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Lunes, 25 de enero de 2021

Sueñan las ventanas de la ciudad con bailarinas

         Quisieron los artesanos, los escultores de los años 20 y 30, recuperar la tradición griega de trabajar el marfil y el oro que se sustituiría por el bronce

Manuel Ramos Andrade, el anticuario originario de Navasfrías, había juntado su insuperable colección de 121 piezas absolutamente perfectas en su factura

         Tiene el fotógrafo querencia por las ventanas quietas de la ciudad. Se asoman a su objetivo los ojos sin párpado de los escaparates, la disposición cuidadosa de sus tesoros, la belleza de sus dones. Rebosa el cristal la magia de lo que no tenemos y nuestra mirada se prende de la luz de lo que deseamos. Y el fotógrafo parpadea buscando la geometría exquisita del escaparate.

         Recuerdo al maestro H.S. Tomé, fotógrafo insigne, cuyo trabajo de escaparatista sabía de la sabia disposición de aquello que atrae al visitante. Telas y caídas sobre el maniquí ciego que nos mira, paseantes absortos en nuestra prisa. La cuidadosa forma de componer la imagen, su encuadre acertadísimo, eran uno de los magistrales conocimientos de un hombre que bien sabía de la belleza y que llamaba a Amador, compañero de la historia de la fotografía salmantina, el fotógrafo de la luz. Tomé, cuya presencia añoramos y a la vez sentimos próxima, bien sabía de la magia de un escaparate bien dispuesto a la mirada de aquel que pasa sin reparar en nada. Ojo que atrae con la elocuencia de su cuidada disposición.

         Y tiene también el fotógrafo querencia por aquella que escribe sus paseos por una Salamanca comercial que tanta belleza atesora en sus pupilas fijas de escaparates. Y porque me la tiene y demuestra, se detiene en la calle Prior, el pasillo estrecho que nos prepara para la grandeza de la Plaza, para regalarme la mirada de Lis, vuelo de bailarinas al son del jazz de los años 20 y 30. Amador Martín sabe de mi amor de criselefantina, de mi deseo de equilibrio y ligereza… y su objetivo se apresta a captar el movimiento que, sobre la peana de mármol u ónice, despliega la criselefantina escapada de la Casa Lis, Museo Art Déco y Art Nouveau para bailar sobre los mortales que quieren llevarse a casa una réplica magnífica de su danza.

         Quisieron los artesanos, los escultores de los años 20 y 30, recuperar la tradición griega de trabajar el marfil y el oro que se sustituiría por el bronce cuando la moda de las esculturas de mujeres altivas, delicadas y flotantes, llenó el imaginario europeo de bailarinas exóticas, damas emancipadas, danzantes de los ballets rusos. De brazos, dedos y rostros delicados tallados con el marfil que ahora prohibimos, las figuras, prodigio de equilibrio sobre su peana, llamadas criselefantinas, eran piezas magníficas de delicada factura. Piezas que tuvieron su momento de gloria, su olvido y después, en un quiebro del destino tan alado como su gracia, se convirtieron en objeto de deseo y búsqueda cuando ya Manuel Ramos Andrade, el anticuario originario de Navasfrías, había juntado su insuperable colección de 121 piezas absolutamente perfectas en su factura. Un empeño genial ofrecido como un regalo a la ciudad de Salamanca donde se exhibe la que es, probablemente, la colección más completa del mundo de esta manifestación tan propia de unos tiempos en los que la mujer adquirió protagonismo y la belleza inundó la vida cotidiana.


         Exhiben su belleza las piezas originales en el museo del que tan orgullosos estamos en la ciudad letrada, la ciudad de piedra que se deja engalanar con la joya modernista del edificio y la colección que alberga La Casa Lis. Sin embargo, el aire de su vuelo se posa cerca de la Plaza Mayor para llenar de gracia uno de los escaparates que nos recuerda que la belleza nos sale al paso y nos acompaña hasta la casa. Las ventanas de la ciudad, plenas de tesoros al alcance o no de nuestras posibilidades, son el atisbo sugerente de aquello que nos hará más felices y más bellos; aquello que nos acompañará a nuestro lado poniéndole un hálito mágico al paso de los días. El ejercicio de la adquisición de lo bello es tan hermoso… se inicia con una sola mirada en la calle heladora de un invierno que nos devuelve los silencios, la quietud de una pandemia que vacía la Salamanca comercial que, sin embargo, sigue engalanada para nuestros ojos. Y son los escaparates con su ofrecimiento, su hermosa dispositio invitadora, los que nos miran, nos muestran la belleza de sus dones. Bailarina que sobrevuela el escenario dispuesto al goce de la mirada, recuerdo de un tiempo en el que lo hermoso iluminaba la vida cotidiana. Es el anhelo de bello que nos hace humanos.

         Y el fotógrafo, atento a las ventanas abiertas al paso de los transeúntes, se deja fascinar, seducir por los cantos de sirena de los escaparates, espacio concebido para atraer su objetivo siempre presto a la ciudad entera, aquella que tiene ventanas donde observar el eco bellísimo de las piezas únicas, la réplica delicada, la danza de lo eterno. Y como bien sabe de mi gusto y de mi ansia de bailarina… me ofrece, como un regalo, el parpadeo del movimiento. Siempre Lis, anhelo de lo que amamos y nos evoca la belleza que baila detenida en el tiempo.

Amador Martín, Charo Alonso.