, amar y odiar, esperar y desesperar, reír y llorar, un año en el que en pocos días hemos pasado de ser una sociedad solidaria y responsable a todo lo contrario, un año en el que hemos creído, por momentos, en nuestros políticos, para caernos pronto del burro y volver a la cruda realidad. Ha sido el año en el que los científicos, en tiempo récor, han descubierto la salvadora vacuna. Es un año en el que se abandonó a su suerte a los mayores, y luego, cuando las aguas empezaron volver a su cauce, se les ha reconocido sus muchos valores y la sociedad se volcó con ellos… Ha sido, en fin, un año en el que hemos vivido muchos años, por eso, creo, que no deberíamos despreciarle, alegrémonos de que los males, y el virus en especial, pasen pronto, alegrémonos de que la economía se recupere, alegrémonos de que la salud y la deseada “normalidad” vuelvan pronto a nosotros, pero no veo justificación para despreciar al pobre 2020, ese año que ha entrado en nuestras carnes y en nuestras vidas como ningún otro lo ha hecho hasta ahora.

Los más jóvenes os podéis permitir el lujo de despreciar un año, cuando, en teoría, os quedan muchos por vivir (ojalá que así sea) pero para los que ya  no somos tan jóvenes, es ese un lujo que no está a nuestro alcance. Un año es para alguno de nosotros, una porción muy importante de la vida que en teoría nos queda por vivir, por lo tanto no lo despreciemos. ¿Qué se ha ido? pues muy bien es ley de vida, pero despidámoslo con la alegría de haberlo superado, con la esperanza de que lo aprendido durante su reinado, nos sirva de cimientos para construir los que nos quedan por vivir, porque si lo consideramos un fracaso de nuestras vidas, si como se está repitiendo con tanta frecuencia, es una año para olvidar y lo borramos de nuestra mente, corremos el riesgo de no tener la “vacuna” con lo que combatir otro 2020, que ojala no regrese, pero es una posibilidad que no debemos descartar.

¡¡¡FELIZ 2021!!!