Los hombres grises y Atenea

    Los hombres grises municipales de Salamanca ponen un monumento al fútbol en la plaza del Liceo, ponen bancos enormes en una calle estrecha donde nadie quiere sentarse, pero no encuentran un local para el Ateneo de Salamanca. Esta ciudad tuvo un Ateneo, durante cuarenta años tenían un local en la calle Zamora. Después, por problemas económicos, tuvieron que dejarlo y ahora no saben dónde meterse.

    Negocian con el ayuntamiento desde hace cinco años y el ayuntamiento “tiene buena disposición” pero ¿qué coño significa esa frase? En Salamanca hay un montón de edificios vacíos, hay muchas plazas abandonadas, hay obras que no tendrán fin hasta el juicio final porque la desidia es la clave. Pero no encuentran un sitio para que haga sus actividades el Ateneo.

    Los Ateneos nacieron como lugares de inteligencia, de crítica, de cultura libre. Se encomendaron a Atenea igual que los museos se encomendaron a las Musas. Pero Atenea la brillante, la de la lucidez y las ocurrencias, la que ve lo que los poderes pretenden esconder, no interesa a los hombres grises. Más bien estorba a los hombres grises. Ni la última reencarnación de las diosas del saber en los ateneos les interesa lo más mínimo, ellos prefieren la mediocridad y no las diosas. Y mucho menos la cultura o la creatividad.

     Los hombres grises de este ayuntamiento espeso no quieren nada con diosas ni con cerebros libres. Para ellos está muy bien que el Ateneo no tenga donde reunirse. No vaya a ser que en una discusión sin tapujos dos intelectuales les señalan que llevan los calzoncillos demasiado grises. No, los hombres grises no quieren la inteligencia. Dicen que “tienen buena disposición” pero lo que tienen es una inercia infinita sin  vida.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR