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Viernes, 26 de febrero de 2021

Navidad en la casa

Es el tiempo de las ramas de acebo, el rojo intenso de la alegría, el brillo cristalino de lo eterno

El paso del fotógrafo se acompasa con la casa mientras la ciudad se recoge para festejar la fiesta íntima, la celebración guardada entre los muros de ese hogar cálido y amable que pone la mesa con el delicado pliegue del mantel almidonado, coloca el cristal de lo bello en el ángulo de la luz, abrillanta los cubiertos y dispone la comida, ritual amable y compartido. 

El objetivo del fotógrafo se hace íntimo y cercano, acariciador y dulcísimo. Amontona los aperos de la casa, las fuentes inagotables, el cuidado y el esmero. Es un tiempo de alegría compartida, gustada y sentida a la mesa de los pocos que nos dejan. De los íntimos que nos acompañan, de los niños que esperan, de los adornos que brillan y de las viandas que se ofrecen. Es el tiempo de las ramas de acebo, el rojo intenso de la alegría, el brillo cristalino de lo eterno. Y las calles se vacían y las mesas guardan la geometría de los que amamos mientras se disponen las sillas donde alguien falta con dolorosa ausencia temprana. Son tiempos de faltas, de hospital que nos recuerda que somos mortales, frágiles y sin embargo, imprescindibles en ese recuento amoroso de los que contamos con los dedos. 


Guarda el fotógrafo el orden amontonado de los escaparates, de los objetos, de aquello que nos hace más humanos. Y la mesa y la silla se colocan para detener su paso, para fijar su mirada siempre peripatética, hoy demorada en la mesa, el juguete, el regalo, el rayo limpio del cristal recién abrillantado. Tiene el fotógrafo hoy la lente quieta, el paso detenido, el obturador cerrado. Y se sienta a la mesa de todos para plegar la vela del mantel, el vuelo de lo bueno, la gracia de lo amado. 

Y es la última imagen antes de la cena un remedo de felicidad para todos los que amamos. Un recuerdo para felicitar las fiestas y festejar el nacimiento, el renacer y el afecto. La ciudad se repliega, íntima y familiar… y la mirada de Amador Martín dibuja el instante feliz de la luz compartida que nos ilumina a todos. El itinerario del corazón regresa a la casa, camino del nido donde celebrar el rito. Luz renacida. 

Amador Martín, Charo Alonso.