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Viernes, 26 de febrero de 2021

Tiempo de vacunas

            Recurro al diccionario de la RAE, para comprobar que está recogido el término ‘vacunación’, que ahora escuchamos de continuo, en el inició de tales prácticas sanitarias, para atajar la extensión del covid-19.

            Con tristeza, percibo cómo –ay, nuestro cainismo– se vuelven a utilizar las vacunas como pretexto para atizar esa guerra política que no cesa, esos ruido y furia con los que se nos castiga a diario. No todo vale, no. Pero, al contrario de lo que ocurre en otros países de nuestro entorno, aquí nunca ha habido, desde el pasado marzo hasta ahora mismo, actitudes solidarias y, en este caso, sí, también patrióticas (ya que se les llena la boca de continuo con tal término), de arrimar el hombro, de remar en la misma dirección, en bien de toda la sociedad.

            Porque el término de vacunados podemos tomarlo literalmente, y en este sentido es muy beneficioso para toda la sociedad el que se ponga freno a la infección del virus a través de las vacunas, vacunas que habría que facilitar no solo a los países y ciudadanos del primer mundo, sino también a los demás países y ciudadanos, con menos recursos y posibilidades.

            Pero también el término vacunados puede significar otras cosas, todas ellas pertinentes para el actual momento en que vivimos. Vacuna, vacunar, vacunación, vacunado… y todos los términos de tal familia léxica, están relacionados con la salud. Y, además de la salud física, a la que le damos tantas vueltas, está la salud moral.

            También tal tipo de salud se logra mediante otra clase de vacunas. Porque hemos de estar vacunados contra la intolerancia, contra el racismo, contra le xenofobia, contra todo tipo de exclusiones y rechazos de las personas, ya sea por motivos raciales y étnicos, sociales, religiosos, sexuales… y de todo tipo.

            De cuántos tipos de vacunas morales está necesitada una sociedad como la nuestra. ¿Estamos dispuestos a ponérnoslas, o practicamos una cínica actitud anti-vacunas, porque nos conviene, porque no queremos dejarnos de mirar el ombligo –como genialmente plasmara en una viñeta El Roto– y no estamos dispuestos a que los otros participen de nuestra excesiva tarta, de la que nunca nos vemos hartos?

            Tendría que ser un tiempo de vacunas, de tantos tipos de vacunas que desterraran los prejuicios y las sombras de entre nosotros, que aportaran luz, claridad, tolerancia, comprensión y aceptación de las perspectivas de los otros.

            Recuperar la salud física de todos es un desafío y un reto, para el logro del cual tendríamos todos que arrimar el hombro y desterrar cainismos seculares que siguen llegando hasta hoy y minando nuestra sociedad.

            Pero otro reto más grande es el de recuperar nuestra salud moral colectiva, la de una sociedad como la nuestra lastrada por corrupciones, por precariedades laborales, por dificultades de acceder a una vivienda digna, por imposibilidades de los jóvenes –tan preparados, en general– de acceder a empleos que merezcan la pena, por actitudes cerradas ante una inmigración que llama a la puerta…

            Tiempo de vacunas. Ay, si arrimáramos todos el hombro para recuperar no solo la salud física, sino también la moral, tan decisiva para que todos saliéramos adelante.