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Jueves, 21 de enero de 2021

Hizo de la educación una patria lejos de su patria: Johan Leuridan Huys en Perú

Johan Leuridan recibiendo el reconocimiento de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Decana de América

 

En pocos días se jubila en Lima, tras una dilatada carrera como profesor y gestor universitario, Johan Leuridan Huys, filósofo, educador, teólogo y editor belga que ha dejado una invaluable impronta en la educación superior de mi país natal. No lo digo yo, pues se podría cuestionar que mis afectos hacia él me hacen encomiar su labor más allá de lo razonable: el propio Ministerio de Educación le otorgó su máxima distinción, las Palmas Magisteriales del Perú; la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) lo distinguió con el grado de Doctor Honoris Causa; el Congreso de la República hizo lo propio al concederle el Grado de Comendador…

 

Johan Leuridan y el maestro Alfonso Ortega Carmona, a la derecha (foto de A. P. Alencart, Lima, 1996)

 

Extenso sería enumerar los reconocimientos que ha recibido a lo largo de más de cuatro décadas este ciudadano de Amberes y de Lima, pero estimo que su mayor logro ha sido el formar a varios miles de periodistas, psicólogos y expertos en turismo y hostelería, desde su condición de decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Hostelería y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres (USMP), facultad que levantó casi de la nada hasta convertirla en referencia internacional, como también lo son los libros de gastronomía peruana que ha editado y por los cuales en 2005 fue elegido, por la Gourmand World Cookbook Award, como mejor editor de Libros de Gastronomía del Mundo (Orebro, Suecia). La misma entidad le concedió el premio Best of the Best 2005-2015, “ratificando su liderazgo mundial durante los últimos 20 años en la difusión de prestigiosas obras que muestran al mundo la riqueza de la cocina peruana”. Y luego están sus muchos ensayos, sus libros… De estos bastaría resaltar el último publicado, de calado filosófico y educativo: “El sentido de las dimensiones éticas de la vida”.

 

 

Conozco a Johan Leuridan Huys desde 1986, cuando fue mi profesor de Metodología de la Investigación Jurídica en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres. Empezaba yo los seis años de dicha carrera. Después he mantenido una relación continua, la misma que se ha convertido en respetuosa amistad. Así, cada retorno que hacía a mi Perú natal, de tanto en tanto, una cita ineludible (y esperada) era el compartir mesa con este belga que hizo de la educación una patria lejos de su patria, como anoto en el poema inédito que les dejo conocer. También ahora vuelvo a publicar el poema Johan vuelve a Antwerpen y contempla la desembocadura del escalda”, el cual lo escribí hace más de una década y se publicó por vez primera en 2015, en el libro “Los éxodos, los exilios”, publicado por mi Alma Mater sanmartiniana.

 

Él en Perú; yo en España. Los dos en la Universidad…

Me alegra su merecida jubilación…

 

Johan Leuridan Huys en la Universidad Pontifica de Salamanca (1994, foto de A. P. Alencart)

 

JOHAN LEURIDAN

 

Su esfuerzo está en pie

porque alcanzó

hacerse tabla de la ley,

pasión que no

flaquea.

 

Momentos como éste,

de retiro,

convocan gratitudes

hacia el hombre

que hizo de la educación

una patria

lejos de su patria.

 

Ahora días nuevos

le saludan, reflexiones

hacia adentro

doblemente verdaderas,

mientras sigue

su camino por un parque

de Lima.

 

He aquí Johan Leuridan,

sin ningún desmayo.

 

Salamanca, diciembre de 2020

 

 Portada de Los éxodos, los exilios, de A. P. Alencart

 

JOHAN VUELVE A ANTWERPEN Y CONTEMPLA

LA DESEMBOCADURA DEL ESCALDA

 

Se puede orar felizmente a Cristo

sentado frente a las aguas del Escalda, si

previamente se pasó por la iglesia de San Pablo

para abrazar a los hermanos en la fe

y atisbar, una y otra vez, las pinceladas

de los paisanos Rubens y Jordaens.

 

Se puede sentir cómo laten la geología

y la genealogía flamenca, en paz ya

los ojos brillosos con el viejo cielo

de las lluvias melancólicas

que llegan desde Oostvlaanderen.

 

Se puede quedar mudo

de tanto escuchar la lengua de la infancia

hablada con júbilo por estibadores

venidos de Merksem, Hoboken o Berchem,

hombres como aquellos que antes

descargaban la plata llegada de América.

 

Se puede renacer desde el éxodo:

basta con sentarse a orillas del Escalda

y arrinconar todo crepúsculo

que quiera retratar como lejana

esta patria habitada

todos los días del mundo.

 

Larga es la oración que consuela

ante las neblinas de la separación. Pero

se puede luchar como nadie

para que el pálpito de la sangre

vaya y vuelva con el viento del mar.

 

Se puede cosechar lo que se siembra,

pues los frutos siempre tienen por destino

la vuelta del hijo a los predios del Padre.

 

Amberes y el río Escalda al fondo