Advertisement
Lunes, 25 de enero de 2021

50 años del mar de la Región Leonesa

El pasado 24 de noviembre la presa de Almendra cumplió 50 años desde su inauguración, acaecida en esa misma fecha del año 1970, cuando el entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, se acercó a la zona para poner en marcha el aprovechamiento eléctrico de la presa y dar por inaugurada esta infraestructura, la de más amplias dimensiones de Las Arribes y que puede considerarse el mar de la Región Leonesa, al no haber ninguna lámina de agua que le supere en dimensiones en la región.

Como no podía ser de otra manera, esta inauguración fue cubierta por el No-Do (de cuya afamada musiquilla, por cierto, era autor Manuel Parada De la Puente, natural de San Felices de los Gallegos), en cuya narración se cometía uno de los errores más repetidos sobre la presa, al denominarla “presa de la Almendra”, con un artículo que es especialmente habitual si vamos fuera de nuestra zona, donde se desconoce que es precisamente un pueblo salmantino contiguo a la presa, Almendra, el que da nombre al embalse, y no el fruto del almendro.

En cuanto a las características de la presa de Almendra, cabe destacar que es el embalse de España que posee una mayor altura, levantándose 202 metros desde sus cimientos, siendo la tercera presa en capacidad de embalsado del país, apenas superada por las presas de La Serena y Alcántara, ambas en Extremadura. Además, cabe destacar que la presa de Almendra supera en capacidad a los conocidos como “mar de Castilla” y “mar de Aragón”, esto es, los embalses de Buendía y Mequinenza, en Guadalajara y Zaragoza respectivamente, que son los siguientes en capacidad de España.

Asimismo, se ha de resaltar el hecho de que la central aparejada a la presa de Almendra, la central hidroeléctrica de Villarino de los Aires, es una de las de mayor producción de España, siendo superada, no obstante, por su hermana de Aldeadávila de la Ribera, que es la que posee el récord del país en este aspecto, produciendo por sí sola cerca del 10% de la energía hidroeléctrica de España.

En todo caso, la inauguración de la presa de Almendra y el salto de Villarino marcó un antes y un después para la zona, ya que la finalización de las obras supuso para Villarino de los Aires despertar de golpe de la burbuja que habían supuesto los años de la construcción de la presa y central en este municipio, que acogió a centenares de trabajadores en su seno, y para lo cual se construyeron los poblados de La Rachita y Santa Catalina, alcanzando en 1970 Villarino los 2.113 habitantes censados, muy por encima de los 796 habitantes que poseía el municipio en el censo de 2019.

Y otro tanto se podría decir de la localidad que da nombre a la presa, Almendra, que alcanzó un pico de 897 habitantes en 1970, y que en 2019 apenas contaba con 146. De hecho, si nos fijamos en la evolución demográfica de Almendra constatamos un perfecto ejemplo del impacto que supuso la construcción de la presa en la población. Así, el municipio pasó de 539 habitantes en 1960 a 897 en 1970, para bajar a 312 en 1981.

Sin embargo, este impacto demográfico positivo de la construcción de la presa de Almendra apenas se focalizó en las localidades de Villarino y Almendra, y no se reflejó en otras cercanas como Trabanca, Pereña o Monleras, que ya habían iniciado sin freno su proceso de pérdida de población. Asimismo, cabe destacar que la evolución de Villarino y Almendra en los años de la construcción de la presa y central siguió el mismo esquema dado previamente en Aldeadávila de la Ribera y Saucelle, que vieron crecer notablemente su población durante la construcción de sus saltos, en la década de 1960, para caer posteriormente (los habitantes en los censos de 1950, 1960 y 1970 eran, en el caso de Saucelle, 903, 1.630 y 815, mientras en Aldeadávila eran 2.056, 3.388 y 1.965).

Por otro lado, cabe destacar la gran obra de ingeniería que supone la presa de Almendra, no sólo por sus enormes dimensiones, sino también por peculiaridades como la existencia de un tubo subterráneo de 15 kilómetros de longitud, que posibilita tanto una mayor altura de salto en Villarino, como poder bombear agua del Duero para recargar la presa de Almendra una vez que ésta ha producido luz, aprovechando las horas de baja demanda. Asimismo, este tubo de flujo reversible permite a la presa de Almendra poder actuar de contenedor de parte de las aguas del Duero de darse una crecida en éste, minimizando el riesgo de colapso de la cercana presa de Aldeadávila.

No obstante, como parte negativa de su construcción cabe mencionar tanto los trabajadores fallecidos en la construcción de la presa y central, como la propia desaparición bajo las aguas de la localidad de Argusino, que contaba con casi 400 habitantes antes de construirse la presa, además de la pérdida de una enorme cantidad de pastos que por su ubicación junto al Tormes eran especialmente fértiles.

Asimismo, no habría que olvidarse del incumplimiento por parte de la constructora de realizar un puente a mitad de presa entre las orillas zamorana y salmantina de la misma, sin que se haya tenido el más mínimo interés posteriormente por parte ya sea de Iberdrola, como de Junta o Estado, de recuperar con dicho puente una parte de las conexiones entre Sayago y las comarcas de Ledesma y Vitigudino que rompió la presa de Almendra.

Y es que, actualmente se da una incomunicación de 42 kilómetros entre las vertientes zamorana y salmantina de la presa, la cual podría reducirse a la mitad si se quisiese aprovechar el estrechamiento existente en el embalse entre Carbellino y Villaseco de los Reyes. De este modo, podría aprovecharse la geografía de la zona para reconectar ambas orillas en este punto, lo que además acortaría la distancia por carretera entre Vitigudino y Zamora, que se vería reducida a unos 85 kilómetros.

En todo caso, a partir de ahora cada vez que crucemos hacia Fermoselle o Bermillo por la presa de Almendra, lo haremos ya sobre una infraestructura con más de medio siglo de vida desde su inauguración, y posiblemente, cuando encendamos la televisión o la luz de nuestro dormitorio, estaremos aprovechando los frutos del trabajo de todos aquellos que se esforzaron por erigir una presa y una central hoy medio-centenarias, algunos de los cuales se dejaron incluso la vida en ello, mientras otros sacrificaron la propia existencia de su pueblo, Argusino, gracias a cuyo sacrificio hoy tenemos luz para encender el ordenador o agua con la que lavarnos los dientes. Y es que el esfuerzo y el sacrificio de unos pocos hace medio siglo, es hoy semilla de bienestar para todos.